viernes, 31 de diciembre de 2010

Cinco recomendaciones para acabar el año


Última entrada del año.
Creo que ha sido un año que me he centrado mucho en la publicación de reseñas de libros y pequeños artículos, dejando un poco de lado mi faceta más creativa.

Si tuviera que pedir un deseo desde cruces de caminos sería poder tener el tiempo y la inspiración para continuar escribiendo pequeños relatos o embarcarme en la tan ansiada novela. Como os dije, tengo algunas cosas en borrador, pero no acabo de encontrar el momento de meterme de lleno. Sé el tiempo, sacrificio y dedicación que ello conlleva y por eso creo que tiene que llegar ese momento, tienes que notarlo y subirte al barco.

Y para cerrar este año quisiera hacer mis recomendaciones literarias. No seguiré ningún orden en especial.


Cosmética del enemigo: creo que es un libro de obligada lectura (gracias Andreu por insistir), ya que no he encontrado nada igual en tan pocas páginas. [Reseña]

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo: no podía faltar un libro de mi idolatrado Haruki Murakami en esta lista. No tengo reseña hecho pues hace tiempo que lo heí, pero considero, yo que me he leído todo lo que está traducido al castellano del autor, que es su mejor libro. Es gordito, sí, pero no os asustéis, merece muchísimo la pena.

Saber perder: todos los libros de David Trueba son fantásticos, pero éste, el último que ha publicado, creo que es el mejor. Una mezcla de personajes brutal que no dejará a nadie indiferente.

La tabla de Flandes: creo que es de justicia que en mi primera lista de recomendaciones ponga el mejor libro de Arturo Pérez-Reverte. Nunca más escribió algo igual.

La última respuesta: creo que es uno de los libros que más me han sorprendido este 2010 y por eso, si no lo tenéis controlado, vale la pena leerlo. [Reseña]


Creo que es una lista con cuatro libros clásicos y uno actual. Se podría alargar mucho más, pero para eso también está el Club de lectura. Allí podéis encontrar otros títulos.

Espero que la lista os sea de utilidad.

Y bueno caminantes que nos encontramos en el Camino: UTREYA y feliz entrada de año.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Cada siete olas, Daniel Glattauer


Sabéis, porqué alguna veces lo he dicho, que no me gusta publicar reseñas sobre libros que no me han acabado de gustar; de hecho este año he dejado de publicar bastantes, pues considero que no soy nadie para decir que un libro no me ha gustado, aunque tampoco lo soy para decir que me ha gustado, ¿no? Diciendo lo último no le hago daño a nadie.
¿Y por qué esta vez sí? Porqué lo prometí.

Creo que el gran sabor de boca que me dejo Contra el viento del norte, la primera parte, era difícil que pudiera ser superado por esta segunda. Quizás le tendría que haber hecho caso a Carmina y dejarlo para otro momento, o para nunca, pero el libro corría por casa ya que se lo regalé a mi compañera y a ella le había gustado, bueno, con matices, casi los mismos que voy a exponer yo.

En esa primera parte Daniel Glattauer supo sorprenderme con sus “diálogos”, con su frescura, con la novedad de cada uno de ellos. Por contra en Cada siete olas, creo que se ha repetido mucho y no sólo en la forma de la primera, si no en la misma novela. Las continuas idas y venidas de Leo y Emmi no tienen la misma fuerza, son muy similares, son esperadas, previsibles y llegó a cansarme. Tenía ganas de ir pasando páginas para llegar a algo nuevo, algo que me sorprendiera, algo que me hiciera abrir los ojos como en la primera. Pero no ha sido así. Incluso al llegar al esperado final, éste llegó como el que ya se ha comido un suculento pica-pica, un plato de sopa, medio cabrito y al llegar a los deliciosos postres se dice: “ya no puedo más”, y se come el delicioso pastelito de manzana que tanto le gusta sin disfrutarlo.

Creo que puede ser bueno descansar un tiempo después de la lectura de Contra el viento del norte para poder afrontar la lectura de Cada siete olas. Quizás así el interés del lector sea mayor y lo clichés no le suena a manidos.

Lo que más me ha gustado es el título, y no quería hablar de él por no romper la magia, pero como he visto que en la contraportada lo explica, aprovecho para ello.
¿Nunca os habéis quedado embobados mirando las idas y venidas de las olas en el mar? Yo sí y no hace tanto. Recuerdo perfectamente, aunque en aquel momento no fui consciente de ello, que teníamos que esperar un número de olas concreto para poder ver la espuma y así poder sacar una buena fotografía. No sé deciros si eran seis o siete, pero se dice que las seis primeras olas van sincronizadas, una detrás de otra, sin molestarse, en harmonía y que, a veces, es la séptima ola la que rompe, la que provoca un cambio, un salto, una oportunidad.

Cada siete olas tienes la oportunidad de comenzar de nuevo, la oportunidad de sorprenderte, la oportunidad de enamorarte para siempre.
El 1 de Enero llega la séptima ola para muchos, aquellos que no han tenido un buen 2010 y quieren pasar páginas. Adelante, ánimo, que la vida son dos días y no podemos pasarnos la mitad de ella pensando en la otra mitad.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Contra el viento del norte, Daniel Glattauer


Se está acabando el año y es ahora cuando noto que más estoy disfrutando de la lectura. Espero que esta reseña no sea la última del club de lectura 2010 en Cruces de Caminos.

¡Aún estáis a tiempo de comprar (tomar prestado) y leer uno de los libros más frescos, más directos y adictivos del panorama literario actual! Otros lo han intentado, pero no han logrado superar el reto de escribir una novela de principio a fin mediante correos electrónicos.

Hace unos meses, cuando salió publicado, lo tuve en mis manos y, como casi siempre durante este año, no me acabó de convencer la contra. Creo que no tenía ganas de leer la propuesta que me hacía un escritor austriaco, que no conocía nadie, del cual se publicaba por primera vez en España y que incluso no tenía Wikipedia en español. Pensé que sería una novela azucarada para aprovechar el tirón navideño y por eso la dejé en la estantería. Recuerdo perfectamente que el librero le dijo a una clienta: “llévatela, te gustará y en una sentada te la lees como el que no quiere la cosa”, pero ni por esas la compré aquel día.

Fue hace poco menos de 20 días, cuando mi amiga bloguera Carmina publicó su reseña sobre el libro y os aconsejaría que dejarais de leer esta y que directamente leyerais la de Carmina, ya que fue a raíz de su lectura por la que decidí comprárselo a mi compañera.
Cuando ví que en poco más de tres días se lo había leído y que había caído en un estado de adicción tal, decidí dos cosas: 1) Leerlo yo, 2) Comprarle la segunda parte (pues si no podía tener problemas en casa).
Atención, ahora no digáis: “como tiene segunda parte no me lo voy a leer”. Sería una gran equivocación, ya que éste como tal tiene un final redondo, y que final, aunque la propia inercia del libro y la fuerza de sus personajes os llevará a leer, creo yo, la segunda. Yo quiero saber más, no me puedo quedar así sabiendo que existe una segunda parte.
Es un final realista, como indica Carmina en su reseña; no es un final artificial; creo que es el final que tenía que ser para mantener la fuerza global del libro. Otro tipo de final hubiera hecho decaer esa globalidad.

