jueves, 21 de octubre de 2010

Carteles de guerra


Mi amigo y compañero boggero Andreu Romero es el autor del cartel que acompaña este escrito y que publicó en su blog  Inenarrables hace unas horas.
El propio cartel y el comentario que lo acompaña me han ha hecho reflexionar sobre aquellos pioneros de los anuncios.

Desde sus inicios París (1870) los carteles propagandísticos han tenido que captar al público con un simple golpe de vista. Una única mirada tenía que atraer toda la atención, debía ser suficiente para atrapar a la gente dentro del cartel. Creo que se pensaba que de esa manera se hacía llegar el mensaje de forma más directa. Yo no opino lo mismo.

He sentido muchas veces que esos carteles de la guerra eran verdaderas obras de arte y no discrepo de ello, más aún me apoyo en ello para decir que era una arma de doble filo.

La interpretación del arte es totalmente subjetiva y ahí radica la clave de mi razonamiento.
Para el autor el dibujo del cartel, la composición del cartel tenía una interpretación concreta y ese fue el motivo por el cual lo realizó. Pero para la gente de a pie, aquella primera, rápida, fugaz visión podría ser interpretada de mil y una forma posibles y de esa forma poder llegar a distorsionar totalmente, y sin voluntad de hacerlo, el mensaje que se había pretendido transmitir.

Sigamos disfrutando de los carteles sin preocuparnos en absoluto en su significado concreto, verdadero. Dejémonos de moscas silbándonos en los oídos remarcándonos lo que el autor quiso decirnos. Sí, puede estar bien saberlo para crear una nueva interpretación, pero no para quedarnos con esa, ya que si no el arte no tendría razón de ser.

domingo, 17 de octubre de 2010

La soledad de los números primos



Desde el día de su lanzamiento quise leer esta novela. Supe desde ese momento que me gustaría y por eso no la leí en su día. La deje reposar sabiendo que tarde o temprano, cuando necesitara de ella la encontraría.
Y han sido casi dos años después de su indudable éxito comercial en España cuando la leí. Y han sido casi dos meses después de acabar su lectura cuando he publicado este post (falta de tiempo, supongo).

No sé si queda alguien en el mundillo de la lectura que no conozca la novela, pero por si las moscas y por aquello que más vale prevenir que ir al médico, aquí os dejo mi recomendación total para su lectura.

No tengáis miedo, aunque el escritor sea un físico y aunque en determinados momentos de la novela las matemáticas salen a la luz, no hace falta saber mucho sobre ellas para disfrutar de su lectura. Paolo Giordano utiliza las matemáticas como lo que son en realidad, y que ha muchos les cuesta ver, una gran metáfora de todo aquello que sucede en este mundo.

“Son números solitarios, sospechosos, y por eso encantaban a Mattia, que unas veces pensaba que en esa serie figuraban por error.”

Unos capítulos de inicio brutales donde el lector se queda enganchado de inmediato y donde ya podemos comprobar que este autor es diferente a los demás en su forma de narrar (una excusa más para su lectura). Prosa fresca, nueva, seca, real, adictiva, que hace que quieras seguir leyendo sin parar, con unos personajes ciertamente impactantes.

Mattia y Alice tienes vidas conectadas pero al mismo tiempo separadas y eso le hace sufrir en muchos momentos, como en su infancia donde dos traumáticos sucesos les marcara sus vidas para siempre.



“Mattia pensaba que él y Alice eran éso, dos primos gemelos solos y perdidos, próximos pero nunca juntos. A ella no se lo había dicho. Cuando se imaginaba confiándole cosas así, la fina capa de sudor que cubría sus manos se evaporaba y durante los siguientes diez minutos era incapaz de tocar nada.”

El autor nos lleva mediante una prosa excepcional al interior de los personajes dejándonos ver su inmenso sufrimiento por un futuro no elegido, por la suma del día a día, por las palabras no dichas o por la incapacidad de poder decirlas.

El tiempo es implacable tiempo y parece destruir el amor idealizado por los protagonistas, justo cuando parece que puede realizarse. Los sentimientos de la adolescencia se diluyen en el paso a la edad adulta, que sin embargo, parece abrir una pequeña puerta a la esperanza.

Una novela que te arrastra aunque uno no quiera junto con Mattia y Alice a su particular infierno y del que se sentirán incapaces de salir como si de un pozo se tratara.

miércoles, 13 de octubre de 2010

La fábrica de avispas, Iain Banks



“Hace años que no mato a nadie, y no pienso volver a hacerlo nunca más. Fue solo una mala racha que estaba pasando”, dice Frank, el adolescente protagonista de la novela de Iain Banks “La fábrica de avispas”.

