lunes, 12 de diciembre de 2011

No tocar, antología de relatos, VV.AA


No tocar es una antología de relatos de terror con un hilo en común: los objetos malditos. Son catorce relatos de catorce autores diferentes, algunos todavía poco conocidos por el gran público. Estoy convencido que mediante iniciativas como estas lo llegarán a ser, pues demuestran con creces que tienen tablas para conseguirlo.
Por poner un ejemplo, yo tan sólo había leído una novela de uno de ellos (Roberto Malo); conocía de oídas al prologuista (Santiago Eximeno) que ya nos avisa en el prólogo que el último es el mejor, mención que me resultó más que curiosa para un prólogo, pero que entendí a la perfección cuando acabé la lectura de la antología; comparto foro con otra más (Ana Morán), de la que no había leído nada hasta el momento, así que la lectura de No tocar me ha resultado más que significativa para conocer nuevos valores literarios.

Ya hace más de dos años que el proyecto se puso sobre la mesa. Es un momento de gran emoción para los participantes, ya que se crean muchas expectativas al respecto. Recuerdo haber vivido esos momentos varias veces y, en muchos casos, esas expectativas se ven rotas al quedarse el proyecto a medio camino. Por suerte para nosotros, No tocar ha llegado a buen puerto. Ahora es el momento de disfrutar de él, de saborear cada una de sus historias.

No es fácil hacer una reseña de una antología de relatos con tanto autor diferente, con tantos matices, historias, técnicas, escenarios, diálogos, imágenes. Además, yo siempre he sido partidario del conjunto. Puede que funcione un relato, dos, tres, pero en una antología con catorce relatos, o funcionan la mayoría o el lector decide coger otra lectura y pasar página; los tiempos no están para perder el tiempo y más con la masificación de publicaciones que vivimos.
Hablar de ese conjunto hace que no sea muy explicito en el comentario pormenorizado de los relatos y haya decidido utilizar el pincel reseñador para destacar aquellos aspectos que, a mi entender, necesitan ser destacados.
Supongo que estáis notando que estoy mareando la perdiz de mala manera, pero os quiero hacer entender que una cosa es reseñar una novela donde un solo autor lleva todo el peso de la reseña y otra cosa muy diferente es reseñar a catorce autores a la vez.

No tocar es como una bazar de objetos malditos, en palabras de una de sus participantes, donde lo inmaterial cobra vida y la carne es una mera convidada al espectáculo. En ese bazar encontraréis objetos de lo más cotidiano: un televisor, una brújula, una percha, una goma de borrar,…
Unos relatos se centran más en lo material del objeto y sus consecuencias, otros en los temores que esos objetos generan, pero lo que más me han gustado, son aquellos que juegan con las emociones que provocan esos objetos.

No tocar es una antología que claramente va de menos a más, o esa es la sensación que he tenido yo. No sé si la mano del editor tendrá algo que ver o simplemente es el entreno de mi olfato de lector de relatos que se ha ido agudizando a medida que iban pasando los relatos. Pero como conclusión, y para ser justo, se tendría que decir que, No tocar es una antología compacta, sólida, que funciona y que su lectura es recomendable, con el añadido de conocer de primera mano nuevas plumas del panorama nacional.

¿Pueden cobrar vida los objetos? ¿Pueden ellos protegernos o quizás destruirnos de forma conciente? Son preguntas que algunas veces nos hemos hecho y que No tocar intenta resolver, o como mínimo decir la suya al respecto. En algunos casos lo consiguen, en otros no lo han acabado de hacer con este lector.

