martes, 28 de septiembre de 2010

El país de las últimas cosas, Paul Auster



Aunque ahora lleve unos años enganchado a la novela negra, y en anteriores años a la novela histórica, siempre voy buscando algo diferente que leer para desconectar.
Últimamente me cuesta un poco encontrar libros que me digan algo, que me pidan que los compre a sabiendas que lo voy a disfruta. Por suerte no todo son novedades y de vez en cuando vas a la biblioteca y te pasas unas horas mirando, buscando. Otra veces es el consejo de un amigo el que te hace encontrar lo que buscabas, y otras un regalo. En El país de las últimas cosas (Paul Auster, 1987) ha sido así.

Si habéis leído algo de Paul Auster, sabréis que la lectura de sus novelas no deja indiferente a nadie. Yo es el quinto libro que leo de él y creo que uno de los que más me ha atraído desde el inicio de su lectura.

Una buena lectura creo que se basa en enganchar rápidamente al lector desde las primeras páginas e ir subiendo y bajando en intensidad a medida que trascurre la historia, sin muchas puntas, sin cambios bruscos. Y para rematar, tener un final que te deje diez, veinte,…, minutos pensando en él. Con El país de las últimas cosas se cumple la regla a la perfección, y además se cumple otra que toca la moral al lector: quieres saber más.

La historia es tan fuerte, tan impactante (recomiendo estar alegre anímicamente para embarcarse en su lectura) que cuando llega el final quieres que siga la historia. Creo que es un final demasiado abierto, demasiado, imagínate lo que sucederá. Y eso es lo que me pregunto yo: ¿Qué sucederá? ¿Encontrará Anna lo que andaba buscando y le llevo al País de las últimas cosas? ¿Dónde se encuentra ese País? ¿Toda la novela es una gran metáfora? ¿Es el País un resultado de sus habitantes o es el País lo que los forma así?
La protagonista de la novela, Anna Blume llega a un extraño país en busca de su hermano desaparecido. El país es un caos: los cadáveres son utilizados como combustible, las gente se intenta suicidar corriendo hasta la extenuación, el gobierno es totalmente ineficaz y corrupto, la comida escasea. Todo esto me ha hecho recordar el Ensayo sobre la ceguera (José Saramago) y que recomiendo desde ya, aunque el maestro portugués profundiza más en el por qué de las cosas, las causas y sus consecuencias. Me gustaría saber si se había leído el libro de Auster antes de escribirlo.

El libro es como una gran carta que escribe Anna Blume supuestamente a alguien muy querido. Me gustó como el autor explica el por qué empieza a escribir la historia, pero no penséis que el formato es de carta, es una carta novelada, si se puede llamar así. A partir de ahí nos va explicando lo que le va sucediendo a medida que pasa el tiempo en aquel país y vamos conociendo las extrañas costumbres instauradas, así como peculiares personajes que en algunos casos la acogerán, en otros la amarán, y en casi todos la ayudarán.
Creo que el libro, al contrario que el de Saramago, se queda corto a la hora de profundizar sobre el tema de la desesperación, del sentirse perdido, de la supervivencia. Auster se centra más el los acontecimientos vividos por la protagonista. Pero no quisiera olvidarme de la gran virtud del libro: Auster nos advierte del peligro que corremos de crear un lugar como ese. ¿Estamos creando un mundo así? ¿Vamos hacía un mundo así?

“Éstas son las últimas cosas –escribía ella–. Desaparecen una a una y no vuelven nunca más. Puedo hablarte de las que yo he visto, de las que ya no existen; pero dudo que haya tiempo para ello. Ahora todo ocurre tan rápidamente que no puedo seguir el ritmo.
No espero que me entiendas. Tú no has visto nada de esto y, aunque lo intentaras, jamás podrías imaginártelo. Éstas son las últimas cosas. Una casa está aquí un día y al día siguiente desaparece. Una calle, por la que uno caminaba ayer, hoy ya no está aquí. Incluso el clima cambia de forma continua: un día de sol, seguido de uno de lluvia; un día de nieve, luego uno de niebla; templado, después fresco; viento seguido de quietud; un rato de frío intenso y hoy, por ejemplo, en pleno invierno, una tarde de luz esplendorosa, tan cálida que no necesitas llevar más que un jersey.”

Una anécdota: buscando la sinopsis del libro he visto que casi todas las web tienen una que no se ajusta a la del libro. Supongo que será esa manía de copiar y pegar sin mirar.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Nadie lo ha visto, Mari Jungstedt



Fue después de la finalización de la lectura de “Nadie lo ha visto” cuando tuve la necesidad de escribir el pequeño artículo “Efecto Larsson, vino aguado” que publiqué hace unos días en este blog.

