domingo, 22 de noviembre de 2009

Tan cerca y tan lejos a la vez



El móvil ha sonado y he podido sentir tu voz que ha llenado mis pulmones de aire fresco durante unos minutos y ha hecho menguar mi añoranza por no estar a tu lado, por no poder verte, por no poder cogerte de la mano, por no poder besarte, mesarte el pelo, mirarte a los ojos y bañarme en tu labios mientras disfruto de la belleza de tu sonrisa.
Irremediablemente has tenido que colgar. Durante unos segundos mi corazón ha seguido contento porque has aprovechado la oportunidad para decirme: “te quiero”, pero pasados esos segundos, mi gesto ha cambiado de la sonrisa a la tristeza como cuando nos despedimos al dejarte en casa. Unas lágrimas han resbalado por mi corazón y mis pulmones se han llenado de fuego. No me gustan las despedidas y mucho menos si tú eres la protagonista.

Tan cerca y tan lejos a la vez.

No sé que definición darle a lo que siento cuando estoy separado de ti. Es como un desgarro interior con una única cura: tú. Creo que la mejor definición es: amor. ¿Es eso lo que provoca el amor? Y cuantos más días pasan más grande se hace lo que siento y más dura es la espera. Pero no temas. Soy fuerte, muy fuerte y te quiero tanto que cada vez me hago más fuerte, aunque a veces, como hoy, como todos los días que estoy lejos de ti, me flaquean las piernas y busco mil y una forma de hacer que el tiempo pase, que pase, que pase y vuelva a pasar, para poder estar a tu lado de una vez por todas, para siempre y para la eternidad, a tu lado.

Tan cerca y tan lejos a la vez.

Nunca pude pensar que sentir un vacío tan grande en el corazón fuera sinónimo de amor, pero cuanto más lo vivo más cuenta me doy que es así. Y es que cuando estás conmigo provocas que no haya ni un resquicio que pueda ser ocupado por nada ni nadie en mi latiente músculo de vida. Con tu sola mirada haces que se despierte en mí todos los placeres de la vida. Es una sensación tan divina que los mismos dioses tienen que estar celosos de lo que siento.

Tan cerca y tan lejos a la vez.

Quizás más que un vacío es un encogimiento. Siento como el corazón oprime con fuerza mi pecho y lucha por latir como lo hace cuando estoy junto a ti.
Intento imaginar todas aquellas cosas que haremos juntos y eso hace que pueda sosegarme un poco.

¿Ha sido un día bueno?, me has preguntado.
No lo puede ser si tú no estás a mi lado, no ya de pensamiento, que sé que lo estás como yo lo estoy, si no físicamente y sabiendo que cuando toquen las doce no tendrás que salir corriendo sin que tu quieras hacerlo y yo me convierta en calabaza.
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