Leo y Emmi son los protagonistas de la historia y todo comienza de la forma más sencilla; un correo enviado por error de Emmi a Leo. A partir de aquí comenzará una correspondencia electrónica que irá creciendo en intensidad y que el autor sabe controlar a la perfección. Y es que al escribir este tipo de libros se puede caer, de forma muy fácil, en querer explicar demasiado y perder la intensidad. Pero no es así. El lector va descubriendo correo a correo de formar mesurada quienes son Leo y Emmi y cuales son sus intenciones, así como la aparición de un tercer personaje: el marido de Emmi que juega el rol de la parte reflexiva del texto y que justamente es el contrapunto de ese equilibrio que antes comentaba.

Si la queréis encasillar en el grupo de las novelas románticas lo podéis hacer aunque yo no la considero como tal. Creo que tiene muchas más virtudes que ser una novela romántica. Sí, explica una historia que pasa del blanco al azul pasando por el negro y el gris, incluso el verde y el rojo tienen cabida. Múltiples matices que la enriquecen.

A mi lo que más me ha enganchado es la psicología de los personajes y el ir descubriendo poco a poco lo que piensan, como actúan, como actuarían, así como la fuerza de los diálogos y su dureza en algunos casos como lo son los de Emmi que es excesivamente dura y por lo que pedirá disculpas en múltiples ocasiones. Y es que no es fácil darle matices a los diálogos cibernéticos. El no ver la cara del otro y que no te la vean puede hacer que los mensajes se interpreten de formas variadas y provoquen problemas.

Y no me quiero alargar mucho más. Creo que ha quedado suficientemente claro que es una lectura que recomiendo; que es un regalo que poder hacer por estas fechas y que os hará quedar la mar de bien.

jueves, 23 de diciembre de 2010

El profesor, John Katzenbach


Conocí a John Katzenbach mediante la lectura de Historia del loco (2004) que me fascinó por completo. No sé porqué, pero nunca tuve el tiempo ni el momento de leerme su novela más conocida El Psicoanalista (2002) por el que se le reconoce mundialmente y del sus editores no dudan en recordarnos en cada nueva novedad editorial del autor que  lo escribió él como si no hubiera escrito nada más.
Varios de sus libros ha sido llevados a la gran pantalla: Llamada a un reportero (basado en El calor de la noche (1982), su primera novela y que me gustó); Juicio final (1992); y quizás la más famosa, La guerra de Hart (1999). Ahora mismo se está preparando la adaptación de La historia del loco.

Con John Katzenbach se ha hecho como con muchos otros escritores, se empieza publicando su mejor libro y luego se van publicando libros los viejos. Durantes los últimos casi cinco años ha sido así, por eso cuando vi una novedad de 2010 me tiré a ella. Y fue un error, lo tengo que reconocer.

Me siento bastante decepcionado con la lectura del Profesor, pues a mi entender aporta poco al panorama literario; su lectura se hace eterna al sobrarle demasiados detalles; el caso es totalmente predecible, incluido el final; no explota, como lo hizo en anteriores libros, la psicología de los personajes en si, lo hace mediante los muertos que rodean al profesor Thomas, personaje principal de la novela, y quizás una pega más, el título, creo que su elección no es nada acertada.

Larsson ha hecho mucho daño, tanto positivo como negativo (y no es momento de alargarme en ello, cosa que ya he hecho en otras entradas). Volver a escribir sobre el tema de los abusos a mujeres, y más en concreto, sobre el abuso a menores, es un tema manido literariamente en estos días, y es lo que ha hecho Katzenbach.

Ya he comentado que me tiré de cabeza al libro, igual que hice con la última novela de Reverte que tengo por acabar, pero me pareció interesante leer sobre un personaje al que se le daban unos meses de vida. ¿Qué iba a hacer en esos meses? Eso es lo que más me interesó y lo que no me ha sabido responder, como yo quería que me respondiera la novela. Sí, los dedica a buscar a una niña secuestrada que no conoce. ¿Por qué busca a una desconocida? Por la falta de familia. Su mujer se suicidó por no soportar la perdida de su único hijo y su hermano también hizo lo propio por razones distintas. A partir de ahí, los fantasmas de los tres personajes antes mencionados, van guiando a muestro protagonista y el cual va tomando decisiones a partir de lo que deciden los muertos. Es como su comité consultivo. Un poco surrealista, ¿no? Pero más que surrealista es cansino. Me ha aburrido mucho leer esas páginas donde el profesor Thomas era una mera marioneta de sus fantasmas y tenía que esperar que se le aparecieran para poder tomar decisiones (se pasa páginas llamándolos). Incluso los fantasmas tenían reglas, como la de no poder entrar en según que casas (un poco cómico, sí).

Jennifer es una adolescente que no está contenta con la vida que lleva y decide escaparse en múltiples ocasiones de su casa sin conseguirlo, tantas que incluso la policía lo toma como una rutina y no le dan ninguna importancia a su última desaparición. Pero esta vez es un secuestro, o parece un secuestro, ya que el único testigo es el profesor Thomas que tampoco sabe lo que ha visto.  

Y ya tenemos el argumento de la novela: chica secuestrada; pareja de malos que intentan sacar un provecho económico vía internet de la pobre; profesor que ve fantasmas y que intenta buscarla como si de su hijo muerto se tratara pensando que así volverá; policía que no entiende nada y no cree nada, y el toque del depravado sexual que iniciará al profesor en los sórdidos caminos de la pornografía.
Quizás una de las partes que más me ha interesado sea la vida de la policía, una mujer con dos hijas y con una vecina que se las cuida cuando tiene una emergencia, pero el autor pasa de puntillas sobre ella.

Más de 400 páginas donde en las 300 primeras no acaba de pasar casi nada, y previsible final en las últimas 40, como si tuviera prisa por acabar cuando no lo había tenido para explicar todas y cada una de las anécdotas de la familia de fantasmas. Cada acción del libro, por trivial que sea, tiene una explicación y eso hace que el ritmo se rompa constantemente, mala cosa para un thriller.

En definitiva, si todavía no habéis leído nada de Katzenbach, mejor empezar por La Historia del loco y dejar El profesor al final de la larga lista de libros publicados en 2010.


Enlace facebook del libro por si te ha gustado. Aquí

miércoles, 22 de diciembre de 2010

¡Quitadles las limosnas!


En estas fiestas donde todo el mundo se hace buenos propósitos existen ayuntamientos que tienen afán de protagonismo y aprovechan la falta de noticias de calibre para poder salir en los medios.
Uno de ellos es el de Albacete, que según contó La Sexta en su noticiario, ha decidido sacar un decreto por el que los municipales estarán obligados a quitarles las limosnas a los vagabundos.
De momento los municipales se han negado a hacerlo, pero estoy convencido que el mismo que ideó el decreto, pedirá que expediente a los municipales que se nieguen a cumplirlo.
En palabras de un vagabundo entrevistado:”Pedimos para poder comer algo, y no siempre caliente. Ahora si no nos dejan pedir, tendremos que roban; tendremos que ser malos. ¡Muy malos! –grito.”

¿Qué sentido tiene esta descabellada medida?
Yo he intentado verle alguna razón lógica, pero no he logrado encontrar ninguna. Quizás una podría ser obligar a los vagabundos a dejar las calles de Albacete y trasladarse a otras ciudades o pueblos y así hacer una limpieza encubierta de sus calles.
Otra más descabellada es quitarle a los mendigos unos pocos euros para ir llenando las arcas municipales (poco a poco se llena la pica).
No me quedó claro si además de quitarles las limosnas también les pondrán multas o no. Ya sería el colmo.

