lunes, 5 de diciembre de 2011

La marca de sangre de Johan Theorin


Siempre me han gustado las novelas que transcurren en una isla, supongo que será una marca de mi lectura de “Escuelas de Robinsones” de gran Jules Verne, y de la que después se han hecho múltiples adaptaciones.

“La marca de sangre”, escrita por Johan Theorin, es la tercera entrega del ya famoso “Cuarteto de Öland”.
En esta nueva entrega el autor ha tenido mucha más mesura en las descripciones paisajísticas y es de agradecer, pues en las anteriores entregas hacía ralentizar mucho la acción.
Su estrategia ha sido utilizar los inicios de los capítulos para dejar alguna píldora de esas descripciones para pasar a las escenas con los personajes a las pocas líneas.
La isla de Öland se merece unas buenas descripciones y entiendo que es importante en una serie de libro que se basan en las cuatro estaciones del año, pero yo me quedo con está tercera forma de enfocar el tema, pues nunca he sido amante de las largas descripciones.
Eso sí, me gusta el frío y lo he echado de menos, pero no se puede tener primavera y frío.

Como ya nos tiene acostumbrados, esta novela se diferencia de la mayoría de las novelas negras en que no existe un policía o detective que investigue de forma protagonista los sucesos. A mi ese punto me gusta mucho ya que permite sacarle mucho más jugo a los protagonistas y las escenas son más vividas y, podría decirse, que son más de la vida cotidiana y añadiría que son más creíbles y que pueden provocar que el lector se sienta participe de ellas al no tener que ser un superhombre o un superdetective.

“La marca de sangre” nos habla de la pornografía sueca y su gran momento de esplendor; de cómo se las arreglaban para hacer creer que todas las suecas eran rubias y acrecentar el mito; nos hablarán de personajes fantásticos como son las hadas y los trolls, dentro del capítulo que siempre dedica el autor a las leyendas de Öland; de las relaciones de pareja; de los negros que escriben libros para que otros se lleven la fama; del derecho a morir donde uno quiera y como quiera; del desencuentro generacional entre padre e hijos; de viejos diarios personales; de la vergüenza por los actos del pasado; del amor por los animales; de las enfermedades de difícil solución, y como no, de la resolución de un crimen (aunque son más de uno los que se solucionan, pero uno el que lo desencadena todo).

Nos volveremos a encontrarnos con el viejo Gerolf que siente como su vida se va apagando. Conoceremos a Per, el protagonista, y sus hijos, que no están pasando un buen momento; a Jerry el padre de Per, al que tiene apartado de la familia por la vergüenza que siente por su pasado; al matrimonio Larsson, Max y Vendela, escritores los dos, aunque una más que otro; recordaremos las andanzas del viejo cantero Ernst; pasearemos de nuevo por la cantera y recordaremos algunos pasajes de las anteriores novelas (aunque no es necesario leerlas para leer esta), y seguiremos disfrutando de todos los rincones de la isla de Öland.

Todos y cada uno de los personajes de la novela se tendrán que enfrentarse a oscuros secretos del pasado que volverán a renacer a partir de la calcinación del estudio de Jerry. Las historias se irán entrelazando y el pasado se mezclará con el presente. Para ello Theorin utiliza dos herramientas: el libro de las hadas que está escribiendo Vendela y el diario de la fallecida mujer de Gerolf, además de la investigación que realizará Per para esclarecer los sucesos que acaecerán.


Para mí, la parte de las hadas es la que más cansada me ha resultado. Además el autor ya te avisa cuando titula algunos de sus capítulos como “Vendela y las hadas”. Me ha interesado mucho más la investigación de Per que el pasado de Vendela, aunque tiene momento buenos y son necesarios para que el puzzle tenga sentido.

Theorin teje una complicada tela de araña donde todos los personajes del libro quedarán atrapados y relacionados. El pasado se hará presente y el futuro se ve incierto.
Y yo como lector también me he quedado enganchado a sus páginas.

Son los personajes y sus antecedentes, así como una historia creíble, lo que dan la fuerza al conjunto de la novela y hacen que Johan Theorin se consolida como un gran escritor, y continúe aportando su distintivo granito de arena a la novela negra.

Ya tengo ganas de leer la cuarta parte y seguir paseando por los acantilados de Öland.
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