sábado, 28 de febrero de 2009

Las horas ya no cuentan

Como últimamente os tengo un poco avandonados, no por gusto, hoy he querido recuperar un pequeño relato que escribir en enero del año pasado.
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Fue un impulso incontrolado. Tiró la radio contra la pared al oír la noticia. ¿Cómo podía ser cierto?

Se habían hecho miles de películas sobre el tema, se habían escrito infinidades de libros, pero todo era farsa, pura especulación, y ahora se tornaba realidad.

Decía el parte que por la noche se podía distinguir en el cielo una pequeña bola de fuego no más grande que una mandarina. Esperaría hasta el anochecer para verla con sus propios ojos; aún quedaba unas horas para que el sol se escondiera en el horizonte.

Miró la radio destrozada y se arrepintió de su acto. Con cariño la cogió, pieza a pieza; intentó arreglar. Siempre le habían dicho que tenía buenas manos para manipular aparatos electrónicos. Con la radio entre sus manos recordó la que hizo cuando cursaba tercero de secundaria. Las horas de tecnología eran las que más le gustaban.

Está no era muy moderna. Se la había regalado su abuelo antes de morir; la conservaba como un tesoro. Pudo comprobar que las cosas habían cambiado y mucho, pero no desistió en su intento hasta bien entrada la tarde cuando se dio por vencido.

Estaba anocheciendo. Salió al balcón y oteó el horizonte. Se sorprendió al ver la rara combinación de colores; tonos verdosos, mezclado con rojizos y con toques azulados. Era todo un espectáculo. En su vida había visto nada igual, y por lo que decían, no volvería a verlo. Le dio por filosofar; ¿qué otro momento podría ser mejor? Las horas ya no contaban; los minutos los reyes. ¿Serían aquellos tonos el grito desgarrador de la naturaleza al verse en peligro?

El sol se despidió por última vez. Una ráfaga helada le hizo temblar. Quería pasar sus últimas horas en aquel balcón. Entró de nuevo en la casa para buscar un abrigo, unos gordos calcetines, guantes y el gorro de lana que le había hecho su madre.

Al ponerse el gorro sintió nostalgia y a la vez egoísmo. No había llamado a nadie y nadie se había preocupado por él.

Descolgó el teléfono. Marcó el número de su madre.

Un tono.

Dos tonos.

Se cortó la comunicación en el mismo instante que una luz cegadora le impidió ver la hora que marcaba el reloj de pared.



jueves, 12 de febrero de 2009

Premios Darwin



Hoy en el 200 aniversario del nacimiento de Darwin me gustaría hablar de los premios que llevan su nombre. Supongo que si levantara la cabeza estaría de acuerdo con ellos.


Para los que no los conozcan, es un premio irónico y se basa en las leyes del susodicho, los de la mejora genética de las especies, pero esta vez no es la naturaleza, por así decirlo, la que hace el trabajo sino los individuos que sufren muertes de la manera más absurda. Por tanto, son premios que se dan a título póstumo y que el agraciado no puede disfrutar. Sólo existe una excepción, cuando el individuo no muere, pero queda incapacitado para tener hijos en el ejercicio de su estupidez.


Los premios Darwin tienen su inicio en 1985, cuando se pasaban correos unos a otros explicando como una persona había muerto a manos de su máquina de escribir. No fue hasta 1994 cuando la cosa se hace más “seria” y se crea incluso una web que recoge los agraciados con el premio
Algunos de los premiados:


1998: un individuo murió ahogado en su piscina mientras jugaba con los amigos a ver quién aguantaba más la respiración.

1999: dos individuos que no se les ocurrió otra cosa que tirar petardos sobre unos barriles de gasolina, y claro, murieron en la explosión.

2000: un individuo le pone un motor de cohete a su coche, lo arranco, coge los 700 km/h y se estrella muriendo en el accidente, por así llamarlo.

2008: Un sacerdote se ata a 1000 globos de helio he intenta volar. Desapareció entre las nubes. Su cuerpo fue encontrado dos meses después en alta mar.

Y uno de los más recientes, diciembre 2008, un individuo ve como se cae su perro a un río helado, se tira a buscarlo y muere de hipotermia.

Como veis la cosa tiene miga. Se dice que están pensado dar un premio Darwin a un tipo, que como el sacerdote, se ató miles de globos a una silla y subió a ella con un rifle (este fue más precavido que el sacerdote) de forma que podría controlar el aterrizaje disparando a los globos. Supongo que os imagináis como acabó la cosa.


Pues eso, que hoy tenía ganas de explicaros lo de los premios Darwin, ya que yo no hace mucho que se de su existencia.

Ah, se hizo una película sobre el tema. Viendo el trailer os podéis hacer una idea.

http://darwinawardsdvd.com/
http://www.darwinawards.com/