martes, 7 de diciembre de 2010

La caída de los gigantes, Ken Follett


Debería decir que por fin me he acabado la última novela de Ken Follett (1017 páginas), pero lo que realmente debo decir, es que por desgracia se acabó, aunque por suerte, “La caída de los gigantes” está incluida en una trilogía que no me perderé.

Es muy fácil banalizar el trabajo de los escritores de best sellers criticando su forma de escribir, su repetición de contenidos, su superflua escritura, o por decirlo de otra forma, la poca personalidad que pueden tener normalmente.
Yo creo, como muchos, que los escritores de best sellers comen a parte en las librerías y que si uno se acerca a uno de ellos no es por encontrar nada nuevo, simplemente por el hecho de pasar un buen rato. Existen momentos así para los que, como a mí, le gusta buscar nuevos escritores y experimentar nuevas sensaciones, pero no podemos dejar de lado que la gran mayoría de los lectores buscan una lectura fácil, entretenida, y no se preocupan por la forma. De ahí que dichos escritores tengan tanto éxito y puedan crear envidia sana, que no es el caso. Utilizando las palabras un famoso escritor de provincias y articulista de otro famoso diario de provincias: “prefiero mil lectores que se lean de verdad mis libros que millones que lo llevan debajo del brazo para alardear de su lectura sin hacerlo”.

Quisiera romper una lanza en favor de Ken Follett, ya que sí, es un escritor de best sellers, pero no sólo eso. En “La caída de los gigantes” he podido conocer algunos entresijos de la Primera Guerra Mundial, que claro está, tenía ganas de conocer. He podido vivir la caída del zarismo en la gran Rusia; el como por primera vez se consiguió el voto de la mujer en Inglaterra; las condiciones de trabajo en las minas escocesas de principio del siglo XX; saber que Lenin no era un tipo muy simpático de por sí y como el poder corrompe a los que parecen más nobles; el como la clase obrera, con su constancia, poco a poco consigue mejoras laborales, y tantas otras cosas que podría haber encontrado en otros libros, pero no de forma tan amena como en este.
Y es que Ken Follett sabe hilvanar, como nadie, historias paralelas que hacen disfrutar al lector, además de informar. Nos hace viajar desde Escocia a Londres, pasando por París, Berlín, San Petesburgo o Moscú, metiéndonos en las malolientes trincheras de esa Primera Guerra Mundial o en los embarrados campos de batalla a la horilla del río Somme
El escritor es mucho más conocido por “Los pilares de la tierra” o por “El mundo sin fin”, pero yo no me cansaré de decir que el mejor Follett es el que escribe sobre temas casi contemporáneos como demostró en sus novelas: Alto riesgo (2001), Vuelo final (2002), o la genial, En el blanco (2004), entre otras y que os recomiendo.

Me ha gustado la explicación que hace el autor sobre la regla que sigue al novelar acontecimientos históricos: “o bien la escena sucedió, o bien podría haber sucedido; o se pronunciaron esas palabras, o se podrían haber pronunciado. Y si encuentro algún motivo por el que la escena no podría haber tenido lugar en la vida real, o por el que las palabras no podrían haberse pronunciado, la elimino”.

Ken Follett siempre tendrá sobre si la sombra de “Los pilares de la tierra” y de ella nunca se podrá librar, aunque él lo intente, aunque supongo que esa sombra también le ha venido muy bien, pero no para las críticas, pues muchos lectores recuerdan la sombra y no el presente. Quizás sea que no se han vuelto a leer ningún otro libro del autor. Que mal pensado que soy.
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