Quizás pegarán carteles como el que os muestro abajo haciendo cierta apología de la mendicidad:


O quizás las gente de a pie tendrá que ingeniárselas como el pelegrino:


Espero que alguien haga rectificar al concejal de turno.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Un pueblo solidario



Esta mañana puse la radio y me entró una gran alegría al escuchar que, una año más, el pueblo catalán hemos sido solidario. Inmediatamente supe que tenía que escribir una entrada en el blog explicándolo; segundos después pensé que debía decir que ya está bien de considerarnos unos tacaños, que ya cansan los chistes de la tirita o de la peseta, entre otros, pero eso empañaría lo que verdaderamente me impulsa a hacer esta entrada.

Cada año por estas fechas, y ya van diecinueve, la televisión autonómica de Cataluña (TV3) organiza una maratón solidaria. El tema de cada año tiene que ver con una enfermedad o grupo de enfermedades y desde la fundación de la Maratón se intenta recaudar fondo para que los grupos de investigadores no se vean frenados por falta de recursos económicos. Son, normalmente, proyectos a cinco años vista y de los que la Maratón y la propia TV3 en sus informativos o programas especiales nos tienen informados a la gran masa de donadores anónimos (el pueblo).

No es fácil que en los tiempos de crisis que corren se pueda hacer una buena recaudación, pero una vez más, el pueblo catalán ha vuelto a demostrar que es solidario como el que más batiendo todos los records de recaudación que se habían establecido hasta el día de hoy. Por la radio se ha comentado que ayer el programa televisivo cerró con 7.200.000 € de recaudación y que se espera llevar a los 8.000.000 a finales de Enero, ya que una vez acabado el programa se deja un mes más por si alguien quiere seguir haciendo su aportación.

¿Y dónde está el secreto que no encuentran los otros programas autonómicos o estatales? En la movilización de un pueblo. Desde la villa más pequeña, hasta la ciudad más grande, se ha instaurado, como si de una fiesta se tratara, las actividades de la Maratón que espontáneamente se organizan en todos los rincones de Cataluña y que poco a poco van elevando la recaudación (es como el cuento de la ratita que barría la escalerita y que encontraba una moneda cada día). También se comentaba en la radio que muchas de las 120.000 llamadas registradas el día de ayer para hacer donaciones, no eran de grandes sumas, la mayoría eran de 5, 10, 15 €, y esa es la gracia. Todo el mundo está concienciado, la Maratón es una más de las fiestas del pueblo, incluso se ha dicho que Montserrat Caballé la quiere llevar a la UNESCO para que sea patrimonio de la humanidad (o alguna categoría similar que tenga un reconocimiento mundial).

Creo que más que reconocimientos la conclusión que tenemos que sacar de todo esto es que en el fondo somos mucho más buenos de los que nos creemos. Y es que el estrés del día a día no nos deja escuchar nuestros corazones.

Felicidades a la Maratón una vez más.

viernes, 17 de diciembre de 2010

El adiós de la Pantera Rosa


Ayer nos dejó uno de los referentes de la comedia: Blake Edwards y no podía pasar por alto las grandes tardes de sonrisa y risas que me ha hecho pasar con sus películas.
Soy fan declarado de la serie de películas de la Pantera Rosa que he visto en múltiples ocasiones así como su recordada el Guateque.

Se puede considerar a Blake Edwards el descubridor de Peter Sellers el cual protagonizó múltiples películas bajo la batuta del director. Blake sabía sacar lo mejor de Peter, ya que según las malas lenguas, Peter era un tipo un poco especial y se le debía de tratar con mano derecha, cosa que el director supo hacer. Su relación se podría definir como de amor-odio y en palabras del propio director: "No, Peter no era un excéntrico. Oía voces, hablaba con Dios, tenía conversaciones diarias con su madre, que estaba muerta. Eso es locura". Queda dicho.

Tenía 88 años y estuvo acompañado de su familia y como no, de su mujer, Julie Andrews, la famosa Mary Poppins.

Desayuno con diamantes, donde contó con la laureada Audrey Hepburn con la que podríamos decir, que Edwards no sólo rodó películas cómicas, si no también dramas y películas románticas como la anteriormente mencionada y con bastante acierto.

Su última película fue en 1993. Fue una más que digna despedida de la Pantera Rosa titulada, El hijo de la Pantera Rosa y donde Roberto Benigni era el protagonista.

Y no dejó de hacernos reír como el día en que recibió, creo que muy merecidamente, el Óscar honorífico a toda su carrera. Os dejo el video que recuerda el momento. Vale la pena verlo.

Descanse en paz Blake Edwards. Siempre nos quedaran sus películas y por tanto su gran sentido del humor que en momentos como estos hace falta y mucho.

Deberes: ver el Guateque.

Os dejo con algunas escenas para recordar.

El inicio del Guateque, donde Peter Sellers no se enteró que debía morir al primer disparo.


La memorable escena del camarero borracho.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Esmorfias



Hoy me ha parecido curioso el reportaje que he visto en televisión en donde hablaban de las esmorfias. La verdad, nunca había oído hablar de ellas. ¿Vosotros sí?
Como creo que sois muchos los que estáis en la misma situación y la palabra tiene su gracia, permitidme que os la explique.

Esmorfias:
La palabra proviene del famoso Morfeo, Dios de los sueños, y es la síntesis del mundo de la superstición que existe en los juegos de azar con los sueños.

Me explico.
En 1844 se publicó el primer libro que trataba sobre ellas, Novísimo arte de jugar a la Lotería, y luego en 1858 se publicó el Manual del jugador de Lotería Primitiva —¿no os parece curioso que se llamara Primitiva ya en 1858? —.
En dichos libros se asociaba a cada objeto que aparecía en los sueños con un número y estos números se asociaban a su vez con una terminación de la Lotería de Navidad.
Los dos libros no se ponían de acuerdo, ya que asignaban números diferentes a objetos iguales, cuestión que puede hacer dudar a más de uno, pero que pasaremos por alto.

En aquellos tiempos, las esmorfias y las cábalas tuvieron una gran aceptación y eran utilizadas con regularidad por muchísimos jugadores de lotería —me hubiera gustado encontrar un sitio donde indicaran si lograron ganar algo, o no, aunque la verdad no tiene mayor relevancia, pues aquí lo que nos interesa es el concepto—.

Algunos de los números asociados a los sueños eran estos: si soñabas con un oso hormiguero, bendito sueño, significa que el número de la Lotería de Navidad acabará en 44; si soñabas con sexo, será que hace poco que lo hemos practicado o por el contrario mucho, debemos jugar al 69; si soñábamos con borrachos, el 14; si con una boda el 22, y así.

Total, que me ha hecho mucha gracia el reportaje y creo que es buena señal que los telediarios dediquen minutos a estas cosas, eso quiere decir que son las más importantes y no como el resto de año en que, por desgracia, las guerras, los asesinatos, la corrupción..., son el pan nuestro de cada día.


Yo creo que acabará en 2, que ya toca, aunque quizás es que he soñado con un lindo patito, ¿o era gatito?

sábado, 11 de diciembre de 2010

Lluvia de ideas

Dibujo: Andreu Romero
 
Hace más de dos años mi amigo Andreu Romero me hizo una portada alternativa a mi primera novela “Bajo el eucalipto”. Aquella portada inspiró le que se llamó “El rincón de los libros encontrados” y del que escribí tres relatos asociados a la idea. Por falta de tiempo, o por falta quizás de una idea clara, dejé aparcada la idea.

