miércoles, 15 de febrero de 2012

La primavera del comisario Ricciardi de Maurizio de Giovanni


Siempre es muy grato descubrir nuevos autores y más en un género como la novela negra que tanto me apasiona.
Mi referente negro italiano es el gran Andrea Camilleri de que he leído casi todas sus novelas protagonizadas por Montalbano. Por eso no es de extraña que me lanzara apasionadamente a leer “La primavera del comisario Ricciardi” de Maurizio de Giovanni, y os he de decir que no me ha defraudado.

El comisario Ricciardi se creo una tarde de 2005 cuando Maurizio de Giovanni, hasta aquel entonces empleado de banca, se presentó a un concurso de relatos que organizaba una cafetería. Todos los participantes parecían absortos escribiendo mil y una aventuras, pero a de Giovanni no se le ocurría ninguna. Se quedó mirando una pecera del local, y al otro lado, una gitanilla le guiñó un ojo. Él se giró y comprobó que nadie había visto el gesto de la gitanilla. Fue entonces cuando se preguntó: ¿Y qué es lo peor que uno podría ver que los demás no captaran? Y se dijo: Pues un muerto desvelando su última frase. Y así nació el comisario Ricciardi.

"[…] a Ricciardi no parecía importarle su carrera. Sacerdote de la justicia más que funcionario estatal, siempre consagrado a su trabajo; […] jamás cesaba su búsqueda febril de la fuente del dolor que lo ahogaba.”

Las aventuras del comisario están situadas en el Nápoles de los años 30, y en palabras de su autor: 

“novelo en la Nápoles de principios de los años 30, porque aun no había policía científica y el análisis y la investigación han de ir a la raíz, al sentimiento, a la pasión, algo inicialmente positivo pero que se transforma en celos o, en envidia, y conduce al crimen; ese itinerario es el que me interesa”

Y eso es lo que he encontrado en esta segunda entrega tras El invierno del comisario Ricciardi. Una novela negra sin artefactos, tranquila en su narración, paso a paso, pista a pista, utilizando tan sólo el ingenio de los investigadores (Ricciardi y su compañero Maione). Me ha hecho recordar a Camilleri y muchos ya lo designan como su sucesor. Lo que no encontraréis son las ironías del viejo Andrea que tanto nos hacen sonreír, ni la recreación de cuestiones de índole política, ni tampoco utiliza la mafia como eje (y eso lo he agradecido mucho). Creo que el autor ha querido marcar claramente una separación entre su novela y las novelas negras italianas contemporáneas. Ha querido hacer un producto único. Y yo creo que lo ha conseguido.

Ricciardi es un tipo solitario, un tanto oscuro, falto de amor y de cariño. Pero la primavera puede hacer estragos hasta en las rocas. El amor le ronda y no sabe si dar el paso o no por miedo a ser rechazado. Diríamos que es una de las subtramas que le dan un valor añadido a la general. Como también se lo da, en este caso, el desamor que sufre su compañero Maione tras la perdida de su hijo Luca y el descubrimiento de una mujer espectacular que hará desestabilizarse su corazón.

“Pero a él, Ricciardi […] no le había tocado la posibilidad de elegir, debía caminar contra el viento, arrollado por el último dolor pasajero de los muertos con los que se cruzaba. Y hacer el trabajo que la muerte no había tenido tiempo de concluir.
O intentarlo al menos.”

También merece una mención especial las bellas descripciones de las calles del Nápoles de la época, y eso que yo no soy muy amigo de ellas, pero aquí son del todo necesarias para poder introducirnos en la historia y poder vivirla. Sin ellas la ubicación y la época de la novela no tendría ningún sentido y de ahí que tenga un peso importante. A mi entender, el autor sabe crear la atmosfera perfecta para que el lector puede tener la sensación de pasear por el Nápoles de los años treinta y sobre todo, sabe aprovecharla para su historia haciéndola creíble.

Ya he desvelado la característica principal de Ricciardi: escucha las últimas palabras de los muertos. Pero que quede claro, no habla con ellos, no dialoga, ni siquiera los interpreta, pero serán esas últimas palabras las que pueden ayudar al comisario a resolver el caso. Creo que ahí la grandeza de la propuesta del autor italiano. Es su gran valor añadido. Me ha encantado que el escritor no nos canse con muertos y más muertos parlantes. Los justos, bien seleccionados y en su lugar.

Y no he dicho nada de la trama general de la novela, pero como sabéis pocas veces lo hago, pues para eso están las sinopsis.

En definitiva, todo un agradable descubrimiento para mí, enamorado como soy de la novela negra. Os recomiendo su lectura.
Yo estoy convencido que en el futuro seguiré leyendo los nuevos casos del comisario Ricciardi. 


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