lunes, 30 de enero de 2012

Texturas del miedo de Ignacio Cid Hermoso


Hará más de un mes que llegó Texturas del miedo, de Ignacio Cid Hermoso, a mis manos, pero no me atrevía a afrontar su lectura después del comentario que me envío por correo un amigo que decía: “yo hace tiempo que lo tengo y me veo incapaz de hacer un reseña. Me gusta tanto la forma de escribir de Ignacio que tengo miedo a quedarme corto y no saberlo expresar como se merece”.
Supongo que entenderéis que lo dejara reposar y buscara el mejor momento para sumergirme en sus páginas. Su lectura y reseña se convirtió en un reto viniendo la frase de donde venía, otro gran escritor con una pluma brutal para el relato y que hace pocos meses demostró que la novela se le da igual de bien.

Ignacio Cid tiene un curriculum envidiable en el mundillo de los concursos de relatos. No siempre A quiere decir B, pero algo tendrá que ver, y más en el caso en cuestión. Os puedo asegurar que A quiere decir B, pues Ignacio tiene una pluma superior para transmitir una atmosfera de tensión, de miedo, de terror.
No todos los relatos me han enganchado por igual, debo decirlo, pero es complicado que una antología tan completa y con un buen número de relatos y páginas pueda conseguirlo. Pero sí que ha conseguido que el conjunto sea bueno y que tenga momentos (relatos) de sombrero de copa.

Ignacio Cid es un escritor con mayúsculas. Se nota en cada frase, en cada palabra, el trabajo que tiene detrás. Os podría poner mil y un ejemplos de lo que digo, pero para aquellos que os enfrentéis a su lectura, recomiendo que no sea antes de dormir, os quisiera decir que os fijarais en como empieza sus relatos, en la fuerza del texto, en lo que no dicen sus palabras, en como crea la atmosfera de la historia con tan pocas líneas.
Leer un relato de esta antología es como degustar un buen plato lleno de pequeños matices que te van inundando el paladar de sabores que completan una obra de ingeniería.

Y mientras vas leyendo tienes una sensación de desgarro emocional, de querer decirles algo a los personajes, de saltar al libro para poder ayudarlos. Son relatos que se pueden vivir con los cinco sentido, y eso se consigue con las palabras justas, con el trabajo de repasar una y otra vez el texto, abriendo el corazón y el alma en cada párrafo. Ignacio Cid también lo consigue, al igual que lo hizo antes Darío Vilas en su Piezas Desequilibradas. Relatos a flor de piel, o quizás sería mejor a terror de piel.

Podría escribir ahora de cada uno de los trece relatos que componen la antología, pero creo que es mejor que lo descubráis vosotros mismos, aunque sí quisiera dejar algunos apuntes.

Una antología así debía tener un buen prólogo, y creo que Juan Ángel Laguna Edroso, hace un trabajo genial. Os he de confesar que antes no me gustaban nada los prólogos, pero últimamente veo que los prologuistas se lo trabajan tanto, que el mismo prólogo es un relato más, una historia más de las antologías.
Si os sumergís en el océano de Ignacio Cid encontraréis una buena reinterpretación del cuento de Hansel y Gretel en el relato que abre la antología. Supongo que al ser el primer relato que leía del autor me ha golpeado con más fuerza que los otros, tanto, que lo leí antes de irme a acostar y no dejé de soñar toda la noche con él y sus adjetivos. La sombra de Lovecraft es alargada.
Tampoco se corta al tratar el tema de la educación de los hijos, pero sobre todo, en el tema de la educación emocional de los padres (y eso me ha encantado).
O una genial revisión de la filosofía del cuento de la Caperucita Roja.
O como un simple juego del escondite se convierte en un relato de suspense, tensión y pánico.
También trata el tema de la deshumanización del mundo mediante la utilización de las nuevas tecnologías. O el miedo en sí:

“La locura es un lejano barco que sólo puede otear aquellos que miran a través del catalejo de la cordura”.

Y para cerrar la antología un acercamiento a “El proceso” de Kafka que se acaba convirtiendo en una metáfora del arte de escribir y del amor que siente el escritor por sus criaturas: sus relatos.

Un libro totalmente recomendado. Un autor a descubrir, a conocer, pues estoy convencido que no será el último libro de Ignacio Cid, como también estoy convencido que más pronto que tarde no sorprenderá con una novela y no sería bueno que nos pillara en fuera de juego.
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