martes, 4 de noviembre de 2008

El rincón de los libros encontrados (II)

Aquella tarde hacía una semana que el abuelo no explicaba cuentos a Andreu; era el momento de sentarse y contestar a la pregunta.

Andreu llegó con suma rapidez, incluso dejó a sus amigos con la palabra en los labios. Tan sólo les dijo que tenía muchas cosas que hacer y que eran demasiado importantes para llegar tarde.

-¡Buenas tardes abuelo! –gritó con alegría al entrar.

-Buenas tardes Andreu. ¿Qué tal te ha ido el día?

-Muy bien.

-Me alegro.

-Ya a pasado una semana –dijo Andreu impaciente.

-Sí.

-Entonces, hoy me explicaras una historia.

-Ya veremos, pero antes tienes que merendar.

Andreu tiró la maleta sobre el sofá y casi corriendo se dirigió a la cocina. El abuelo continuó escribiendo:

Un majestuoso eucalipto de múltiples brazos me saludó. Quedé un poco impresionada. Debía ser milenario. Su tronco, su cuello y su larga cabellera me transportaron en un viaje fugaz hasta el infinito cielo.

Suspiré profundamente y observé que no había ni resto de vegetación bajo su radio de acción. Sólo muerte.”

-Ya está abuelo. Ya tengo la tripa llena.

El abuelo dejó de escribir y le dijo:

-Pues sentémonos en el sofá que estaremos más cómodos.

Andreu se sentó de un salto; al abuelo le costó un poco más:

-Maldito espalda –se quejó al sentarse el abuelo.

-¿Te duele otra vez?

-Sí hijo. Seguro que mañana llueve.

-Seguro. Tu espalda es mejor haciendo predicciones que el hombre del tiempo.

-Y que lo diga. Pero dejemos de hablar de mi espalda. ¿Has reflexionado sobre el amor que me procesas?

-Sí.

-¿Y a qué conclusión has llegado?

-¿Te lo digo si me explicas de qué va lo que estás escribiendo con tanta dedicación estos últimos meses?

-No es que no te lo quiera contar, pero creo que deberás esperar a que acabe de escribirla. Tengo la firme convicción que no se debe hablar de la trama de una historia si antes no se ha concluido.

-¿Y eso? ¿Es qué crees en maleficios y esas cosas?

-Hombre, llamarlo maleficio no sé si sería lo más apropiado, pero algo así.

-Jajajajaja –rieron los dos.

-No me esperaba una respuesta así, abuelo.

-Nunca habíamos hablado del tema.

-¿Y te falta mucho para acabar? –le preguntó Andreu con los ojos abiertos como platos.

-No mucho.

.¿Y eso cómo se puede saber?

-Es fácil y difícil a la vez, pero la cuestión principal es que tú dominas a los personajes, aunque algunas veces ellos te intenten dominar a ti.

-¿Sueñas con ellos? –le interrumpió interesado.

-Sí, a veces. Incluso he comido, cenado y paseado con ellos.

-¡Guau! –exclamó -. Tiene que ser fantástico eso de escribir.

-Sí, lo es.

-¿Me enseñaras a hacerlo?

-Cuando quieras.

-¿Hoy mismo?

-Hoy no puede ser. Ya que para poder escribir se tiene que haber leído mucho antes.

-Yo leeré mucho. Te lo prometo. –Promesa que hizo sonreír al abuelo. -¿Podré empezar por la que estás acabando? –siguió preguntando casi nervioso.

-No sé. Lo tendré que pensar. Quizás debas comenzar por otro tipo de lecturas.

-Pero nosotros no tenemos demasiados libros, y lo que hay son casi todos de mamá. Sólo leyendo los títulos me quedo dormido.

-Jajajajaja –volvieron a reír a dúo.

-En casa tenemos muchos libros lo que no están a la vista de los demás. Están, digamos que escondidos. Ni siquiera tu madre sabe donde se encuentran.

-¿Ni mamá?

-No.

-¿Es cómo un tesoro? ¿Y me los enseñarás a mí? –enlazó las preguntas nervioso.

-Sí es como un tesoro. Y sí, te lo enseñaré, pero en su momento.

-Sabes abuelo, después de pensarlo mucho durante esta semana, he llegado a lo conclusión que con historias o sin historias te quiero igual. –Y se abrazaron como no lo habían hecho antes. Al abuelo casi se le saltaban las lágrimas de la emoción del momento.

El rincón de los libros encontrados iba a recibir la visita de Andreu, si los acontecimientos no sé precipitaban antes. El abuelo era consciente de ello y por eso cada día se iba más tarde a dormir para poder acabar su última novela: Bajo el eucalipto.

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