martes, 18 de noviembre de 2008

Ojos



Ojos. Pozos de los deseos. Fosas de la ilusión.

Donde yo me reflejé para que pudieras sentir que estaba cerca de ti, para que pudieras soñar con un mañana mejor, para que pudiéramos compartir los momentos buenos y sobre todo los malos.
Esos ojos que son testigos de todos los días que llevamos juntos, unidos al principio por un finísimo hilo y que poco a poco se ha ido enmarañando para crear la complicidad.
No ha sido fácil el camino a recorrer, pero desde el primer momento comprendimos que el uno podía estar junto al otro, sin miedo a cerrar los ojos.

No son ojos porque los ves. Son ojos porque te miran.

Recuerdo un día que no sabía como consolarte. No querías ni siquiera mirarme. Repetías una y otra vez que no sabías lo que te pasaba. Yo te repetía que estaba allí, contigo, e intentaba que tus ojos se encontraran con los míos, pero entendí que necesitabas tiempo, espacio, desahogo, pero mis ojos no se separaron de ti aunque tú no los vieras.

Cañería de lágrimas. Desagües de las risas. Cortinas de los pecados. Vendas de las heridas.

Y es que a veces parece tan fácil, cerrar los ojos, ponerse una venda y continuar hacía delante como si tal cosa, pero no lo es cuando el corazón se siente sólo, tirado en el frío suelo como si fuera un muñeco roto.

De noche mas de tres mil. De día uno grande y solo

Así te sentiste tú. Observada en la cerrada noche y sin fuerzas para poder gritar, para poder pedir auxilio.

Más grande la pena que sientes al cerrarse para siempre.

Y llegaste a pensar que ese podría ser tú fin.

Medidas del dolor. De nuevo caen gotas del cielo. Vuelve Dios a llorar.

Y esa lluvia fue la que te refresco la cara, las magulladas del corazón, las heridas del alma. Fue esa lluvia la que te dio fuerzas para levantarte, llegar hasta casa y casi sin fuerzas tocar la puerta.

No los cierres esta noche que quiero conocer el mar.

No sabes lo que llegué a asustarme. Te abracé con desmesurada fuerza y tú me rechazaste. Por suerte comprendí que no era eso lo que necesitabas, sino descansar, cerrar los ojos y soñar con un nuevo mañana acolchada entre un suave oleaje.

No son ojos porque los ves. Son ojos porque te miran.

Y estuve toda la noche sentado al borde de la cama, cogiéndote la mano, casi sin parpadear, para que pudieras sentir el calor de mi mirada. Tenía miedo a cerrarlos y que tú los abrieras y te sintieras de nuevo sola.

Dime de que color son los de quien tienes al lado, del último con el que has soñado, del que anoche te besó.

Blancos besos los que te di al salir el sol. Tiernos besos los que soñé durante la noche. Necesitaba decirte que podías contar conmigo, que te ayudaría a salir del pozo, a comenzar una nueva historia, una nueva vida. Que no tenía miedo a emprender la marcha, fuera al ritmo que fuera, pues mi espíritu peregrino sabe que uno de debe amoldar al ritmo del más lento.

Miedo todo lo que ves y vio.

Fue un largo camino, un sendero que recorrimos juntos, y mientras lo hacíamos nos preguntábamos de que color son los ojos de Dios mientras caían lagrimas contra el viento, médico del enfermo, amante de amante.

Y nos miramos a los ojos y nos procesamos puro amor, blanco amor, amor por amor.

No son ojos porque los ves. Son ojos porque te miran.


Canción Ojos de grupo Los Suaves
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