Pero la idea, la imagen ha venido de nuevo a mi y creo que de forma motivante y no quisiera dejar escapar la oportunidad de embarcarme de nuevo en la aventura de comenzar y acabar una novela.

Hoy mismo, junto con mi pareja, hemos estado haciendo lo que se llama una lluvia de ideas y el título a derivado en “El rincón de los libros olvidados” ya que hemos creído que podría dar mucho más juego para crear escenarios, personajes, aventuras,…

Os quisiera pedir vuestra ayuda, vuestro apoyo, en definitiva, para que esa motivación crezca aún más y poder iniciar el proyecto.
Quisiera que os añadáis a la lluvia de ideas, por descabelladas que sean, por irreales que parezcan, para así hacer crecer la idea entre todos.

Os he preparado una serie de preguntas motivadoras, vaya, eso creo, que no hay que responder como un examen (ahora se llaman controles) pero que en su globalidad pueden ayudarme y mucho a obtener vuestra ayuda.

¿Qué os sugiere el título? (sea uno u el otro)
¿Qué os gustaría que se escondiera bajo ese título?
¿Qué lugares, qué escenas imagináis?
¿Qué personajes, qué nombres pueden ir ligados?
¿Es un lugar físico o es una metáfora? ¿De qué?
¿Es más bien una idea filosófica?
¿Existe otro rincón? Por ejemplo, el de los libros muertos.

Espero con ilusión vuestros comentarios o los comentarios de los comentarios, ya que no teniendo una plataforma para poder hablar todos a la vez, podemos jugar con las respuestas de unos para completarlas, para mejorarlas, para matizarlas.

Y si surge algo publicable de todo esto, tener por seguro, que como mínimo saldréis en los créditos de agradecimiento.

Mil gracias, se que os estoy pidiendo mucho, pero creo que estas son las ventajas de un entorno 2.0 y que puede ser divertido.

Mil gracias de nuevo y sed bienvenidos al rincón del cruce de caminos.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Matar y guardar la ropa, Carlos Salem


Hace algo más de un año un compañero de trabajo me habló de su nueva adquisición: “Matar y guardar la ropa” de Carlos Salem. Yo le comenté que no había oído el nombre del libro ni del autor y que no le podía indicar nada al respecto. Él la había escuchado en una radio local y se decidió a comprarla.
Después de su lectura, mi compañero de trabajo, estaba entusiasmado y me dijo que me lo podía prestar para leerla. Aquellos días iba un poco cargado de libros y quehaceres y le dije que lo tenía en cuenta y que llegaría el día en que la leería.
Y por suerte así ha sido.

Debo decir, nada más empezar esta pequeña crítica, que “Matar y guardar la ropa” es uno de los libros que más me han entusiasmado este año. De lectura ágil, fácil, fresca, divertido, amena, como el propio autor dice cuando en los agradecimientos se acuerda del gran escritor de novela policíaca Andrea Camilleri:

…el camino de la sencillez es el más complejo y también el más divertido.

Tanto es el agradecimiento del autor al escritor italiano que uno de los personajes de la novela lleva su nombre. Es uno de los puntos geniales que tiene el libro, sobre todo, cuando Juan, el protagonista, tiene una charla con Camilleri y este le explica como debe afrontar el echo de escribir una novela policíaca. No tienen desperdicio esas páginas. A mi personalmente me ha motivado muchísimo para poder iniciar el anhelado proyecto de escribir una novela policíaca algún día.

-A ti lo que te gusta es matar y guardar la ropa – me decía siempre el viejo Número Tres

La novela está llena de simbolismo y de enseñanzas. Durante toda la novela el protagonista recuerda el pasado junto a su maestro en el arte de matar, el viejo Número Tres. Estás conversaciones, esas vivencias me parecen muy acertadas a la hora de darle ritmo/descanso a la novela y sobre todo, saber el porqué Juan lo tuvo que matar. Esperas en cada momento que te explique los motivos que tú lector intentas adivinar.

La verdad, casi siempre, es una mierda, solía decirme el viejo Tres. Dicen que te hace libre. Pero algunas verdades pueden matarte.

Otro punto fuerte, también muy simbólico e importante en la novela, es la cueva que Camilleri le enseña a Juan. Es como un refugio espiritual donde escapar del mundo y lograr la paz. Camilleri le dice a Juan que sólo le tiene que enseñar la ubicación de la cueva a alguien muy especial.
Juan se la enseñará a su hijo pequeño que está pasando una preadolescencia y necesita más que nunca a su lado la figura paterna (Juan está separado de Leticia desde hace tres años y por cuestiones laborales pasa poco tiempo junto a sus hijos. Además está ha rehecho su vida con un famoso abogado y están en el proceso de aceptación familiar).
Los problemas familiares son otro punto fuerte de la novela, ya que nos encontraremos con divertidas escenas, pues no lo he dicho hasta ahora, pero el escenario de la novela es un camping nudista donde se encontraran codo con codo, Juan, los niños, Leticia y el juez. Supongo que os podéis imaginar la escena de toda la familia en pelota picada sentada alrededor de una mesa de camping a la que han invitado una tía buenorra que se ha hecho amiga de Juan.

Exijo que al final de la novela pueda vivir sin mentiras, saber si soy Juanito a el Número Tres. Saber. Vivir. Amar. Aunque duela, aunque pueda morir tratando de conjugar esos verbos.
Si a una novela con una buena trama, un buen ritmo y unas sonrisas se le añade un buen que os hago desde ya.

“Matar y guardar la ropa” es una de esas novelas que en un momento de crisis lectora te hace revivir las ganas de leer. A mi me ha pasado y debo deciros que ahora que estoy comenzando una nueva novela la hecho de menos y tengo aquella sensación de tedio con la lectura que tengo entre manos; espero que pase.

Que disfrutéis del camping nudista. Y no tengáis vergüenza de mostraros al mundo.




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martes, 7 de diciembre de 2010

La caída de los gigantes, Ken Follett


Debería decir que por fin me he acabado la última novela de Ken Follett (1017 páginas), pero lo que realmente debo decir, es que por desgracia se acabó, aunque por suerte, “La caída de los gigantes” está incluida en una trilogía que no me perderé.

Es muy fácil banalizar el trabajo de los escritores de best sellers criticando su forma de escribir, su repetición de contenidos, su superflua escritura, o por decirlo de otra forma, la poca personalidad que pueden tener normalmente.
Yo creo, como muchos, que los escritores de best sellers comen a parte en las librerías y que si uno se acerca a uno de ellos no es por encontrar nada nuevo, simplemente por el hecho de pasar un buen rato. Existen momentos así para los que, como a mí, le gusta buscar nuevos escritores y experimentar nuevas sensaciones, pero no podemos dejar de lado que la gran mayoría de los lectores buscan una lectura fácil, entretenida, y no se preocupan por la forma. De ahí que dichos escritores tengan tanto éxito y puedan crear envidia sana, que no es el caso. Utilizando las palabras un famoso escritor de provincias y articulista de otro famoso diario de provincias: “prefiero mil lectores que se lean de verdad mis libros que millones que lo llevan debajo del brazo para alardear de su lectura sin hacerlo”.

