domingo, 9 de mayo de 2010

Fin de David Monteagudo



La primera edición de este libro fue en octubre de 2009. Me paseaba yo por una de mis librerías preferidas cuando cayó en mis manos. Leí la contraportada y me dije: “un día me lo compraré”.
Pocos meses después pude comprobar que el libro iba por la quinta edición. Entonces me dije: “cuando pase la furia me lo compraré”.
Y va por la séptima edición, y cayó en mis manos.

Fin es la primera novela de David Monteaguado y tuvo bastante apoyo de los medios de comunicación y, como siempre, la exquisita presentación del libro en la colección Acantilado de Quaderns Crema. Todo eso ha llevado a la obra a tener el éxito que ha tenido. Pero con eso no hubiera bastado.

Un grupo de amigos se reúne en una casa perdida en medio de la montaña tras un largo periodo sin verse.
Todos y cada uno de ellos tiene una historia personal, una historia que no es independiente de lo que va sucediendo y que completa la historia (gran acierto del escritor).


“sois unos carrozones hechos polvo, estáis tarados, como todos los de vuestra edad. Todo igual, como mis padres: os pasáis la vida puteados, sin hacer nada de lo que de verdad os apetece, y luego os quejáis. Todo… todo lo convertís en un trauma.”


Ya es noche cerrada y falta por llegar unos de los componentes del grupo, aunque no están demasiado preocupados por ello, en un principio.
A media noche se produce un inesperado apagón y uno de los allí reunidos desaparece. Todo parece indicar que se ha peleado con su pareja y que ha cogido camino de Villadiego.


“Os diré una cosa: si consigo tomarme un café recién hecho, y darme un baño… Por mi que venga el fin del mundo. Ya me da igual, ya todo me da igual.”


A partir de ahí la novela va navegando por diferente escenarios, digamos que en una búsqueda desesperada de la luz; de la respuesta.
Te sientes cautivado por los acontecimientos y no puedes dejar de leer sabiendo que en cualquier momento desaparecerá otro componente del grupo. ¿Hasta cuándo? ¿Cuántos? ¿Estamos solos en el mundo?

Casi todos los expertos la comparan con la novela de Stephen King El cazador de sueños, donde un drama banal y generacional se va convirtiendo poco a poco en una pesadilla. Pero Monteaguado huye de los convencionalismos al dejar hablar a los protagonistas. Ellos son los que nos explican sus miedos y los comparten con nosotros.

Fin es una metáfora del fin del mundo. ¿Os lo podéis imaginar? Él lo ha hecho.


“Resulta difícil calcular las proporciones desde la distancia a la que se encuentran, viendo la figura solamente en silueta, sin rasgos ni extremidades; resulta difícil calcularlo cuando a uno le domina un miedo paralizante e irracional.”


A mí me ha faltado algo más. Creo que el final no está acorde con toda la historia, aunque tal como la plantea el autor no tenía otro remedio. Se podría decir que es el mejor final posible para los caminos tomados. Pero como digo, creo que no me cuadra un importante pequeño echo: la cabaña tenía algún tipo de protección. (Quizás no entendáis nada, pero es por no truncar la trama. Si la leéis lo entenderéis).

“Pero dime, bonita, ¿cómo explicas entonces… todo esto que está pasando?”


Os recomiendo su lectura, básicamente porqué mientras la leía, pensé que sería la mejor novela que me había leído este año.

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