sábado, 18 de octubre de 2008

Mundo enfermo

La lluvia, portadora antaño de alegría, se está convirtiendo en un enemigo más.

No ha sabido controlar sus impulsos, aplicando una fuerza desmesurada al no estar acostumbrada a las disociadas batallas. Son los daños colaterales que debemos de sufrir por el bien preciado; un bajo precio por nuestra arrogancia con el medio.

Es la lluvia lo que vemos, pero no el problema. Como los frecuentes huracanes, son simples radiografías de un mundo enfermo, pero no el problema por más que algunos lo entiendan así, o nos lo quieran hacer entender.

Y la lluvia sigue golpeando las calles, despertando a los ratones que no saben donde esconderse, martilleando las flores dañando sus brillantes vestidos, asustando a los gatos que ya no se preocupan por los perros.

Y tras la ventana un rostro, miles de rostros, como si con ellos no fuera la cosa.

Que equivocados que están.

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