Quisiera romper una lanza en favor de Ken Follett, ya que sí, es un escritor de best sellers, pero no sólo eso. En “La caída de los gigantes” he podido conocer algunos entresijos de la Primera Guerra Mundial, que claro está, tenía ganas de conocer. He podido vivir la caída del zarismo en la gran Rusia; el como por primera vez se consiguió el voto de la mujer en Inglaterra; las condiciones de trabajo en las minas escocesas de principio del siglo XX; saber que Lenin no era un tipo muy simpático de por sí y como el poder corrompe a los que parecen más nobles; el como la clase obrera, con su constancia, poco a poco consigue mejoras laborales, y tantas otras cosas que podría haber encontrado en otros libros, pero no de forma tan amena como en este.
Y es que Ken Follett sabe hilvanar, como nadie, historias paralelas que hacen disfrutar al lector, además de informar. Nos hace viajar desde Escocia a Londres, pasando por París, Berlín, San Petesburgo o Moscú, metiéndonos en las malolientes trincheras de esa Primera Guerra Mundial o en los embarrados campos de batalla a la horilla del río Somme
El escritor es mucho más conocido por “Los pilares de la tierra” o por “El mundo sin fin”, pero yo no me cansaré de decir que el mejor Follett es el que escribe sobre temas casi contemporáneos como demostró en sus novelas: Alto riesgo (2001), Vuelo final (2002), o la genial, En el blanco (2004), entre otras y que os recomiendo.

Me ha gustado la explicación que hace el autor sobre la regla que sigue al novelar acontecimientos históricos: “o bien la escena sucedió, o bien podría haber sucedido; o se pronunciaron esas palabras, o se podrían haber pronunciado. Y si encuentro algún motivo por el que la escena no podría haber tenido lugar en la vida real, o por el que las palabras no podrían haberse pronunciado, la elimino”.

Ken Follett siempre tendrá sobre si la sombra de “Los pilares de la tierra” y de ella nunca se podrá librar, aunque él lo intente, aunque supongo que esa sombra también le ha venido muy bien, pero no para las críticas, pues muchos lectores recuerdan la sombra y no el presente. Quizás sea que no se han vuelto a leer ningún otro libro del autor. Que mal pensado que soy.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Egorrino Manifestum

 El viérnes estuve en un recital poético, donde Jaime Rodríguez no hizo disfrutar con su dramatización y dicción de su poema: Egorrino Manifestum.
No he podido resistir la tentación de publicarlo en mi blog y compartirlo con vosotros.



El egorrino es aquel que vive en su própio uso horario y espacio/tiempo. Siempre es la una, la una y un minuto, la una, un minuto y un segundo, la una y un minuto, un segundo y una centésima.

Su mundo no es cuadrado, ni siquiera redondo, logicamente es infinito. Todas las paralelas pasan por su mente y todos los meridianos por su cuerpo, siendo su corazón, el ecuador que palpita sonora y eternamente repetitivo, yo...mi...yo...mi...

Ama a Saturno como casi así mismo, puesto si éste debora a su hijo, el egorrino debora a sus ahijados. Se relame, se fascina, los hipnotiza con su increíble verborrea y sus bellos cantos de sirena. Revolotea de forma irremediable con su metafísica verbal.

El estruendo de su voz acaba haciendo un eco permanente en el momento que mueve su boca y habla de cosas, como, por ejemplo, la etimología del vocablo tezcatlipoca.

Es más famoso que Jesús y ah, claro está, que los Beatles pues.

Está en todos lados sin estar en ningún sitio. Sus bien intencionadas afirmanegaciones le convierten en el número pi de cualquier ecuación social que se tercie. El egorrino es el elemento que más pasión levanta en la matemática del status y jerarquía de bares.

La matemática, aquella ciencia en la cual algunos se dedican a restar. El Egorrino gracias a las potencias y multiplicaciones rompe cualquier posibilifad de logro estadístico. Ya que la probalidad muere ante su bienaventurada presencia.

Almuerza sediento de si mismo banquetes introspectivos en lugares con espejos invisibles y lujuriosos. Podríamos decir, que se trata de un hombre a una sombra pegada (Quevedamente).

Es tan, que bien podría crear una franquicia de ego-basura para todos nosotros, mediocres de terciopelo. Se llamaría Mc Prepotencia. Imaginen : "¿Quiere más atención con sus patatas fritas?"

Rico en riqueza, inteligente en la no inercia. Nunca crea, el egorrino hace art...art...art (achís) arte.

Jaime Rodríguez

jueves, 4 de noviembre de 2010

La creatividad se aprendre igual que se aprendre a leer

Ayer el diario La Vanguardia en su sección La Contra, publicó una entrevista a Sir Ken Robinson que me ha parecido muy interesante.
Quizás encuentro que se intenta "destruir" el sistema educativo actual, pero no se dan alternativas ni formas de hacer. No me acaba de convecer lo de dejar hacer, sin más, pero me ha hecho reflexionar y de ahí que lo publicite.
Espero que sea de vuestro interés.

Un día visitando un cole vi a una niña de seis años concentradísima dibujando. Le pregunté: “¿Qué dibujas?”. Y me contestó: “La cara de Dios”. 

¡...!
“Nadie sabe cómo es”, observé. “Mejor –dijo ella sin dejar de dibujar–, ahora lo sabrán”.

Todo niño es un artista.
Porque todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a
equivocarse... Hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él.

Los niños también se equivocan.
Si compara el dibujo de esa niña con la Capilla Sixtina, desde luego que sí, pero si la deja dibujara Dios a
sumanera, esa niña seguirá intentándolo. El único error en un colegio es penalizar el riesgo creativo.

Los exámenes hacen exactamente eso.
No estoy en contra de los exámenes, pero sí de convertirlos en el centro del sistema educativo y a las notas en su única finalidad. La niña que dibujaba nos dio una lección: si no estás preparado para equivocarte, nunca
acertarás, sólo copiarás. No serás original.

¿Se puede medir la inteligencia?
La pregunta no es cuánta inteligencia, sino qué clase de inteligencia tienes. La educación debería ayudarnos a todos a encontrar la nuestra y no limitarse a encauzarnos hacia el mismo tipo de talento.

¿Cuál es ese tipo de talento?
Nuestro sistema educativo fue concebido para satisfacer las necesidades de la industrialización: talento sólo para ser mano de obra disciplinada con preparación técnica jerarquizada en distintos grados y funcionarios
para servir al Estado moderno.

La mano de obra aún es necesaria.
¡Pero la industrialización ya no existe! Estamos en otro modo de producción con otros requerimientos, otras jerarquías. Ya no necesitamos millones de obreros y técnicos con idénticas aptitudes, pero nuestro sistema
los sigue formando. Así aumenta el paro.

Pero se nos repite: ¡innovación!
La piden los mismos que la penalizan en sus organizaciones, universidades y colegios. Hemos estigmatizado el riesgo y el error y, en cambio, incentivamos la pasividad, el conformismo y la repetición

No hay nada más pasivo que una clase.
¿Es usted profesor, verdad? Las clases son pasivas porque los incentivos para estar calladito y tomar apuntes que repetirá son mayores que los de arriesgarse a participar y tal vez meter la pata. Así que, tras 20 años
de educación en cinco niveles que consisten. ¿Es usted profesor, verdad? Las clases son pasivas porque los incentivos para estar calladito y tomar apuntes que repetirá son mayores que los de arriesgarse a participar y
tal vez meter la pata. Así que, tras 20 años de educación en cinco niveles que consisten en formarnos para unas fábricas y oficinas que ya no existen, nadie es innovador.

