jueves, 7 de enero de 2010

A vueltas con el Coltan. Reflexiones de Vázquez-Figueroa



En estos momentos estoy leyendo el último libro de Alberto Vázquez-Figueroa que es como una continuación, no estricta, de su novela Coltan que en su día comenté en este blog y que hasta el momento es una de las entradas más visitadas de este blog (si lo queréis leer o volver a leer os dejo aquí el enlace: Coltan, una nueva lacra

En las próximas semanas comentaré el libro en cuestión, Kalashnikov, pero no quería dejar escapar la oportunidad de compartir con vosotros algunas de las líneas que en él se encuentran y que creo os harán reflexionar de nuevo sobre el tema.
Así que, haré un extracto de lo que Vázquez-Figueroa escribe entre las páginas 106 y 110 para tener más datos sobre la lacra que representa el Coltan.



“Pensar en la razón por la que los seres humanos habían hecho las cosas tan rematadamente mal como que su futuro hubiera quedado en manos de una cuadrilla de desarrapados.

Cuando el presidente de una empresa enviaba por Internet un mensaje ordenando que se realizase una transferencia multimillonaria, lo enviaba gracias al esfuerzo de aquellos chicuelos.

[…]Cuando un desesperado inmigrante pedía auxilio porque su cayuco navegaba a la deriva[…]su móvil funcionaba gracias a que otros tan miserables como él se habían dejado la piel en las minas.

[…]dentro de veinte años la práctica totalidad de los seres humanos serían incapaces de desenvolverse sin su ayuda.

[…]¿Cómo se explicaba? ¿Acaso la humanidad era tan inconsciente como para no darse cuenta de que corría ciegamente hacia el abismo?

[…]Hacía treinta años que alguien cayó […]el tantalio, poseía propiedades físico-químicas “mágicas”

[…]A la luz de tal hallazgo los fabricantes de aparatos electrónicos vieron el cielo abierto ya que[…]reducir[…]el tamaño de sus productos al tiempo que aumentaban sus prestaciones y se abarataban los precios.

Se había dado el pistoletazo de salida a una dura competición en la que lo único que importaba era ganar, ganar dinero, ganar prestigio y ganar cuotas de mercado.

[…]Todo ello gracias a que aquellos chicuelos continuaban arriesgándose a morir aplastados por el imprevisto deslizamiento del inestable terreno del yacimiento[…] Y es que el tantalio tiene la curiosa costumbre de encontrarse unido a otro mineral, la columbita, con el que aparecía en forma de pequeñas piedras[…] a lasque se había bautizado con el lógico nombre de col-tan.

Y el coltan tenía a su vez la fea costumbre de encontrarse sino en terrenos de aluvión, y por si ello no bastara, el ochenta por ciento de las reservas mundiales se localizan en el Congo.

Eso venía a significar que el futuro de las nuevas tecnologías se asentaba en un remoto punto del corazón de África y en un país que debería ser, gracias a sus infinitas riquezas y su escaso número de habitantes, uno de los más prósperos del planeta.

[…]No era de extrañar que su país se hubiera convertido en la presa codiciada por unas grandes potencias que la mejor forma que habían encontrado de despojarle de sus riquezas era provocar un sinfín de guerras disfrazadas de enfrentamientos tribales, fronterizos o religiosos que durante los últimos veinte años le habían costado la vida a cinco millones de inocentes.

La estrategia de las grandes empresas consistía[…]incitaban a los países vecinos, Uganda, Ruanda y Burundi a intervenir militarmente aprovechando del embrollo para explicar las reservas de coltan de forma descarada.

[…]Era como una kafkiana partida de ajedrez en la que todas las piezas fueran peones que se movieran en las cuatro direcciones con la seguridad que no existía rey

[…]La guerra por la guerra y sin perseguir otro objetivo que aquel que había perseguido todas las guerras no religiosas desde la noche de los tiempos: obtener un beneficio ilícito.”

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