lunes, 25 de abril de 2011

El día después

¿Qué hará un escritor el día después de un Sant Jordi?
Esa fue la pregunta que me surgió nada más levantarme el día 24 e inmediatamente me hice mi propia película de los hechos.

Me imaginé a Albert Espinosa levantándose tarde, las doce pasadas, preparándose un suculento desayuno, uno de esos de domingo pero al cuadrado, se tienen que recuperar fuerzas, y mientras se tuestan las tostadas, recuerda que tiene un CD en su mochila de mano, aquella que siempre le acompaña allí donde va.
Le cuesta unos minutos encontrarla, pues no recordaba donde la dejó ayer. Casi se le queman las tostadas, pero el aparato es más inteligente de lo que parece y salta, claro está, si lo tienes bien ajustado.
Mira el CD. Unas imágenes le vienen a la cabeza, son de dos personajes que se lo entregaron ayer por la tarde. No está acostumbrado a recibir regalos y mucho menos cuando es él el que regala su firma.
Lo desenvuelve y encuentra una nota dentro escrita a lápiz dándole las gracias por todas las palabras que ha dejado impresas en sus libros muchas de las cuales han servido de reflexión y ayuda a mucha gente. Él sabe que es así, pero siempre viene bien que te lo recuerden y más una persona que nada tiene que ver con él, una persona anónima.
Coge el CD y lo pone para escucharlo mientras desayuna.

El desayuno le sabe a gloria y más acompañado por aquella música. No tiene prisa por acabar, quiere seguir disfrutando de ese momento, de esa relajación que ayer le faltó.
Alarga el desayuno hasta ver cómo se apaga la música. Recoge la mesa, abre el ordenador portátil donde siempre escribe, y vuelve a poner el CD.

Tiene una novela a medias y le gustaría escribir algunas páginas más. Se siente animado, pero antes de hacerlo visita el myspace de la cantante y le deja un mensaje de agradecimiento por el regalo y por su música.

Y se deja llevar por la música y comienza a escribir sin parar páginas y más páginas.
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