¿Cuáles son las consecuencias?
Que la mayoría de los ciudadanos malgastan su vida haciendo cosas que no les interesan realmente, pero que creen que deben hacer para ser productivos y aceptados. Sólo una pequeña minoría es feliz con su trabajo, y suelen ser quienes desafiaron la imposición de mediocridad del sistema.

Tipos con suerte...
Son quienes se negaron a asumir el gran error anticreativo: creer que sólo unos pocos superdotados tienen talento.

“Sé humilde: acepta que no te tocó”.
¡Falso! ¡Todos somos superdotados en algo! Se trata de descubrir en qué. Esa debería ser la principal función de la educación. Hoy, en cambio, está enfocada a clonar estudiantes. Ydebería hacer lo contrario: descubrir qué es único en cada uno de ellos.

¿La creatividad no viene en los genes?
Es puro método. Se aprende a ser creativo como se aprende a leer. Se puede aprender creatividad incluso después de que el sistema nos la haya hecho desaprender.

Por ejemplo...
Soy de Liverpool y conozco el instituto donde recibieron clases de música mi amigo sir Paul McCartney y George Harrison... ¡Dios mío! ¡Ese profesor de música tenía en su clase al 50 por ciento de los Beatles!

Y...
Nada. Absolutamente nada. McCartney me ha explicado que el tipo les ponía un disco de música clásica y se iba a fumar al pasillo.

A pesar del colegio, fueron genios.
A Elvis Presley no lo admitieron en el club de canto de su cole porque “desafinaba”. A mí, en cambio, un poliomielítico, me admitieron en el consejo del Royal Ballet...

Ahí, sir, acertaron de pleno.
Allí conocí a alguien que había sido un fracaso escolar de ocho años. Incapaz de estar sentada oyendo una explicación.

¿Una niña hiperactiva?
Aún no se había inventado eso, pero ya se habían inventado los psicólogos, así que la llevaron a uno.Yera bueno: habló con ella a solas cinco minutos; le dejó la radio puesta y fue a buscar a lamadre a la sala de espera; juntos espiaron lo que hacía la niña sola en el despacho y... ¡estaba bailando!

Pensando con los pies.
Es lo que le dijo el psicólogo a lamadre y así empezó una carrera que llevó a esa niña, Gillian Lynne, al Royal Ballet; a fundar su compañía y a crear la coreografía de Cats o El fantasma de la ópera con Lloyd Webber.

Si hubiera hecho caso a sus notas, hoy sería una frustrada.
Sería cualquier cosa, pero mediocre. La educación debe enfocarse a que encontremos nuestro elemento: la zona donde convergen nuestras capacidades y deseos con la realidad. Cuando la alcanzas, la música del universo resuena en ti, una sensación a la que todos estamos llamados.

LLUÍS AMIGUET



martes, 2 de noviembre de 2010

El mensaje


Buscó el rumor del mar
intentando satisfacer todos mis sentidos.


Colapso mi olfato con su sal.
Me siento reconfortado por la salazón del ambiente.


Lavó mis pies cansado en su agua.
Creo en su poder purificador.
Y es que a veces me cuesta seguir caminando.
Me siento fuera de una sociedad que ha perdido la brújula, el control.


Tengo miedo de ser yo el que no entiendo el mensaje
de ser yo el causante del problema al no adaptarme a los cambios sociales.


Afino mi oido.
Creo percibir un tímido mensaje.
Pero no consigo descifrarlo.
¿Qué me querran decir?  


Y al cabo de unos segundos,
es el mar el que me hace lo hacer llegar.
 Me siento en harmonía con el mundo.
Debo seguir luchando, debo seguir intentándolo
y cuando vuelva a decaer, volver al mar.


Fotografías: Sonia Flores 

jueves, 21 de octubre de 2010

Carteles de guerra


Mi amigo y compañero boggero Andreu Romero es el autor del cartel que acompaña este escrito y que publicó en su blog  Inenarrables hace unas horas.
El propio cartel y el comentario que lo acompaña me han ha hecho reflexionar sobre aquellos pioneros de los anuncios.

Desde sus inicios París (1870) los carteles propagandísticos han tenido que captar al público con un simple golpe de vista. Una única mirada tenía que atraer toda la atención, debía ser suficiente para atrapar a la gente dentro del cartel. Creo que se pensaba que de esa manera se hacía llegar el mensaje de forma más directa. Yo no opino lo mismo.

He sentido muchas veces que esos carteles de la guerra eran verdaderas obras de arte y no discrepo de ello, más aún me apoyo en ello para decir que era una arma de doble filo.

La interpretación del arte es totalmente subjetiva y ahí radica la clave de mi razonamiento.
Para el autor el dibujo del cartel, la composición del cartel tenía una interpretación concreta y ese fue el motivo por el cual lo realizó. Pero para la gente de a pie, aquella primera, rápida, fugaz visión podría ser interpretada de mil y una forma posibles y de esa forma poder llegar a distorsionar totalmente, y sin voluntad de hacerlo, el mensaje que se había pretendido transmitir.

Sigamos disfrutando de los carteles sin preocuparnos en absoluto en su significado concreto, verdadero. Dejémonos de moscas silbándonos en los oídos remarcándonos lo que el autor quiso decirnos. Sí, puede estar bien saberlo para crear una nueva interpretación, pero no para quedarnos con esa, ya que si no el arte no tendría razón de ser.

domingo, 17 de octubre de 2010

La soledad de los números primos



Desde el día de su lanzamiento quise leer esta novela. Supe desde ese momento que me gustaría y por eso no la leí en su día. La deje reposar sabiendo que tarde o temprano, cuando necesitara de ella la encontraría.
Y han sido casi dos años después de su indudable éxito comercial en España cuando la leí. Y han sido casi dos meses después de acabar su lectura cuando he publicado este post (falta de tiempo, supongo).

No sé si queda alguien en el mundillo de la lectura que no conozca la novela, pero por si las moscas y por aquello que más vale prevenir que ir al médico, aquí os dejo mi recomendación total para su lectura.

No tengáis miedo, aunque el escritor sea un físico y aunque en determinados momentos de la novela las matemáticas salen a la luz, no hace falta saber mucho sobre ellas para disfrutar de su lectura. Paolo Giordano utiliza las matemáticas como lo que son en realidad, y que ha muchos les cuesta ver, una gran metáfora de todo aquello que sucede en este mundo.

“Son números solitarios, sospechosos, y por eso encantaban a Mattia, que unas veces pensaba que en esa serie figuraban por error.”

Unos capítulos de inicio brutales donde el lector se queda enganchado de inmediato y donde ya podemos comprobar que este autor es diferente a los demás en su forma de narrar (una excusa más para su lectura). Prosa fresca, nueva, seca, real, adictiva, que hace que quieras seguir leyendo sin parar, con unos personajes ciertamente impactantes.

Mattia y Alice tienes vidas conectadas pero al mismo tiempo separadas y eso le hace sufrir en muchos momentos, como en su infancia donde dos traumáticos sucesos les marcara sus vidas para siempre.



“Mattia pensaba que él y Alice eran éso, dos primos gemelos solos y perdidos, próximos pero nunca juntos. A ella no se lo había dicho. Cuando se imaginaba confiándole cosas así, la fina capa de sudor que cubría sus manos se evaporaba y durante los siguientes diez minutos era incapaz de tocar nada.”