Supongo que os preguntaréis que hacía yo leyendo una novela policiaca sueca después de explicaros que la cosa pintaba mal. Es bastante sencillo, me gusta comprobar las cosas para poder luego explicarlas y no hablar de oídas. Es como cuando compro una sandía, no sé si a vosotros os pasa igual, pero a mi siempre me salen buenas. Tengo la teoría que todas son buenas, aunque sé que existen las que no lo están del todo. El otro día, sin ir más lejos, pensé que la que estaba comprando estaría pasada, y la compré justamente por eso, para comprobarlo y aprender. Estaba buenísima, por cierto.

Como me gusta enrollarme con subtramas. Lo siento.

Nadie lo ha visto es una novela escrita en 2003 por Mari Jungstedt y publicada en España en 2009 fruto del efecto Larsson y de la búsqueda desesperada, por parte de las editoriales, de un autor sueco con tirón. Todo esto que digo es comprobable al ver que las tres siguientes novelas de la saga se han publicado en menos de un año en España.

A Mari Jungstedt se la quiere comparar con la mujer de moda sueca en nuestro país Camilla Lackberg, pero tengo que decir que está lejos de ser así. Las dos hacen unas buenas descripciones de los entornos suecos, en algunos casos llegas a tener frío y todo, pero mientras Camilla desarrolla con acierto las subtramas adyacentes al caso, así como las vidas de sus personajes centrales, en el caso de Mari no es así.

Mientras leía Nadie lo ha visto tenía una extraña sensación. Si quisiera ponerle palabras deberían ser frío y inanimado. Acabé la novela sin saber casi nada de su detective estrella Anders Knutas, o como mínimo yo no lo supe ver. Casi al final de la novela nos dijo que estaba casado y que su mujer estaba preocupado por él. Algo más sabemos de la vida del segundo protagonista, el periodista Johan Berg, pero tampoco es para tirar cohetes, aunque mantuvo la novela en tensión durante muchas páginas y se convirtió en una pieza clave para la resolución del caso.

Nada más empezar, un asesinato. Nadie sabe nada, nadie lo ha visto, sin pistas. Durante un buen número de páginas se desarrollando las pesquisas, sin rumbo, con interrogatorios vacios, incluso Knutas se refiere a ellos diciendo que estaban mal hecho, poco profundos. Cuando parece que la cosa se puede animar, es decir, cuando parece que vamos a saber algo más de los personajes, otra muere y el mismo procedimiento. Y a esta le sucede otra. Con todo, ya han pasado tres cuartas partes de la novela. Toca acabar.

En este punto tenía esperanzas de que la autora hubiera escogido al asesino entre los personajes que nos había presentado. Como dice PD.James, “se tiene que hacer partícipe al lector de las pesquisas”. Así que me fui haciendo una idea de quién podría ser y el por qué.
Creo que está mal resuelta la novela. ¿Por qué un asesino que no tiene miramientos con sus tres víctimas anteriores lo tiene con la última?

Sabéis que no me gusta publicar críticas que no animen a leer el libro, pero tenía que ser coherente con mi anterior artículo. No me gustaría acabar sin decir que quizás algún día, con el tiempo, le dé una segunda oportunidad a Mari Jungstedt y lea la segunda entrega. Mientras seguiré investigando, intentando encontrar un nuevo autor fetiche que seguir.

Resumen de la trama

La temporada turística empieza en la aparentemente tranquila isla sueca de Gotland. Como cada año, Helena, ahora residente en Estocolmo, vuelve a la isla en la que pasó los primeros años de su vida y celebra una fiesta con sus amigos de infancia. Pero Helena bebe más de la cuenta y acaba bailando con su amigo Kristian y provocando los celos de su marido Per. Cuando ya no puede soportarlo más, Per reacciona de forma violenta, poniendo punto y final al buen ambiente que se respiraba. Al día siguiente, Helena pasea por la playa para reflexionar sobre lo ocurrido cuando es salvajemente atacada por un hombre armado. Cuando se encuentra su cuerpo, cruelmente asesinado, su marido es inmediatamente inculpado. Pero unos días más tarde, aparece el cuerpo de Frida, una compañera de colegio de Helena, asesinada en las mismas circunstancias. La psicosis se apodera del pueblo y el inspector Anders Knutas deberá acelerar las investigaciones antes de que el asesino golpee de nuevo. Para ello podrá contar con la colaboración no siempre deseada del inquieto periodista Johan