miércoles, 18 de enero de 2012

Mar Muerto de Brian Keene


Mar Muerto es la tercera novela de Brian Keene publicada por Dolmen Editorial (El alzamiento y La ciudad de los Muertos fueron sus anteriores publicaciones). No he tenido la oportunidad de leer ninguna de ellas, pero creo que no es necesario hacerlo para poder disfrutar Mar Muerto, aunque por los comentarios que he visto, son recomendables.

En cada nueva lectura de temática zombi intento buscar aquello diferenciador, ese ingrediente que la haga diferente. Quizás mi bagaje como lector zombi no sea todo lo amplio que se puede esperar para denotarlas; quizás para mí sean diferentes al no leerlo todo. Ya me disculparéis si me equivoco, pero quisiera anotar algunas.

La primera que me ha sorprendido ha sido que el protagonista, Lamar, sea un negro y gay. Cuando lo leí pensé que no tendría ninguna importancia en el argumento de la novela y que sería un mero artefacto decorativo, pero no ha sido así. El autor se apoya en ello para argumentar ciertos pasajes de la novela e incluso lo utiliza en el final del libro, donde me ha robado una sonrisa en un momento que no se lo merece.
Otro aspecto diferenciador ha sido lo que llama el autor, La Venganza de Hamelin. Me ha hecho sonreír al recordar el cuento que no dejaba de escucha de niño. Las ratas han vuelto para vengarse; se han despertado dejando las catacumbas donde las encerró el flautista; y están hambrientas. Serán ellas las que propagarán el virus que convierte a casi toda la población mundial en zombis, y no sólo eso, sino que también los otros animales se convierten en zombis, cosa que no había leído hasta ahora, o tan sólo había sido apuntado. En este punto no he podido dejar de sonreír al imaginarme una vaca zombi o una cabra zombi. Como podréis comprobar, que los animales se conviertan en zombis será un hecho capital para el desarrollo de la trama.

“El instinto de supervivencia es un hijo de puta”, repite una y otra vez Lamar durante toda la novela, y casi al final añade, “Pero la evolución lo es más”. Ahí lo dejo.

La novela tiene un inicio trepidante, donde la sangre y las vísceras no dejaran de salpicar al lector. Podría decir que es la más gore, del género, que he leído hasta el momento y más cuando Keene no escatima ningún recurso literario para explicar cada uno de los pasajes con detalle. En Mar Muerto no existe felicidad, tan sólo la muerte y la destrucción. Pero por suerte, no todo es gore, sino un servidor no habría acabado su lectura. Mar Muerto es mucho más, como intentaré explicar en los próximos párrafos.

En ese inicio conoceremos a Lamar, y asistiremos a su encuentro con dos niños huérfanos, Malik y Tasha, que se convertirán, junto a él, en protagonista de la novela.
Tengo que reconocer que se me ha hecho un poco larga esa primera parte y en algunos casos podría provocar el decaimiento. Pero resistid en su lectura, pues las emociones realmente fuertes vienen en lo que considero, la segunda parte, a partir de que los tres protagonistas se suban a un viejo buque Guardacostas.
Haciendo un poco de documentación para realizar esta reseña, he encontrado un dato que podría explicar que esa primera parte sea, o parezca, excesivamente larga. Es una dato curioso. Por lo que parece, la novela se publicó por primera vez en Reino Unido en 2007 y se hizo en bolsillo, para después pasar al formato tapa dura. Fue en esa segunda edición donde la relación entre Lamar, Tasha y Malik se modificó y se amplió. Quizás sea eso lo que he notado.

Es en esa segunda parte donde Keene demuestra que es un buen contador de historias. La trama se llena se subtramas con cada uno de los supervivientes que se encuentran atrapados en el barco. Es ahí donde el buen lector empieza a disfrutar de verdad de la novela.
El mundo como lo conocemos ha desaparecido. El barco simboliza el nuevo mundo. Se tienen que marcar nuevas reglas y ello creará disputas entre los supervivientes.
Conoceremos al profesor William que nos introducirá en una interesante conversación literaria sobre el concepto de los arquetipos: el héroe, el guerrero,…, que me ha parecido de lo más interesante.
Otro pasaje interesante es cuando William y Lamar hablan sobre el inconsciente colectivo (que he convertido en Momento para el blog y que publicaré en breve):

-¿Y usted, profesor? ¿Qué le mantiene en marcha?
-¿Yo? –se rió en voz baja. –Creo que soy como muchos otros. Creo que seguir luchando porque un elemento de nuestro inconsciente colectivo exige que lo hagamos. Incluso a mi edad.
-¿Qué es el inconsciente colectivo?

Los personajes de Keene son utilizados para incorporar su crítica o visión personal sobre la sociedad actual. Aborda el tema del racismo, de la homofobia, creo que de forma muy sutil, pero interesante, como también critica los protocolos de seguridad y actuación de la EEUU en casos tan recientes como el 11S o el Katrina, aprovecha para hacerle un homenaje-guiño al cómic de The Walking Dead haciéndolo salir y utilizado por los niños como entretenimiento y guía, o el concepto de familia entre otros. Es lo que se podría considerar: el valor añadido.

Keene también nos sabe poner al otro lado del espejo cuando nos preguntamos si los supervivientes son mejores que los zombis sedientos de sangre. Es esos momentos cuando el lector que se puede poner en la piel de los personajes y hacer un viaje de introspección hacía su propia alma, lo que alguna otra vez he llamado: El que haría yo.

En Mar muerto también se platean preguntas como: ¿Pueden evolucionar los zombis? ¿Son capaces de aprender? ¿Mantienen algún tipo de instinto maternal? Es ahí donde pienso que el género zombi no deja de evolucionar, novela tras novela. ¿Hasta dónde? Yo no tengo la respuesta, pero tengo miedo que se le pueda escapar de las manos.

En definitiva, una novela de lectura recomendable para los amantes del género zombi: rápida, absorbente, interesante, inteligente en muchos momentos, novedosa en muchos otros, y con un final que casi me hace llorar. Keene sabe llevar al lector a ese punto donde se encuentra indefenso, desalmado y apretar el gatillo del punto final.

“El instinto es un hijo de puta. Pero la evolución lo es más”

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