jueves, 9 de junio de 2011

De qué hablo cuando hablo de correr de Haruki Murakami


Aún recuerdo el día que se puso a la venta en España el libro que hoy os reseño.
Dio la casualidad que estábamos en Barcelona y que nos dimos una vuelta por el FNAC. Yo enamorado de la prosa de Murakami, nunca me pierdo uno. Recuerdo perfectamente que fue verlo y saltar, como si me hubieran dado un susto; no me lo esperaba. Lo cogí, leí la contraportada y me dije: “uff, se acabó”.
Tengo que decir que aquel día no me lo compré. Decidí esperar a ver que sucedía con él.
Pasaron los meses y comencé a leer reseñas del libro donde no lo acababan de dejar del todo bien. Eso me desanimó un poco. Así que dejé pasar unos meses más. Hasta hace unas semanas donde decidí que ya era hora de enfrentarse a él.

Os tengo que decir que me ha encantado. Supongo que pensaréis que a un fan de Murakami le llega a gustar hasta los dibujitos que pudiera hacer en una servilleta de papel, pero sabéis que no es así, que soy crítico y más con lo que más me gustan.

¿Qué os encontraréis en De qué hablo cuando hablo de correr? Murakami no lo acaba de decir con todas las palabras, diría que no quiso que así fuera para que el correr tuviera toda la importancia, pero yo pienso que es una pequeña biografía por algunos de los pasajes de su vida. Y es eso lo que me ha parecido maravilloso: el como comenzó trabajando en un bar (aún no escribía); el cómo decidió ponerse a escribir y llevar el bar al mismo tiempo; el qué le llevó a correr; el porqué escribe; qué es lo que nos quiere contar, y tantas otras cosas.
Está claro que a mi me ha interesado y mucho conocer un poco más la vida del escritor, pero estoy convencido que a vosotros, los que camináis por este blog también os puede gustar.

Si tuviera que poner una pega, diría que, en cierta manera, se repite un poco en el pasaje de la preparación del triatlón de Murakami (curioso, pero la ciudad se llama igual que él) después de explicar como preparó la maratón de NY, o como corrió de Atenas a la ciudad de Maratón, pero es una pega mínima.

Y para acabar os dejo con el epitafio que él mismo propone para su tumba:

“Escritor (y corredor). Al menos no caminó nunca”

Y con un párrafo del libro:

¨En mi interior siempre ha ansiado el deseo de permanecer completamente solo. Por eso, el simple hecho de correr una hora todos los días, asegurándome con ello un tiempo de silencio solo para mí, se convirtió en un hábito decisivo para mi salud mental. Al menos cuando corría no tenía que hablar con nadie ni que escuchar a nadie. Bastaba con contemplar el paisaje que me rodeaba y mirar hacia mi interior, Eran momentos preciosos e insustituibles.¨

Y algún que otro Momento que llegará.
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