domingo, 21 de enero de 2018

¿Qué sería de Millenium sin Lisbeth Salander? ¿Trama o personaje?


Por Noelia Santarén

No pensaba leer la saga Millennium. No por nada, simplemente no me llamaba la atención. Una amiga me pasó el primer volumen, hace mil años, y yo le dije que no quería leerla. No por nada, como he dicho. Pero ella, que me conocía, sabía perfectamente que ponerme un libro debajo de la nariz es como darle una zanahoria a un burro.  Además, añadió que una de las protagonistas le recordaba mucho a mí. Así que piqué y me llevé el libro a casa, sintiéndome muy burra, lo confieso. Lo abrí y leí, sin ganas, la primera página, para ver qué era aquella historia que estaba revolucionando el género negro nórdico. Al cabo de poco, me encontré dentro de mi cama arañando minutos al tiempo y hojas al libro. Me daban las dos de la madrugada leyendo. Cuando ya llevaba varios días de este modo y a punto de convertirme en un zombie andante -pues madrugaba mucho para ir a trabajar-, me pregunté ¿por qué te engancha esta novela? Y, por encima de todas las respuestas, había una que se dejaba oír con más claridad que las otras: Lisbeth Salander. Era la respuesta más corta y, como la propia Lisbeth, la más fuerte y potente.

Sí, amigos, Millennium tiene muchos aspectos que enganchan, una buena historia, una trama suculenta, personajes que atraen, ritmo trepidante, qué puedo decir a estas alturas que no se haya dicho ya…, pero Lisbeth se alza por encima de todo ello agenciándose el título de dueña. Porqué descubrí que si leía hasta altas horas de la noche era para descubrir cuál sería el próximo movimiento de Lisbeth: ¿sería la cabeza pensante - ¡eso por supuesto! - de otro golpe de efecto o haría una de sus muchas «Lisbethadas» que tanto nos gustan? Sea como fuere, esto me lleva a pensar en el inagotable tema de los héroes -heroínas en este caso- y en el siempre activo estira y afloja de ¿trama o personaje? Y, como soy yo la que escribe, me mojo y opino: siempre voy a decantar la balanza a favor del personaje. Para mí no hay trama posible si no me engancha un personaje. Es así, sin más. He leído innumerables novelas cuyas tramas, estilos o ritmos dejaban mucho que desear y, no obstante, estaban surtidas con unos personajes inolvidables. Y permitidme recordad que para gustos los colores. Como he dicho, me mojo: la saga de la inspectora Hanne Wilhemsem es un ejemplo, con un más que buen puñado de novelas a su favor, muchas de las cuales son, con perdón, aburridísimas, pero ella resiste sin decaer -para mí, claro, pero ya hablaremos de Hanne en otro momento y más detalladamente. En cambio, las novelas con muy buena trama y personajes vacíos no duran ni cincuenta páginas en mis manos. Hace años era de las que le costaba un esfuerzo tremendo abandonar un libro, pero me he hecho vieja y práctica; ahora mi tiempo es muy preciado y corto cabezas donde haga falta -bueno, páginas. Repito, no me interesa la trama sin un buen personaje. Un ejemplo contrario sería las novelas de Agatha Christie en las que sale -y pido disculpas ante lo que voy a decir, es una simple opinión- el pizpireta Hércules Poirot. Me encanta Agatha y la evito si está Poirot. Como he dicho, para gustos los colores.
La Valentina Negro de Crímenes exquisitos -y posteriores-, es un personaje que me gusta y me cae muy simpático, pero con el que no consigo establecer feeling, pese a pertenecer a una de las novelas de género negrocriminal que más me han sorprendido en los últimos años y que recomiendo fervorosamente para pasar un muy buen rato. Buena trama y buen personaje, pero Valentina no me dice todo lo que me gustaría que me dijera. Seguramente a ti sí. Por lo tanto, veamos, ¿qué es para mí un buen personaje? Creo que todos estaremos de acuerdo en que la primera condición necesaria para que un personaje sea bueno es que no sea plano. Puede ser estereotipado, pero si es tridimensional, dotado de un conflicto interno y de una posible evolución, vale. A partir de esta primera condición, las demás vienen dictadas por las necesidades de cada lector. En mi caso, me atraen sobremanera los personajes misteriosos, inteligentes e introspectivos. Si están perturbados por un pasado duro y complejo, mejor que mejor. Y adoro que sean llevados al límite, arrastrados hacia los bordes de su existencia…, sí, soy muy mala, pero es que es sólo en ese momento cuando veo realmente la esencia del personaje. ¿Lisbeth?, es un ejemplo, por supuesto. Al fin y al cabo, abrir un libro es empezar una relación y, como todas las relaciones, conlleva un desgaste emocional -ya sea positivo o negativo. Al leer Millennium yo inicié una relación con Mikael, con Erika y con Lisbeth. Sorprende gratamente cuando descubrimos que una lectura nos rompe los moldes y nos relacionamos con alguien con quien nunca hubiéramos apostado… es la magia de la lectura, amigos. Bien. Inicié una relación con Lisbeth en toda regla. Lo bueno que tienen los personajes -los de verdad, aquellos que te parece ver paseando por el comedor de tu casa- es que te arrastran con ellos. Por eso hablo de desgaste emocional. Si un personaje me incita a que aprenda algo de mi personalidad, lo que sea, me quito el sombrero.
Lisbeth me enseñó muchas cosas. Porque todo va de reflejos, chicos, nos vemos reflejados en los ojos y en los actos de los demás. ¿Te atrae siempre un mismo perfil de personaje?, ¿ese personaje define una virtud o un defecto que tal vez escondes?

Lisbeth engancha… porque no puedes adelantarte a sus movimientos. Tiene una mente tan compleja y una estructura emocional tan perturbada que hacen de ella una máquina generadora de suspense. ¿Qué hará?, ¿cómo piensa? Quien lo sabe…, lo único que podemos hacer es seguir leyendo para descubrirla. Su pasado y su sentido de la justicia hacen que el lector empatice con ella. Lisbeth se nos gana al poco de conocerla y sus extravagancias no hacen sino añadirle matices a su personalidad.

Chicos, ¿qué sería la saga Millennium sin el personaje de Lisbeth? Pues seguramente un huevo frito sin yema. ¿Qué dices?, ¿no lo ves así?, pues me encanta, esa es otra de las magias de la lectura..., el poder debatir con otros lectores ;-)

Por cierto, no he revelado a qué personaje de Millennium decía mi amiga que me parezco, pero podéis estar seguros de que a ninguno en absoluto.

No por nada.


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