sábado, 28 de mayo de 2011

Sobre la lectura obligatoria en las escuelas


El otro día un bloguero amigo, Alcorze, publicó en su blog:

«Un libro que prohibiría: prohibiría la lectura obligatoria en las escuelas. Obligando a leer no se consigue acercar a los niños a este mundo tan maravilloso. Tienen que venir por que quieran». Entrada completa

Y eso me hizo reflexionar que quizás antes las cosas se hacían mejor, o como mínimo yo lo viví así.

Estoy con Alcorze: se tienen que acabar las lecturas obligatorias en las escuelas, aunque no la obligatoriedad de leer; y me explico sobre esa obligatoriedad segunda.
Creo que se debería potenciar que los alumnos tengan el espacio, el momento, la motivación y sobre todo los recursos para poder adentrarse en este maravilloso mundo de las letras y para ello lanzo algunas propuestas.

Una primera propuesta sería potenciar las bibliotecas de los centros y surtirlas con buenos libros, de todo tipo de género y para todas las edades. Ese podría ser el espacio.
Otro espacio podría ser aprovechar las magnificas bibliotecas públicas que casi todos los pueblos y ciudades tienen. El procedimiento a seguir puede ser variado, desde ir allí a leer con la clase, a acompañar a los alumnos a las bibliotecas y motivarles para que escojan un libro que leer.

Otra forma podría ser que cada alumno llevara a clase uno o dos libros que hayan leído y que les hayas gustado e intercambiar lecturas entre los alumnos, creando así una pequeña biblioteca en la misma clase.

Existirían muchas otras formas de potenciar la lectura en las escuelas, pero quisiera explicar lo que yo viví.
Fueron, con toda seguridad, mis primeros buenos momentos como lector, de los 10 a los 14 años, los que pusieron la semilla que más tarde germinaría con fuerza. Pero también caminé por el desierto, de los 15 a los 20 más o menos, pues un día dejé de leer.
Miento, dejé de leer lo que me apetecía y leía lo que me obligaban en el instituto.
No fue hasta mi periodo universitario que me topé con una promoción de El Periódico de Cataluña en la que por cien pesetas más —60 céntimos de ahora— te llevabas El rabino de Noah Gordon. Nunca pensé que la historia de un rabino me pudiera enganchar tanto. Ese fue el principio, y hasta hoy.  

Pero lo que os quería explicar era cómo sembraron esa semilla.
Nosotros íbamos a la biblioteca del centro y teníamos plena libertad para elegir nuestra lectura. Dedicábamos una hora a la semana, pero nos podíamos llevar el libro prestado a casa para así avanzar en su lectura.
Una vez acabada teníamos que rellenar una pequeña ficha técnica, donde entre otras cosas, había una pequeña reseña.
Creo que hoy en día, existiendo los blogs, se podría utilizar el mismo método, pero publicando las reseñas en dicho blog para que todos los alumnos pudieran conocer otros autores o libros que antes han leído sus propios compañeros y sería mucho más divertido y dinámico.

No podemos olvidarnos de que una buena comprensión lectora es el motor de todo aprendizaje y la lectura está claro que lo potencia.
A ver si las mentes pensantes avanzan en ese sentido y conseguimos que la lectura no sea un engorro o un tostón para nuestros escolares y sea una diversión.

Tampoco debemos olvidar que los colegios no pueden ser el único lugar donde se potencie o aprenda todo. Ya está bien de cargar a maestros y profesores con todo y en exclusiva.
Las familias tienen mucho que hacer, mucho que decir, casi todo diría, ya que aquello que ven los hijos en sus casas luego lo asimilan como bueno.

Ver a su padre o su madre o a los dos leyendo, estoy convencido de que hace que el niño se apasione con más facilidad por la lectura, que la semilla comience a germinar.
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