jueves, 23 de diciembre de 2010

El profesor, John Katzenbach


Conocí a John Katzenbach mediante la lectura de Historia del loco (2004) que me fascinó por completo. No sé porqué, pero nunca tuve el tiempo ni el momento de leerme su novela más conocida El Psicoanalista (2002) por el que se le reconoce mundialmente y del sus editores no dudan en recordarnos en cada nueva novedad editorial del autor que  lo escribió él como si no hubiera escrito nada más.
Varios de sus libros ha sido llevados a la gran pantalla: Llamada a un reportero (basado en El calor de la noche (1982), su primera novela y que me gustó); Juicio final (1992); y quizás la más famosa, La guerra de Hart (1999). Ahora mismo se está preparando la adaptación de La historia del loco.

Con John Katzenbach se ha hecho como con muchos otros escritores, se empieza publicando su mejor libro y luego se van publicando libros los viejos. Durantes los últimos casi cinco años ha sido así, por eso cuando vi una novedad de 2010 me tiré a ella. Y fue un error, lo tengo que reconocer.

Me siento bastante decepcionado con la lectura del Profesor, pues a mi entender aporta poco al panorama literario; su lectura se hace eterna al sobrarle demasiados detalles; el caso es totalmente predecible, incluido el final; no explota, como lo hizo en anteriores libros, la psicología de los personajes en si, lo hace mediante los muertos que rodean al profesor Thomas, personaje principal de la novela, y quizás una pega más, el título, creo que su elección no es nada acertada.

Larsson ha hecho mucho daño, tanto positivo como negativo (y no es momento de alargarme en ello, cosa que ya he hecho en otras entradas). Volver a escribir sobre el tema de los abusos a mujeres, y más en concreto, sobre el abuso a menores, es un tema manido literariamente en estos días, y es lo que ha hecho Katzenbach.

Ya he comentado que me tiré de cabeza al libro, igual que hice con la última novela de Reverte que tengo por acabar, pero me pareció interesante leer sobre un personaje al que se le daban unos meses de vida. ¿Qué iba a hacer en esos meses? Eso es lo que más me interesó y lo que no me ha sabido responder, como yo quería que me respondiera la novela. Sí, los dedica a buscar a una niña secuestrada que no conoce. ¿Por qué busca a una desconocida? Por la falta de familia. Su mujer se suicidó por no soportar la perdida de su único hijo y su hermano también hizo lo propio por razones distintas. A partir de ahí, los fantasmas de los tres personajes antes mencionados, van guiando a muestro protagonista y el cual va tomando decisiones a partir de lo que deciden los muertos. Es como su comité consultivo. Un poco surrealista, ¿no? Pero más que surrealista es cansino. Me ha aburrido mucho leer esas páginas donde el profesor Thomas era una mera marioneta de sus fantasmas y tenía que esperar que se le aparecieran para poder tomar decisiones (se pasa páginas llamándolos). Incluso los fantasmas tenían reglas, como la de no poder entrar en según que casas (un poco cómico, sí).

Jennifer es una adolescente que no está contenta con la vida que lleva y decide escaparse en múltiples ocasiones de su casa sin conseguirlo, tantas que incluso la policía lo toma como una rutina y no le dan ninguna importancia a su última desaparición. Pero esta vez es un secuestro, o parece un secuestro, ya que el único testigo es el profesor Thomas que tampoco sabe lo que ha visto.  

Y ya tenemos el argumento de la novela: chica secuestrada; pareja de malos que intentan sacar un provecho económico vía internet de la pobre; profesor que ve fantasmas y que intenta buscarla como si de su hijo muerto se tratara pensando que así volverá; policía que no entiende nada y no cree nada, y el toque del depravado sexual que iniciará al profesor en los sórdidos caminos de la pornografía.
Quizás una de las partes que más me ha interesado sea la vida de la policía, una mujer con dos hijas y con una vecina que se las cuida cuando tiene una emergencia, pero el autor pasa de puntillas sobre ella.

Más de 400 páginas donde en las 300 primeras no acaba de pasar casi nada, y previsible final en las últimas 40, como si tuviera prisa por acabar cuando no lo había tenido para explicar todas y cada una de las anécdotas de la familia de fantasmas. Cada acción del libro, por trivial que sea, tiene una explicación y eso hace que el ritmo se rompa constantemente, mala cosa para un thriller.

En definitiva, si todavía no habéis leído nada de Katzenbach, mejor empezar por La Historia del loco y dejar El profesor al final de la larga lista de libros publicados en 2010.


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