domingo, 6 de febrero de 2011

El tiempo (II)


He recordado que en el inicio de uno de los capítulos de mi novela “Bajo el eucalipto” hice como una especie de poemilla-reflexión que hablaba sobre el tiempo. Me he decidido a buscarlo y compartirlo con aquellos que en su día no lo pudieron leer. Pero antes de ello, ha podido más mi defecto profesional y he comprobado que había escrito 89 veces la palabra tiempo de entre las 45834 palabras que componen la novela (un 0,19%). Sería curioso ver que otras palabras se han repetido y con que frecuencia para poder comparar si el tiempo fue un factor importante/relevante en mi novela o no lo fue. Pero eso será otro día, o quizás no, dependerá del tiempo.

Fragmento extraído de la página 152 de la novela “Bajo el eucalipto”:


El tiempo no se detiene.

El tiempo no espera.

El tiempo no tiene recuerdos.

El día a día nos atrapa, nos acompaña, nos guía, nos lleva sin que podamos hacer nada.
Algunos se creen más listos que otros y se pasan noches en blanco intentando ingeniar un plan que acabe con la dictadura del tiempo, pero casi ninguno consigue su objetivo.

Unos pocos creen encontrar la panacea a todos sus males en el suicidio, y no es que no tengan ganas de vivir, por tal o cual razón, simplemente tienen ganas de parar el tiempo. Aunque parezca extraño, la gran mayoría de los suicidios de los famosos son por esta razón. Morir joven, bello, sin arrugas, en lo alto de la cresta, qué mejor recuerdo para sus seguidores, pero mal ejemplo para la sociedad. Todos estos suicidios se intentan tapar con las más diversas y descabelladas teorías, pero lo único que es cierto es que murieron, para siempre, por intentar parar el tiempo.

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