miércoles, 29 de diciembre de 2010

Cada siete olas, Daniel Glattauer


Sabéis, porqué alguna veces lo he dicho, que no me gusta publicar reseñas sobre libros que no me han acabado de gustar; de hecho este año he dejado de publicar bastantes, pues considero que no soy nadie para decir que un libro no me ha gustado, aunque tampoco lo soy para decir que me ha gustado, ¿no? Diciendo lo último no le hago daño a nadie.
¿Y por qué esta vez sí? Porqué lo prometí.

Creo que el gran sabor de boca que me dejo Contra el viento del norte, la primera parte, era difícil que pudiera ser superado por esta segunda. Quizás le tendría que haber hecho caso a Carmina y dejarlo para otro momento, o para nunca, pero el libro corría por casa ya que se lo regalé a mi compañera y a ella le había gustado, bueno, con matices, casi los mismos que voy a exponer yo.

En esa primera parte Daniel Glattauer supo sorprenderme con sus “diálogos”, con su frescura, con la novedad de cada uno de ellos. Por contra en Cada siete olas, creo que se ha repetido mucho y no sólo en la forma de la primera, si no en la misma novela. Las continuas idas y venidas de Leo y Emmi no tienen la misma fuerza, son muy similares, son esperadas, previsibles y llegó a cansarme. Tenía ganas de ir pasando páginas para llegar a algo nuevo, algo que me sorprendiera, algo que me hiciera abrir los ojos como en la primera. Pero no ha sido así. Incluso al llegar al esperado final, éste llegó como el que ya se ha comido un suculento pica-pica, un plato de sopa, medio cabrito y al llegar a los deliciosos postres se dice: “ya no puedo más”, y se come el delicioso pastelito de manzana que tanto le gusta sin disfrutarlo.

Creo que puede ser bueno descansar un tiempo después de la lectura de Contra el viento del norte para poder afrontar la lectura de Cada siete olas. Quizás así el interés del lector sea mayor y lo clichés no le suena a manidos.

Lo que más me ha gustado es el título, y no quería hablar de él por no romper la magia, pero como he visto que en la contraportada lo explica, aprovecho para ello.
¿Nunca os habéis quedado embobados mirando las idas y venidas de las olas en el mar? Yo sí y no hace tanto. Recuerdo perfectamente, aunque en aquel momento no fui consciente de ello, que teníamos que esperar un número de olas concreto para poder ver la espuma y así poder sacar una buena fotografía. No sé deciros si eran seis o siete, pero se dice que las seis primeras olas van sincronizadas, una detrás de otra, sin molestarse, en harmonía y que, a veces, es la séptima ola la que rompe, la que provoca un cambio, un salto, una oportunidad.

Cada siete olas tienes la oportunidad de comenzar de nuevo, la oportunidad de sorprenderte, la oportunidad de enamorarte para siempre.
El 1 de Enero llega la séptima ola para muchos, aquellos que no han tenido un buen 2010 y quieren pasar páginas. Adelante, ánimo, que la vida son dos días y no podemos pasarnos la mitad de ella pensando en la otra mitad.
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