martes, 29 de marzo de 2011

Higiene del asesino de Amélie Nothomb


Higiene del asesino es el primer libro que escribió Amélie Nothomb. Fue en 1992 y lo escribió tras ver como un borracho mataba a su hermano.
No es de extraña que en el libro se pueda comprobar esa rabia, ese principio de su estilo directo, desgarrador y donde implica emocionalmente al lector.

Éste era un libro que he querido leer desde hace muchos años y por suerte hoy puedo decir que lo he leído. No me extraña que después de su publicación la carrera literaria de Amélie comenzara a creer como la espuma, pues es uno de los mejores libros que he leído nunca. Yo diría que está al mismo nivel que Cosmética del enemigo, también reseñado en este blog (Cosmética del enemigo).
En los dos libros el diálogo es la forma de explicar la historia. En los dos casos esos diálogos son rápido, directos, comprometidos, donde a pasos agigantados nos va metiendo en la historia.
Creo que una de las grandes virtudes de la escritora es escribir novela, diríamos, cortas de páginas. Pero es ahí donde radica su éxito, ya que no necesitas más por el meticuloso trabajo anterior. Además, tienes la sensación de quedar satisfecho y de querer leer más; es como una buena comida que no te empacha pero te llena. Siempre que sucede eso repites en el restaurante, como yo repito con las lecturas de la belga-japonesa.

—Señor Tach, con un hombre como usted no utilizaré las perífrasis habituales en mi profesión. Así que me permito preguntarle cuáles son los pensamientos y el estado de ánimo de un gran escritor consciente de que está a punto de morir.
Silencio. Suspiro.
—No lo sé, caballero.
—¿No lo sabe?
—Si supiera cuáles son mis pensamientos, supongo que no me habría hecho escritor.
—¿Insinúa que escribe para saber finalmente cuáles son sus pensamientos?
—Es posible. No estoy muy seguro, hace mucho tiempo que no escribo.

El señor Tach es un escritor de gran fama al que se le comunica que tan sólo le quedan dos meses de vida. Todas las revistas y televisiones le quieren hacer entrevistas. La mayoría de ellas buscan la carroña y destripar al escritor.
Amélie nos muestra cuatro entrevistas que van subiendo poco a poco de intensidad. Ese crecimiento paulatino en la agresividad de dichas entrevistas consigue que el lector no tengas ganas de parar en la lectura.
Los diálogos son geniales y el personaje de Tach no tiene ningún tipo de desperdicio. Es lo que diríamos un pasota total. Yo creo que mediante ese pasotismo crea un muro entre el mundo público y el personal, ya que como podréis comprobar, el escritor oculta un gran secreto que lo atormenta.

El señor Tach es un obeso en toda regla, además de un desagradable y utiliza en una de sus entrevistas la comida como arma arrojadiza. Me ha hecho mucha gracia el siguiente diálogo, que podía ser un Momento gastronómico:

Aunque por la noche ceno bastante ligero. Me conformo con cosas frías, como unos chicharrones, cuajada de cerdo, tocino crudo, el aceite de una lata de sardinas (las sardinas no me gustan demasiado, pero perfuman el aceite: tiro las sardinas, guardo el jugo y me lo tomo tal cual). Dios mío, ¿qué le ocurre?
—Nada. Siga, por favor.
—No tiene buen aspecto, se lo aseguro. Con eso, me tomo un caldo muy grasoso que he preparado antes: durante dos horas, pongo a hervir unas cortezas de tocino, pies de cerdo, unas rabadillas de pollo, huesos con mucho tuétano y una zanahoria. Le añado un cucharón de manteca de cerdo, quito la zanahoria y lo dejo enfriar durante veinticuatro horas. Sí, me gusta beberme este caldo cuando está frío, cuando la grasa se ha endurecido y forma una tapa que lustra los labios. Pero no tema, no desperdicio nada, no crea que tiro a la basura unas carnes tan delicadas. Tras esa larga ebullición, han ganado en untuosidad, en proporción a lo que han perdido en jugo: estas rabadillas de pollo cuya grasa amarilla ha adquirido una consistencia esponjosa son una delicia... ¿Pero qué le ocurre?
—No... no lo sé. Claustrofobia, quizá. ¿Podría abrir una ventana?


Y antes de comentario final debo deciros que este es el primer libro que he leído con mi bqreader y la experiencia ha sido tan buena que ya estoy leyendo el segundo libro a Arnaldur Indridason “Silencio sepulcral” desde el mismo dispositivo. Mi adicción está siendo grande. La vista no se te cansa nada, no tienes que aguantar ningún tipo de peso, es fácil de llevar a todos sitios, además de poder llevar infinidad de libros para los que les gusta leer dos o tres novelas a la vez. Lo que sí recomiendo es bajarse un pequeño programa de conversión de doc a epub para su mejor lectura. Lo malo, lo que siempre hemos comentado o nos imaginamos; se pierde al contacto con el papel, el gustillo de pasar las rugosas páginas; el olor al libro, pero amigos, creo que el futuro será está en el libro digital si le añadimos la cuestión económica de producción y distribución. Los coste serán mínimos.

Y llegamos al final. Creo que es un buen final y que me dejado satisfecho, aunque quizás hubiera hecho falta explicar alguna cosilla más sobre la periodista en cuestión. Pero eso no ensombrece ésta gran novela.

En definitiva, una novela totalmente recomendable, como casi todas la de la autora. Es difícil encontrar una primera novela tan atrayente y con una continuidad tan sólida. Animaros a leerla y ha explicármelo.

Club de Lectura 2011
- 1 - Ojos Azules - Arturo Pérez Reverte
- 2 - Se lo que estás pensando - John Verdon
- 3 - El mar en llamas - Alberto Vázquez-Figueroa
- 4 - La herencia de Wilt - Tom Sharpe
- 5 - 1Q84 - Haruki Murakami
- 6 - Las marismas - Arnaldur Indridason
- 7 - Higiene del asesino - Amélie Nothomb
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