domingo, 26 de octubre de 2008

Los caballos de los dioses


Hacía tiempo que le había prometido aquel viaje a su hijo.

Un gran ferry los desembarcó en una pequeña isla. Tendrían cuatro días para relajarse con los bellos parajes.

Después de comer, padre e hijo se decidieron a subir a la cima de la pequeña montaña centro de la isla.

Un robusto árbol ejercía de geodésico y daba vida a la montaña que se encontraba desierta de vegetación desde su base.

La pareja reposó sus espaldas en el tronco del árbol.

Paz, paz era la mejor palabra que se podía elegir para describir aquel momento y así lo sintieron los dos con su profunda e intensa respiración.

Las vistosas y coloridas cintas que colgaban del árbol despertaron curiosidad en el niño:

-¿Porqué están esas cintas colgadas del árbol, papa?

-¿Sabes?, yo me pregunté lo mismo la primera vez que pisé esta isla.

-¿Ya habías venido antes?

-Sí, hace muchos años.

-¿Con mamá?

-Sí, con mamá.

Se tomaron unos segundos de pausa.

-¿Y preguntaste por las cintas?

-Sí, lo hice.

-¿Y qué explicación te dieron?

-Me dijeron que colgaban cintas de los árboles porque tenían la creencia que los dioses ataban sus caballos a los árboles. De esa forma, al colgar ellos las cintas, intentaban provocar que los dioses escogieran ese árbol ya que al tener las cintas no tendrían tantos esfuerzos para atarlos.

-¿Y para qué quieren los caballos de los dioses?

-Es una forma de ponerse en contacto con ellos. También una forma de pedir fortuna, suerte, esperanza, buenaventuraza.

-Ah, ya entiendo.

Permanecieron allí quince minutos más, en silencio, observando el lento devenir de la vida en la isla.

-Es hora de volver –le dijo el padre al hijo. Y se levantó.

El hijo mientras tanto, se iba quitando el cordón de la zapatilla de deporte. El padre extrañado le preguntó:

-¿Te aprieta?

-No –y se levantó de un ágil salto. Se acercó al árbol, del que estiró una rama, la más baja, y ató el cordón.

El padre lo observaba en silencio.

-Ya, ya podemos irnos –le dijo sonriendo al padre.

-¿Y el cordón? –no pudo dejar de preguntar el padre.

-Intento que los dioses dejen aquí un caballo, y a ser posible que en el vaya subida mamá.



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