domingo, 17 de octubre de 2010

La soledad de los números primos



Desde el día de su lanzamiento quise leer esta novela. Supe desde ese momento que me gustaría y por eso no la leí en su día. La deje reposar sabiendo que tarde o temprano, cuando necesitara de ella la encontraría.
Y han sido casi dos años después de su indudable éxito comercial en España cuando la leí. Y han sido casi dos meses después de acabar su lectura cuando he publicado este post (falta de tiempo, supongo).

No sé si queda alguien en el mundillo de la lectura que no conozca la novela, pero por si las moscas y por aquello que más vale prevenir que ir al médico, aquí os dejo mi recomendación total para su lectura.

No tengáis miedo, aunque el escritor sea un físico y aunque en determinados momentos de la novela las matemáticas salen a la luz, no hace falta saber mucho sobre ellas para disfrutar de su lectura. Paolo Giordano utiliza las matemáticas como lo que son en realidad, y que ha muchos les cuesta ver, una gran metáfora de todo aquello que sucede en este mundo.

“Son números solitarios, sospechosos, y por eso encantaban a Mattia, que unas veces pensaba que en esa serie figuraban por error.”

Unos capítulos de inicio brutales donde el lector se queda enganchado de inmediato y donde ya podemos comprobar que este autor es diferente a los demás en su forma de narrar (una excusa más para su lectura). Prosa fresca, nueva, seca, real, adictiva, que hace que quieras seguir leyendo sin parar, con unos personajes ciertamente impactantes.

Mattia y Alice tienes vidas conectadas pero al mismo tiempo separadas y eso le hace sufrir en muchos momentos, como en su infancia donde dos traumáticos sucesos les marcara sus vidas para siempre.



“Mattia pensaba que él y Alice eran éso, dos primos gemelos solos y perdidos, próximos pero nunca juntos. A ella no se lo había dicho. Cuando se imaginaba confiándole cosas así, la fina capa de sudor que cubría sus manos se evaporaba y durante los siguientes diez minutos era incapaz de tocar nada.”

El autor nos lleva mediante una prosa excepcional al interior de los personajes dejándonos ver su inmenso sufrimiento por un futuro no elegido, por la suma del día a día, por las palabras no dichas o por la incapacidad de poder decirlas.

El tiempo es implacable tiempo y parece destruir el amor idealizado por los protagonistas, justo cuando parece que puede realizarse. Los sentimientos de la adolescencia se diluyen en el paso a la edad adulta, que sin embargo, parece abrir una pequeña puerta a la esperanza.

Una novela que te arrastra aunque uno no quiera junto con Mattia y Alice a su particular infierno y del que se sentirán incapaces de salir como si de un pozo se tratara.
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