Este es el listado de los relatos participantes en la antología, por orden de publicación, junto con el nombre de su autor/a:

Cuando el destino nos alcance, de José Ignacio Becerril Polo
Perdedor, de José Francisco Solís
Sin salirse de la raya, de José Manuel Fernández Aguilera
Podrá meter sus sueños dentro, de Diana Muñiz
Te daría mi alma, de Virginia Pérez de la Puente
Y la puta hizo sonar la flauta… por casualidad, de Carolina Pastor Jordá
La brújula, de José María Pérez Hernández
Percha burlona, de Roberto Malo
La llamada del mal, de Luis Ager Alcaraz
El secreto del abuelo, de Carlos L. Hernando
En otra vida, de Sergio Macías García
El hedonista, de Fernando Lafuente
Ángel oscuro, de Ana Morán Infiesta
Quiero ser, de Juan José Hidalgo Díaz

Entre todos ellos quisiera destacar, en primer lugar, a cuatro ellos que son los que más me han llegado, los que más me han gustado:

Quiero ser, de Juan José Hidalgo, es por encima de todos, como destacaba Santiago Eximeno, el que más me ha sorprendido, el que más me ha llegado, el que más ganas de leer cosas del autor me ha provocado. Diría que es una revisión del clásico de Pinocho, aunque situado en las calles que frecuentaba Jack el Destripador. Brutal en cada línea. Con las palabras justas, medidas, embriagadoras, simbólicas, sorprendentes.

Podrá meter sus sueños dentro, de Diana Muñiz, me ha cautivado por su fuerza, por su velocidad, que casi no deja respiro para pensar. Se me ha hecho muy corto. He querido más, en lo que me ha parecido una revisión del Buick de King.

El hedonista, de Fernando Lafuente, por su frescura, por lo novedoso, por lo atrayente, donde un televisor puede llegar a emitir imágenes del pasado en situaciones nada agradable, convirtiéndose en la propia conciencia.

Ángel oscuro, de Ana Morán Infiesta, donde un cuadro encierra al mismo demonio que intentará reinar de nuevo, pero para hacerlo deberá salir de él. Se nota que Ana está muy versada en el tema, pues el desfile de tecnicismo es todo un alarde se ello. Muy curiosa la forma que tiene de obtener energía.

Y en segundo término, destacaría los siguientes:

Y la puta hizo sonar la flauta… por casualidad, de Carolina Pastor Jordá, genial el título en si, y genial esa nueva flauta de Hamelin que atrae a las ratas y algo más en la bella Venecia. Embaucador relato donde nos hará vivir el destierro de los miserables y apestados.

La brújula, de José María Pérez Hernández, y como os podéis imaginar no apunta al norte. La soberbia puede ser la perdición de las personas. Creo que el tratamiento que hace del tema es del todo atrayente, además de la reflexión sobre los periodistas que intentan conseguir una fotografía, cueste lo que cueste.

Sin salirse de la raya, de José Manuel Fernández Aguilera, lo que podría ser un juego de niños, un regalo sin más, se puede convertir en un arma mortífera. Creo que la utilización de una sencilla goma y lo que nos explica hace que el relato merezca mención. Y que mala puede ser la imaginación de una niña.

En otra vida, de Sergio Macías García, donde la utilización de una extraña navaja provoca una muerte natural sin dejar rastro. Buena construcción del relato.

Te daría mi alma, de Virginia Pérez de la Puente, donde un reloj de arena con reminiscencias egipcias hará las delicias del lector. Pero atención con lo que se promete.

Percha burlona, de Roberto Malo, corto pero intenso. ¿Puede un objeto vengar la muerte de su anterior propietario? ¿Puede un relato de terror contener humor, ironía? Roberto Malo lo consigue como nos tiene acostumbrados.

Creo que con esta extensa reseña he dado pistas suficientes para que el lector se decida por su lectura o no. Yo, sinceramente, los volvería a leer.
Y sobre todo estaré muy alerta siguiendo los pasos de la mayoría de los escritores y escritoras que conforman esta antología. Y como siempre digo, estoy convencido que en un futuro muy próximo reseñaré alguna de sus nuevas publicaciones.

Ah, y cuidado, el cartel lo dice bien claro: NO TOCAR
Y si lo hacéis, ateneros a las consecuencias adictivas de su lectura.

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