viernes, 25 de enero de 2013

Noctámbulo de Miguel Aguerralde


Siempre me ha gustado leer los primeros textos de los autores a los que sigo, y Miguel Aguerralde es uno de ellos. Por eso cuando me ofreció poder leer Noctámbulo, no me lo pensé dos veces y acepté.
Sus dos últimos trabajos me gustaron mucho y noté en ellos una progresión muy interesante, sobre todo en su última novela, Última parada: la casa de muñecas, que ya os recomendé y que merece realmente la pena.

Bien es cierto, que ir hacia atrás en el tiempo literario de un escritor puede conllevar riesgos en algunos casos. El proceso madurativo tiene un tempo. Unos maduran rápido, otros lentos, otros a saltos, y nos podemos encontrar con una diferencia bastante grande con lo conocido.
Y creo que es eso lo que me ha sucedido con la lectura de Noctámbulo. El buen sabor de boca que me habían dejado las dos anteriores lecturas de las novelas de Miguel, con ritmos rápidos, con escenas interesantes, dinámicas,…,no lo he encontrado en Noctámbulo. Pero no nos adelantemos.

Noctámbulo fue publicada en 2010 por la editorial Idea y podríamos definirla como una novela de terror y policiaca donde los vampiros tiene un papel principal y definitorio. Miguel siempre se ha definido como una amante de la novela negra, así como del cine y la literatura de terror y de ahí que sus historias casi siempre beban de los dos manantiales.
Creo que es una novela que pude interesar a todos los lectores del género vampiro, aunque quizás los más puritanos le pusieran alguna pega a la definición que nos hace Miguel en su novela.
El autor desmitifica la imagen que tenemos de los vampiros al presentarnos uno fuera de cualquier esteriotipo conocido: le encantan los ajos, tiene reflejo en los espejos, no teme a los crucifijos, no le molesta la luz (al contrario, dice que le caliente la sangre), se asea, come con regularidad (y no solo sangre humana, aunque solo por costumbre), tiene sentimientos (sufre, padece); eso sí, la estaca funciona, pero lo que mejor funciona es la decapitación. En definitiva, un vampiro que tiene todo aquello que le negaron los autores clásicos.

Noctámbulo también es una oda a la soledad. Todos y cada uno de los personajes de la novela están solos y además, se sienten solos. Desde el vampiro Sable que tendrá el corazón dividido entre un amor terrenal y uno vampiro, quedándose él en medio de todo; al párroco Javier que siente a Dios muy lejos de él, a la forense Paula, más preocupado por su trabajo con por su vida personal.
 Miguel Aguerralde presentando Noctámbulo
Durante toda la novela queda claro que el escritor se ha documentado muy bien, como lo demuestran los párrafos explicativos (voz en off) de los orígenes del mito/leyenda/realidad de los vampiros. Pero creo que esa misma documentación le ha generado un problema con el ritmo de la novela al cortarlo con, en algunos casos, largas explicaciones documentadas. Creo que hubiera sido mejor la técnica del diálogo para hacer un tanto más rápida y entretenida la escena, y centrar las explicaciones en los personajes que son los realmente importantes y no la historia de sus antepasados.

También me ha faltado un poco más de química entre los personajes principales, lo he encontrado un tanto fríos y eso me ha pesado mucho mientras leía. Incluso en los momentos, vamos a llamarles crepusculares (en referencia a la película Crepúsculo), no me han llegado. Miguel lo tenía difícil de inicio, pues un vampiro, una forense y un cura, así de primeras, muy ardorosos no son, pero quizás añadiendo algo más de trama personal se podrían hacer más próximos.
Me he sentido muy alejado en todo momento de la novela, a demasiada distancia de los personajes con la consecuente no implicación emocional con el texto y un tanto de insatisfacción lectora. Y eso que al inicio de la novela me ha gustado la ambientación que nos describe, pero en cuanto el recurso del vampiro recibiendo un encargo para matar se ha repetido dos veces, mi intensidad ha bajado. Y lo peor, es que la escena se vuelve a repetir con todo el protocolo de ordenadores y teclas. Un bucle un tanto agotador para este lector.

Creo que lo más positivo de la novela es que sirvió a Miguel para darse a conocer, para foguearse con el público, para comenzar a crecer como escritor y llegar a publicar una novela como Última parada: la casa de muñecas y todas las que vendrán después. Y si nos atenemos a la maduración literaria del autor: tienen que ser de órdago.
En 2013, tendremos nuevas alegrías desde Lanzarote.


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