Hace aproximadamente un mes leí un artículo que hablaba del autor, curioso autor. Escribe con dos nombres; Iain Banks cuando se trata de novelas contemporáneas y Iain M. Banks cuando lo hace en el campo de la ciencia ficción donde es mucho más conocido. Fue ese el campo que más me interesó, pero no encontré en ninguna librería el primer libro de su saga “La Cultura” donde inventa un nuevo mundo y que me hizo recordar la fabulosa saga “Fundación” de Isaac Asimov (recomendada en múltiples ocasiones en este blog).

Me dirigí a la biblioteca a ver si tenía más suerte, pero tampoco estaba. Lo que si encontré fue su novela “La fábrica de avispas” de la que también hablaba el artículo antes referido. Así que no quise esperar y la cogí para adentrarme en su literatura y así comprobar si me convencía su escritura o no. Y no me ha defraudado.

“Maté a Esmeralda porque me pareció que me lo debía a mí mismo y al mundo en general”, es la voz de Frank el cual vive solo junto a su padre en la costa escocesa en una pequeña isla y donde ha crecido inmerso en un mundo de creación propia. La soledad hace que el ser humano tenga tendencia a crear submundos donde sentirse seguro y donde la soledad se vea difuminada y tan sólo aparezca cuando alguien entra en esos mundos. No quisiera justificar los actos delictivos de Frank, pero creo entender que todos aquellos que se atrevieron a perturbar su mundo acabaron muertos.

La situación de su padre no es mucho mejor. Un buen día su mujer lo dejó por otro diciéndole que nunca lo había querido, para aparecer meses más tarde embarazada de ocho meses y pidiéndole ayuda, sin ser hijo suyo. La soledad hace que renazca la esperanza de que su vuelta sea para siempre aunque siga sin quererlo. Él compensaría esa falta de amor y amaría por los dos.

No desvelo nada que no se sepa al leer la contra del libro; “La fábrica de avispas” es un invento de Frank, un artefacto oracular en el cual lee el futuro mediante el sufrimiento y muerte de las avispas. Y no es el único que maltrata animales ya que Erik, el perturbado hermano de Frank, se dedica a quemar perros, ovejas,…, y a meter gusanos en la boca de los más pequeños. Por suerte lleva tiempo encerrado, pero es muy listo y en cualquier momento podría escapar de su forzosa reclusión.

“Nuestras vidas no son más que símbolos. Todo lo que hacemos forma parte de un patrón sobre el que, al menos, tenemos derecho a decidir”. Así intenta actuar Frank con la fábrica de avispas. Un Frank que ha creado sus propias reglas morales. Sabe que vive en un universo personal que el resto de la humanidad no comparte. Y a él le gusta así, se siente protegido y lo defiende hasta las últimas consecuencias.

El final de la novela es sorprendente. Tan sólo decir que se puede llegar a entender el porqué del mundo de Frank, que no justificar. Frank es fuerte y sabrá sobreponerse, o eso creo yo.

“Sentado allí, pensando en mi propia vida, en mis tres muertes, me dan ganas de reír o de llorar, o de ambas cosas. En cierto modo ahora son cuatro muertes después de que la verdad de mi padre haya matado lo que yo era.”


La fábrica de avispas en PDF

martes, 5 de octubre de 2010

Paciencia



Hoy he escuchado una reflexión que me ha gustado mucho y que en los días que corren creo que viene ni que pintada.

Comienza así:

“Después de plantada la semilla del bambú chino, no se ve nada durante aproximadamente cinco años, excepto un diminuto brote. Todo el crecimiento es subterráneo: una compleja estructura de raíz, que se extiende vertical y horizontalmente a través de la tierra, está siendo construida.
Entonces, al final del quinto año, el bambú chino crece hasta alcanzar una altura de 25 metros.”

Se decía en la reflexión que mucho podríamos pensar que nos han engañado, que la semilla era infértil, que en definitiva nos habían estafado.
Es nuestra impaciencia la que nos lleva a pensar en eso. Es nuestra desconfianza la que hace que queramos ver resultados y al no verlo pensemos en la estafa.

Creo que hoy en día estamos impregnados de impaciencia, de desconfianza, y eso nos provoca inseguridad. Se quieren las cosas y se quieren ya. Supongo que la bonanza económica de los pasados años y el poder conseguir casi todo aquello que uno deseaba, u ofrecer lo que nos pedían ha creado una maraña en nuestra sociedad de impaciencia total. Yo lo puedo comprobar casi a diario en las aulas.

Creo que una buena dosis de paciencia nos haría mucho bien. No quitaría mucho del estrés que tenemos, nos preocuparíamos por aquello que realmente merece la pena, en definitiva, viviríamos mejor.

“Se necesita mucha osadía para llegar a las alturas y, al mismo tiempo, mucha profundidad para arraigar en el suelo.”