domingo, 26 de diciembre de 2010

Contra el viento del norte, Daniel Glattauer


Se está acabando el año y es ahora cuando noto que más estoy disfrutando de la lectura. Espero que esta reseña no sea la última del club de lectura 2010 en Cruces de Caminos.

¡Aún estáis a tiempo de comprar (tomar prestado) y leer uno de los libros más frescos, más directos y adictivos del panorama literario actual! Otros lo han intentado, pero no han logrado superar el reto de escribir una novela de principio a fin mediante correos electrónicos.

Hace unos meses, cuando salió publicado, lo tuve en mis manos y, como casi siempre durante este año, no me acabó de convencer la contra. Creo que no tenía ganas de leer la propuesta que me hacía un escritor austriaco, que no conocía nadie, del cual se publicaba por primera vez en España y que incluso no tenía Wikipedia en español. Pensé que sería una novela azucarada para aprovechar el tirón navideño y por eso la dejé en la estantería. Recuerdo perfectamente que el librero le dijo a una clienta: “llévatela, te gustará y en una sentada te la lees como el que no quiere la cosa”, pero ni por esas la compré aquel día.

Fue hace poco menos de 20 días, cuando mi amiga bloguera Carmina publicó su reseña sobre el libro y os aconsejaría que dejarais de leer esta y que directamente leyerais la de Carmina, ya que fue a raíz de su lectura por la que decidí comprárselo a mi compañera.
Cuando ví que en poco más de tres días se lo había leído y que había caído en un estado de adicción tal, decidí dos cosas: 1) Leerlo yo, 2) Comprarle la segunda parte (pues si no podía tener problemas en casa).
Atención, ahora no digáis: “como tiene segunda parte no me lo voy a leer”. Sería una gran equivocación, ya que éste como tal tiene un final redondo, y que final, aunque la propia inercia del libro y la fuerza de sus personajes os llevará a leer, creo yo, la segunda. Yo quiero saber más, no me puedo quedar así sabiendo que existe una segunda parte.
Es un final realista, como indica Carmina en su reseña; no es un final artificial; creo que es el final que tenía que ser para mantener la fuerza global del libro. Otro tipo de final hubiera hecho decaer esa globalidad.

Leo y Emmi son los protagonistas de la historia y todo comienza de la forma más sencilla; un correo enviado por error de Emmi a Leo. A partir de aquí comenzará una correspondencia electrónica que irá creciendo en intensidad y que el autor sabe controlar a la perfección. Y es que al escribir este tipo de libros se puede caer, de forma muy fácil, en querer explicar demasiado y perder la intensidad. Pero no es así. El lector va descubriendo correo a correo de formar mesurada quienes son Leo y Emmi y cuales son sus intenciones, así como la aparición de un tercer personaje: el marido de Emmi que juega el rol de la parte reflexiva del texto y que justamente es el contrapunto de ese equilibrio que antes comentaba.

Si la queréis encasillar en el grupo de las novelas románticas lo podéis hacer aunque yo no la considero como tal. Creo que tiene muchas más virtudes que ser una novela romántica. Sí, explica una historia que pasa del blanco al azul pasando por el negro y el gris, incluso el verde y el rojo tienen cabida. Múltiples matices que la enriquecen.

A mi lo que más me ha enganchado es la psicología de los personajes y el ir descubriendo poco a poco lo que piensan, como actúan, como actuarían, así como la fuerza de los diálogos y su dureza en algunos casos como lo son los de Emmi que es excesivamente dura y por lo que pedirá disculpas en múltiples ocasiones. Y es que no es fácil darle matices a los diálogos cibernéticos. El no ver la cara del otro y que no te la vean puede hacer que los mensajes se interpreten de formas variadas y provoquen problemas.

Y no me quiero alargar mucho más. Creo que ha quedado suficientemente claro que es una lectura que recomiendo; que es un regalo que poder hacer por estas fechas y que os hará quedar la mar de bien.
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