viernes, 10 de diciembre de 2010

Matar y guardar la ropa, Carlos Salem


Hace algo más de un año un compañero de trabajo me habló de su nueva adquisición: “Matar y guardar la ropa” de Carlos Salem. Yo le comenté que no había oído el nombre del libro ni del autor y que no le podía indicar nada al respecto. Él la había escuchado en una radio local y se decidió a comprarla.
Después de su lectura, mi compañero de trabajo, estaba entusiasmado y me dijo que me lo podía prestar para leerla. Aquellos días iba un poco cargado de libros y quehaceres y le dije que lo tenía en cuenta y que llegaría el día en que la leería.
Y por suerte así ha sido.

Debo decir, nada más empezar esta pequeña crítica, que “Matar y guardar la ropa” es uno de los libros que más me han entusiasmado este año. De lectura ágil, fácil, fresca, divertido, amena, como el propio autor dice cuando en los agradecimientos se acuerda del gran escritor de novela policíaca Andrea Camilleri:

…el camino de la sencillez es el más complejo y también el más divertido.

Tanto es el agradecimiento del autor al escritor italiano que uno de los personajes de la novela lleva su nombre. Es uno de los puntos geniales que tiene el libro, sobre todo, cuando Juan, el protagonista, tiene una charla con Camilleri y este le explica como debe afrontar el echo de escribir una novela policíaca. No tienen desperdicio esas páginas. A mi personalmente me ha motivado muchísimo para poder iniciar el anhelado proyecto de escribir una novela policíaca algún día.

-A ti lo que te gusta es matar y guardar la ropa – me decía siempre el viejo Número Tres

La novela está llena de simbolismo y de enseñanzas. Durante toda la novela el protagonista recuerda el pasado junto a su maestro en el arte de matar, el viejo Número Tres. Estás conversaciones, esas vivencias me parecen muy acertadas a la hora de darle ritmo/descanso a la novela y sobre todo, saber el porqué Juan lo tuvo que matar. Esperas en cada momento que te explique los motivos que tú lector intentas adivinar.

La verdad, casi siempre, es una mierda, solía decirme el viejo Tres. Dicen que te hace libre. Pero algunas verdades pueden matarte.

Otro punto fuerte, también muy simbólico e importante en la novela, es la cueva que Camilleri le enseña a Juan. Es como un refugio espiritual donde escapar del mundo y lograr la paz. Camilleri le dice a Juan que sólo le tiene que enseñar la ubicación de la cueva a alguien muy especial.
Juan se la enseñará a su hijo pequeño que está pasando una preadolescencia y necesita más que nunca a su lado la figura paterna (Juan está separado de Leticia desde hace tres años y por cuestiones laborales pasa poco tiempo junto a sus hijos. Además está ha rehecho su vida con un famoso abogado y están en el proceso de aceptación familiar).
Los problemas familiares son otro punto fuerte de la novela, ya que nos encontraremos con divertidas escenas, pues no lo he dicho hasta ahora, pero el escenario de la novela es un camping nudista donde se encontraran codo con codo, Juan, los niños, Leticia y el juez. Supongo que os podéis imaginar la escena de toda la familia en pelota picada sentada alrededor de una mesa de camping a la que han invitado una tía buenorra que se ha hecho amiga de Juan.

Exijo que al final de la novela pueda vivir sin mentiras, saber si soy Juanito a el Número Tres. Saber. Vivir. Amar. Aunque duela, aunque pueda morir tratando de conjugar esos verbos.
Si a una novela con una buena trama, un buen ritmo y unas sonrisas se le añade un buen que os hago desde ya.

“Matar y guardar la ropa” es una de esas novelas que en un momento de crisis lectora te hace revivir las ganas de leer. A mi me ha pasado y debo deciros que ahora que estoy comenzando una nueva novela la hecho de menos y tengo aquella sensación de tedio con la lectura que tengo entre manos; espero que pase.

Que disfrutéis del camping nudista. Y no tengáis vergüenza de mostraros al mundo.




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