viernes, 12 de marzo de 2010

El libro del Cementerio



Gran sabor de boca y mente el que deja esta preciosa aventura. Y es que El libro del Cementerio aún y estando destinada a un público juvenil, también engancha a los adultos por su estética bartoniana. Y claro, me pregunto: ¿Dónde está el límite entre novela juvenil y para adultos? ¿Existe realmente?

Neil Gaiman es el autor de la novela. Su creación más famosa es la serie de historietas The Sandman, además de la novela Coraline (2002) de la que se hizo una versión cinematográfica.
Tiene doce novelas publicadas hasta el momento y en una de ellas, Buenos presagios, la escribió a dos manos con Terry Pratchett.

La novela tiene un inicio muy rápido y en pocas páginas nos consigue presentar a los personajes principales de la historia: Nadie (curioso nombre para el personaje principal) y Silas (el tutor de Nadie). Estos dos son los vertebradotes de la historia aderezada con otros muchos y entrañables habitantes del cementerio.
Creo que una de las virtudes del escritor es que al presentarte a los personajes a partir de la inscripción que hay en su lápida, consigue un efecto de proximidad y hace que te encariñes con casi todos ellos, incluso los supuestamente malos.

El libro nos explica las vivencias de Nadie Owens en el particular cementerio donde vivirá y de cómo va creciendo entre sus amigos los muertos.
Tengo que decir que a mi el tema fantasma no me hace mucho, pero como he comentado, el escritor hace que te olvides de que están muertos y que lo vivas como una historia cualquiera.



“Tú estás vivo, Nad. Y eso significa que tienes infinitas posibilidades. Puedes hacer lo que quieras, puedes soñar lo que quieras. Si tú deseas cambiar el mundo, el mundo cambiará”

El autor nos dice:

“Primero, por encima de todo y siempre, he de reconocer que este libro le debe mucho, consciente e inconscientemente, a Rudyard Kipling y a los dos volúmenes de El libro de la selva.”
Y sí, tiene un cierto perfume a él pero puesto en otro ambiente. No podía el autor haber encontrado un escenario más ideal para desarrollar su historia en un ambiente victoriano y neogótico un tanto siniestro y misterioso, pero lleno de una asombrosa vitalidad.

“Haz frente a la vida,
Habrá dolor y también alegría,
No dejes de explorar todos los caminos”


Y para finalizar: sin grandes pretensiones literarias, de lectura rápida, sencilla y como no, recomendada desde este blog.



Sinopsi

Escuchad esta trágica historia: una familia que duerme, un asesino sin compasión y una criatura aventurera, un huérfano que escapa de la muerte. ¿O no?

El pequeño escapa del peligro y consigue gatear hasta lo más alto de la colina. Detrás de la valla que se encuentra, existe un lugar oscuro y tranquilo, un cementerio lleno de una vida especial. El niño es recibido allí donde los muertos no duermen y todos los que allí habitan deciden brindarle su protección, porque fuera, tras la valla que separa a la ciudad de sus fantasmas, el asesino vil espera pacientemente.

El niño sin padres, sin lugar en el mundo, sin nombre, será acogido por los espíritus amables, que hacen un pacto para protegerlo. Lo llamarán Nadie, porque no se parece a nadie más que a sí mismo. Será Nad para sus “padres”, Nad para sus compañeros de juegos, niños que nunca más crecerán, Nad para su mentor. Y Nadie para el hombre que lo busca para matarlo.

domingo, 7 de marzo de 2010

Walden, la vida en los bosques


Hacía muchos años que había visto la gran película: “El Club de los Poetas Muertos” y este fin de semana decidimos volver a verla para saborearla de nuevo; y que buen sabor de boca nos volvió a dejar.
Supongo que casi todo el mundo la ha visto, pero por si acaso, ya podéis correr a buscarla en alguna biblioteca, o verla en alguna de las muchas plataformas que existen en Internet.

Esta vez no hablaré del Capitán, el más famoso Capitán que existe después del Capitán Haddock o el Capitán Ahab. Está vez os quiero dejar el parágrafo que utilizaban los del Club de los Poetas Muertos al iniciar sus sesiones.
Dicho texto está incluido en el relato titulado: Walden, la vida en los bosques que escribió en 1854, Heny David Thoreau (1817-1862), y del cual no descarto extraer nuevas partes para vuestro disfrute.


“Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido. No quería vivir lo que no fuera la vida; ¡es tan hermoso el vivir!; tampoco quise practicar la resignación, a no ser que fuera absolutamente necesaria. Quise vivir profundamente y extraer toda la médula de la vida, vivir en forma tan dura y espartana como para derrotar todo lo que no fuera vida, cortar una amplia ringlera al ras del suelo, llevar la vida a un rincón y reducirla a sus menores elementos, y si fuera mezquina, obtener toda su genuina mezquindad y dar a conocer su mezquindad al mundo, o si fuera sublime, saberlo por propia experiencia y poder dar un verdadero resumen de ello en mi próxima salida. “


lunes, 1 de marzo de 2010

La analfabeta de Agota Kristof



Existen días que sin esperarlo, sin buscarlo, te encuentras con una buena lectura. Es como si el sol saliera por sorpresa en un día en el que el tío del tiempo anunció chubascos torrenciales (y no lo digo por quejarme de los meteorólogos, ya que el acierto está por encima del 95%).

La analfabeta es un pequeño libro de 52 páginas, pero no por pequeño menos bueno. Escrito por la húngara Agota Kristof nos explica en once relatos pequeñas historias que marcaron su vida. Unas páginas que han sido definidas por la crítica como «un regalo para el intelecto».

Nos habla del exilio forzado que sufrió durante la segunda Guerra Mundial, de la soledad que ese exilio le produjo y escribe: “Tengo claro que yo escribiría igual, tanto da donde y en que lengua”.
Continua con el camino por el desierto de las sensaciones en el exilio, lejos de su patria y donde todos esperaban una integración que muchos no deseaban.

Interesantísimo el relato que dedica a: “¿Cómo se vuelve uno escritor?” y nos explica:” escribiendo con paciencia y tenacidad y sin perder nunca la fe en aquello que se escribe”.
Muy bueno la referencia que hace a la enfermedad de la lectura y de cómo esa enfermedad la llevó a la escritura y de los inicios de esta mediante la poesía que escribía en el internado donde estuvo recluida.

Nos habla de los duro que es ser pobre y de la imaginación que le puso al crear pequeños guiones teatrales para poder sacar lo justo para poder comer.
Con mucho sentimiento nos dice que existe un “sabotaje intelectual nacional”, es decir, la perdida de la identidad y de cómo se impuso el alemán y más tarde el ruso para erradicar el húngaro.
Del adoctrinamiento y lo que supuso la muerte de Stalin para el pueblo húngaro: “Esperamos 36 años más para que el Padre muriera de verdad, para que nuestro faro iluminador se apagara, y para siempre, esperamos”.



Una historia hecha de historias llenas de lucidez y humor. Sus palabras nunca son tristes, son implacablemente justas y precisas. Todo el mundo de Agota Kristof está aquí, en este libro caracterizado por frases breves, minimalistas, diminutas en las que se perciben en todo momento las grandes reflexiones y los poderosos pensamientos que las han provocado.

De lectura muy recomendada para los que quieran ser escritores y para los que les gusta degustar pequeños tesoros literarios.