El autor nos lleva mediante una prosa excepcional al interior de los personajes dejándonos ver su inmenso sufrimiento por un futuro no elegido, por la suma del día a día, por las palabras no dichas o por la incapacidad de poder decirlas.

El tiempo es implacable tiempo y parece destruir el amor idealizado por los protagonistas, justo cuando parece que puede realizarse. Los sentimientos de la adolescencia se diluyen en el paso a la edad adulta, que sin embargo, parece abrir una pequeña puerta a la esperanza.

Una novela que te arrastra aunque uno no quiera junto con Mattia y Alice a su particular infierno y del que se sentirán incapaces de salir como si de un pozo se tratara.

miércoles, 13 de octubre de 2010

La fábrica de avispas, Iain Banks



“Hace años que no mato a nadie, y no pienso volver a hacerlo nunca más. Fue solo una mala racha que estaba pasando”, dice Frank, el adolescente protagonista de la novela de Iain Banks “La fábrica de avispas”.

Hace aproximadamente un mes leí un artículo que hablaba del autor, curioso autor. Escribe con dos nombres; Iain Banks cuando se trata de novelas contemporáneas y Iain M. Banks cuando lo hace en el campo de la ciencia ficción donde es mucho más conocido. Fue ese el campo que más me interesó, pero no encontré en ninguna librería el primer libro de su saga “La Cultura” donde inventa un nuevo mundo y que me hizo recordar la fabulosa saga “Fundación” de Isaac Asimov (recomendada en múltiples ocasiones en este blog).

Me dirigí a la biblioteca a ver si tenía más suerte, pero tampoco estaba. Lo que si encontré fue su novela “La fábrica de avispas” de la que también hablaba el artículo antes referido. Así que no quise esperar y la cogí para adentrarme en su literatura y así comprobar si me convencía su escritura o no. Y no me ha defraudado.

“Maté a Esmeralda porque me pareció que me lo debía a mí mismo y al mundo en general”, es la voz de Frank el cual vive solo junto a su padre en la costa escocesa en una pequeña isla y donde ha crecido inmerso en un mundo de creación propia. La soledad hace que el ser humano tenga tendencia a crear submundos donde sentirse seguro y donde la soledad se vea difuminada y tan sólo aparezca cuando alguien entra en esos mundos. No quisiera justificar los actos delictivos de Frank, pero creo entender que todos aquellos que se atrevieron a perturbar su mundo acabaron muertos.

La situación de su padre no es mucho mejor. Un buen día su mujer lo dejó por otro diciéndole que nunca lo había querido, para aparecer meses más tarde embarazada de ocho meses y pidiéndole ayuda, sin ser hijo suyo. La soledad hace que renazca la esperanza de que su vuelta sea para siempre aunque siga sin quererlo. Él compensaría esa falta de amor y amaría por los dos.

No desvelo nada que no se sepa al leer la contra del libro; “La fábrica de avispas” es un invento de Frank, un artefacto oracular en el cual lee el futuro mediante el sufrimiento y muerte de las avispas. Y no es el único que maltrata animales ya que Erik, el perturbado hermano de Frank, se dedica a quemar perros, ovejas,…, y a meter gusanos en la boca de los más pequeños. Por suerte lleva tiempo encerrado, pero es muy listo y en cualquier momento podría escapar de su forzosa reclusión.

“Nuestras vidas no son más que símbolos. Todo lo que hacemos forma parte de un patrón sobre el que, al menos, tenemos derecho a decidir”. Así intenta actuar Frank con la fábrica de avispas. Un Frank que ha creado sus propias reglas morales. Sabe que vive en un universo personal que el resto de la humanidad no comparte. Y a él le gusta así, se siente protegido y lo defiende hasta las últimas consecuencias.

El final de la novela es sorprendente. Tan sólo decir que se puede llegar a entender el porqué del mundo de Frank, que no justificar. Frank es fuerte y sabrá sobreponerse, o eso creo yo.

“Sentado allí, pensando en mi propia vida, en mis tres muertes, me dan ganas de reír o de llorar, o de ambas cosas. En cierto modo ahora son cuatro muertes después de que la verdad de mi padre haya matado lo que yo era.”


La fábrica de avispas en PDF

martes, 5 de octubre de 2010

Paciencia



Hoy he escuchado una reflexión que me ha gustado mucho y que en los días que corren creo que viene ni que pintada.

Comienza así:

“Después de plantada la semilla del bambú chino, no se ve nada durante aproximadamente cinco años, excepto un diminuto brote. Todo el crecimiento es subterráneo: una compleja estructura de raíz, que se extiende vertical y horizontalmente a través de la tierra, está siendo construida.
Entonces, al final del quinto año, el bambú chino crece hasta alcanzar una altura de 25 metros.”

Se decía en la reflexión que mucho podríamos pensar que nos han engañado, que la semilla era infértil, que en definitiva nos habían estafado.
Es nuestra impaciencia la que nos lleva a pensar en eso. Es nuestra desconfianza la que hace que queramos ver resultados y al no verlo pensemos en la estafa.

Creo que hoy en día estamos impregnados de impaciencia, de desconfianza, y eso nos provoca inseguridad. Se quieren las cosas y se quieren ya. Supongo que la bonanza económica de los pasados años y el poder conseguir casi todo aquello que uno deseaba, u ofrecer lo que nos pedían ha creado una maraña en nuestra sociedad de impaciencia total. Yo lo puedo comprobar casi a diario en las aulas.

Creo que una buena dosis de paciencia nos haría mucho bien. No quitaría mucho del estrés que tenemos, nos preocuparíamos por aquello que realmente merece la pena, en definitiva, viviríamos mejor.

“Se necesita mucha osadía para llegar a las alturas y, al mismo tiempo, mucha profundidad para arraigar en el suelo.”

martes, 28 de septiembre de 2010

El país de las últimas cosas, Paul Auster



Aunque ahora lleve unos años enganchado a la novela negra, y en anteriores años a la novela histórica, siempre voy buscando algo diferente que leer para desconectar.
Últimamente me cuesta un poco encontrar libros que me digan algo, que me pidan que los compre a sabiendas que lo voy a disfruta. Por suerte no todo son novedades y de vez en cuando vas a la biblioteca y te pasas unas horas mirando, buscando. Otra veces es el consejo de un amigo el que te hace encontrar lo que buscabas, y otras un regalo. En El país de las últimas cosas (Paul Auster, 1987) ha sido así.

Si habéis leído algo de Paul Auster, sabréis que la lectura de sus novelas no deja indiferente a nadie. Yo es el quinto libro que leo de él y creo que uno de los que más me ha atraído desde el inicio de su lectura.

Una buena lectura creo que se basa en enganchar rápidamente al lector desde las primeras páginas e ir subiendo y bajando en intensidad a medida que trascurre la historia, sin muchas puntas, sin cambios bruscos. Y para rematar, tener un final que te deje diez, veinte,…, minutos pensando en él. Con El país de las últimas cosas se cumple la regla a la perfección, y además se cumple otra que toca la moral al lector: quieres saber más.

