viernes, 18 de enero de 2013

Lantana: donde nace el instinto de Darío Vilas



«Angustia, ese sonido de fondo con el que nos vemos obligados a convivir, el precio que debemos pagar por el regalo de existir.»

Hoy he querido comenzar con una frase extraída de mi última lectura: Lantana: donde nace el instinto de Darío Vilas y editado por la editorial Dolmen, que podría sintetizar un tanto lo que os podéis encontrar entre sus páginas, pues Lantana es eso a mi entender: la crónica del ahogo, de la angustia, de la soledad, del desamor, del desamparo de su personaje principal, Nacho.

Dice Ignacio Cid Hermoso es su magnífica introducción, todo un regalo, un relato en sí mismo y una síntesis casi milimétrica de lo que nos encontraremos a continuación:

«El hecho de estar rodeado de gente no mata la soledad. El amor engaña a la soledad. La soledad acaba matando el amor.»

Y es que Nacho, el protagonista de esta estupenda novela, se siente avocado a la desidia desde que tiene uso de razón. Busca, busca, y no encuentra la forma de no estar solo, la manera de ser escuchado por alguien. Día a día su ansiedad afectiva va creciendo y el camino de su vida cada vez está más enmarañado.

Aquí vemos la primera metáfora de la novela de Darío Vilas. Es la viva imagen de muchos de los españoles (podría ser ampliable) que golpeados por esta maldita crisis ven crecer sus ansiedades y pierden el horizonte para sentirse perdidos. Ya nadie escucha. ¿Por qué hacerlo? ¿Tu problema es peor que el mío? Seguro que no. Ya tengo bastante con él, no hace falta que me cuentes tus tristezas.

Pero las imágenes metafóricas (y algunas más directas) seguirán latentes durante toda la novela. Como la de un mundo laboral opresivo, donde los trabajadores son comparados con las abejas de un enjambre que tan solo se tienen que preocupar de cumplir con su reina por un mísero sueldo; o el influjo que ejerce el fútbol sobre la masas consiguiendo hacer olvidar las penas por unos momentos; o la presencia de indignados en las calles de Lantana al estilo 15-M. Como podéis comprobar, el texto está totalmente contextualizada con la época en que vivimos y demuestra que Darío es un autor preocupado por su entorno y que no escribe por y para entretener, también nos quiere dejar un mensaje, y a mí eso me gusta. Me gusta ver en las novelas situaciones aplicables a la vida real, situaciones que me hagan pensar, reflexionar, y leer como los personajes, el autor, intenta darle algún tipo de solución. Quizás en Lantana era difícil por la definición de Nacho, aunque la intención existe al cruzarse en su camino una mujer y su hija que escuchan y necesitan amor.

«A lo largo de la vida nos encontramos con algunas personas a las que tenemos la sensación de haber conocido antes.»

En Lantana priman las emociones, la introspección, los sentimientos y todo ello regado con un terror psicológico, atmosférico, terreno donde Darío se siente como pez en el agua y con el que hace disfrutar a sus lectores generándoles ese cosquilleo al leer.
Y es que es así.
Lantana tiene un ritmo lento, pausado, sin estridencias, donde no parece suceder nada, pero sin dejarte bajar la guardia por lo que pasará. Le dije a Darío en privado, que me había recordado al ritmo de mi adorado Haruki Murakami. Vas leyendo, vas leyendo y sin que te des cuenta ya te ha liado. Él me contestó que todo es premeditado y que tenía ganas de generar la sensación de ir tranquilamente a comprar el pan, pensando en tus cosas, y que de pronto te atropellara un autobús. Y lo le respondí que lo había logrado, que con su final me sentí cogido literalmente por el cuello sin poderme soltar hasta las últimas líneas de los agradecimientos (que me han emocionado y todo).

¿Y dónde están los zombis?

Zombis, haberlos, haylos, pero más que nunca son personajes secundarios, aunque tendrán su momento de gloria casi al final.

«La ignorancia nos hace felices, el conocimiento genera miedos. [...] Cuanto menos sepamos, más fácil resultará vivir. »

Lantana es la confirmación de que Darío Vilas va creciendo, va madurando con cada nueva publicación. Ya quedan lejos los relatos que publicaba en la red y que le dieron la confianza necesaria para poder afrontar nuevos retos con publicar una antología en solitario (Piezas desequilibradas) que nos deslumbró con su forma de tratar el terror.

¿Y ninguna pega?

Quizás una. No veo igual de desenvuelto al autor cuando tiene que afrontar escenas de acción que cuando lo hace desde las emociones, sentimientos,…Las pocas que hay en la novela, y a mí entender, están faltas de un poco de engranaje. Mientras leía he pensado que incluso no eran importante para él (quizás es demasiada licencia pensar eso…) que lo que quería contar ya lo había contado y que dichas escenas eran necesarias para el total de la obra, pero no para él.
La verdad, a mí tampoco me han importado mucho y eso no le resta mérito a la novela.

Y para finalizar, creo que sería un buen momento para deciros que Lantana es una precuela de Instinto de Supervivinte y englobada dentro de la trilogía Instinto-Z.
Debo deciros que leídas las dos, podéis comenzar por donde queráis porqué son autoconclusivas, pero eso sí, debéis comenzar, de otra manera os perderéis una forma diferente de entender la literatura, de conocer a un autor que nos está dando muchas alegrías, que aún nos dará más, y que  para el 2013 se esperan dos nuevas novelas y de las que seguro os tendré informados.

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