La historia es tan fuerte, tan impactante (recomiendo estar alegre anímicamente para embarcarse en su lectura) que cuando llega el final quieres que siga la historia. Creo que es un final demasiado abierto, demasiado, imagínate lo que sucederá. Y eso es lo que me pregunto yo: ¿Qué sucederá? ¿Encontrará Anna lo que andaba buscando y le llevo al País de las últimas cosas? ¿Dónde se encuentra ese País? ¿Toda la novela es una gran metáfora? ¿Es el País un resultado de sus habitantes o es el País lo que los forma así?
La protagonista de la novela, Anna Blume llega a un extraño país en busca de su hermano desaparecido. El país es un caos: los cadáveres son utilizados como combustible, las gente se intenta suicidar corriendo hasta la extenuación, el gobierno es totalmente ineficaz y corrupto, la comida escasea. Todo esto me ha hecho recordar el Ensayo sobre la ceguera (José Saramago) y que recomiendo desde ya, aunque el maestro portugués profundiza más en el por qué de las cosas, las causas y sus consecuencias. Me gustaría saber si se había leído el libro de Auster antes de escribirlo.

El libro es como una gran carta que escribe Anna Blume supuestamente a alguien muy querido. Me gustó como el autor explica el por qué empieza a escribir la historia, pero no penséis que el formato es de carta, es una carta novelada, si se puede llamar así. A partir de ahí nos va explicando lo que le va sucediendo a medida que pasa el tiempo en aquel país y vamos conociendo las extrañas costumbres instauradas, así como peculiares personajes que en algunos casos la acogerán, en otros la amarán, y en casi todos la ayudarán.
Creo que el libro, al contrario que el de Saramago, se queda corto a la hora de profundizar sobre el tema de la desesperación, del sentirse perdido, de la supervivencia. Auster se centra más el los acontecimientos vividos por la protagonista. Pero no quisiera olvidarme de la gran virtud del libro: Auster nos advierte del peligro que corremos de crear un lugar como ese. ¿Estamos creando un mundo así? ¿Vamos hacía un mundo así?

“Éstas son las últimas cosas –escribía ella–. Desaparecen una a una y no vuelven nunca más. Puedo hablarte de las que yo he visto, de las que ya no existen; pero dudo que haya tiempo para ello. Ahora todo ocurre tan rápidamente que no puedo seguir el ritmo.
No espero que me entiendas. Tú no has visto nada de esto y, aunque lo intentaras, jamás podrías imaginártelo. Éstas son las últimas cosas. Una casa está aquí un día y al día siguiente desaparece. Una calle, por la que uno caminaba ayer, hoy ya no está aquí. Incluso el clima cambia de forma continua: un día de sol, seguido de uno de lluvia; un día de nieve, luego uno de niebla; templado, después fresco; viento seguido de quietud; un rato de frío intenso y hoy, por ejemplo, en pleno invierno, una tarde de luz esplendorosa, tan cálida que no necesitas llevar más que un jersey.”

Una anécdota: buscando la sinopsis del libro he visto que casi todas las web tienen una que no se ajusta a la del libro. Supongo que será esa manía de copiar y pegar sin mirar.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Nadie lo ha visto, Mari Jungstedt



Fue después de la finalización de la lectura de “Nadie lo ha visto” cuando tuve la necesidad de escribir el pequeño artículo “Efecto Larsson, vino aguado” que publiqué hace unos días en este blog.

Supongo que os preguntaréis que hacía yo leyendo una novela policiaca sueca después de explicaros que la cosa pintaba mal. Es bastante sencillo, me gusta comprobar las cosas para poder luego explicarlas y no hablar de oídas. Es como cuando compro una sandía, no sé si a vosotros os pasa igual, pero a mi siempre me salen buenas. Tengo la teoría que todas son buenas, aunque sé que existen las que no lo están del todo. El otro día, sin ir más lejos, pensé que la que estaba comprando estaría pasada, y la compré justamente por eso, para comprobarlo y aprender. Estaba buenísima, por cierto.

Como me gusta enrollarme con subtramas. Lo siento.

Nadie lo ha visto es una novela escrita en 2003 por Mari Jungstedt y publicada en España en 2009 fruto del efecto Larsson y de la búsqueda desesperada, por parte de las editoriales, de un autor sueco con tirón. Todo esto que digo es comprobable al ver que las tres siguientes novelas de la saga se han publicado en menos de un año en España.

A Mari Jungstedt se la quiere comparar con la mujer de moda sueca en nuestro país Camilla Lackberg, pero tengo que decir que está lejos de ser así. Las dos hacen unas buenas descripciones de los entornos suecos, en algunos casos llegas a tener frío y todo, pero mientras Camilla desarrolla con acierto las subtramas adyacentes al caso, así como las vidas de sus personajes centrales, en el caso de Mari no es así.

Mientras leía Nadie lo ha visto tenía una extraña sensación. Si quisiera ponerle palabras deberían ser frío y inanimado. Acabé la novela sin saber casi nada de su detective estrella Anders Knutas, o como mínimo yo no lo supe ver. Casi al final de la novela nos dijo que estaba casado y que su mujer estaba preocupado por él. Algo más sabemos de la vida del segundo protagonista, el periodista Johan Berg, pero tampoco es para tirar cohetes, aunque mantuvo la novela en tensión durante muchas páginas y se convirtió en una pieza clave para la resolución del caso.

Nada más empezar, un asesinato. Nadie sabe nada, nadie lo ha visto, sin pistas. Durante un buen número de páginas se desarrollando las pesquisas, sin rumbo, con interrogatorios vacios, incluso Knutas se refiere a ellos diciendo que estaban mal hecho, poco profundos. Cuando parece que la cosa se puede animar, es decir, cuando parece que vamos a saber algo más de los personajes, otra muere y el mismo procedimiento. Y a esta le sucede otra. Con todo, ya han pasado tres cuartas partes de la novela. Toca acabar.

En este punto tenía esperanzas de que la autora hubiera escogido al asesino entre los personajes que nos había presentado. Como dice PD.James, “se tiene que hacer partícipe al lector de las pesquisas”. Así que me fui haciendo una idea de quién podría ser y el por qué.
Creo que está mal resuelta la novela. ¿Por qué un asesino que no tiene miramientos con sus tres víctimas anteriores lo tiene con la última?

Sabéis que no me gusta publicar críticas que no animen a leer el libro, pero tenía que ser coherente con mi anterior artículo. No me gustaría acabar sin decir que quizás algún día, con el tiempo, le dé una segunda oportunidad a Mari Jungstedt y lea la segunda entrega. Mientras seguiré investigando, intentando encontrar un nuevo autor fetiche que seguir.

Resumen de la trama

La temporada turística empieza en la aparentemente tranquila isla sueca de Gotland. Como cada año, Helena, ahora residente en Estocolmo, vuelve a la isla en la que pasó los primeros años de su vida y celebra una fiesta con sus amigos de infancia. Pero Helena bebe más de la cuenta y acaba bailando con su amigo Kristian y provocando los celos de su marido Per. Cuando ya no puede soportarlo más, Per reacciona de forma violenta, poniendo punto y final al buen ambiente que se respiraba. Al día siguiente, Helena pasea por la playa para reflexionar sobre lo ocurrido cuando es salvajemente atacada por un hombre armado. Cuando se encuentra su cuerpo, cruelmente asesinado, su marido es inmediatamente inculpado. Pero unos días más tarde, aparece el cuerpo de Frida, una compañera de colegio de Helena, asesinada en las mismas circunstancias. La psicosis se apodera del pueblo y el inspector Anders Knutas deberá acelerar las investigaciones antes de que el asesino golpee de nuevo. Para ello podrá contar con la colaboración no siempre deseada del inquieto periodista Johan