lunes, 11 de febrero de 2013

De los demonios de la mente de Javier Cosnava



Hoy os traigo una nueva colaboración con Cultura Hache.
 
Cuanto más leo a Javier Cosnava, más cuenta me doy de la fuerza de su palabra escrita, de la potencia de sus construcciones argumentales, del buen oficio de escritor que ejerce.
Es el tercer texto que disfruto de él, y cada uno de ellos tiene un formato diferente. En Legendarium II, relato, en 1936Z. La Guerra Civil zombi, novela, y en el libro que nos ocupa hoy, De los demonios de la mente, novela corta, y en todas ellas se defiende como el mejor. Ya estoy pensando en lo que me queda por conocer de este genial autor que está a punto de dar el salto internacional y poder así llegar a más público.

Pero aún y siendo formatos tan distintos todos tienen un punto en común: la historia. A Javier le gusta situar sus narraciones en un contexto histórico concreto y utilizar, como personajes secundarios, a celebres y conocido protagonista de nuestra historia y crear así su particular visión de los acontecimientos.

Me ha parecido de una honestidad soberbia el epílogo, donde el autor nos cuenta todas las licencias literarias que se ha tomado. Creo que en muchas obras haría falta que se explicaran dichas licencias y poner cada cual en su sitio para no llevar al error y sobre todo para poder evaluar la lógica novelesca en su ámbito más amplio.



Pero antes de seguir un apunte sobre el título. El nombre original de la novela es De los demonios de la mente, la angustia de nacer mujer y un puñado de guisantes y fue publicada por Dib buks en 2009. Creo que era importante remarcarlo, pues en ese enigmático título se esconde toda la argumentación de la novela como perfecto resumen.



Hablaba de los personajes famosos que salen en la novela. No podré hablaros de todos, ya que uno de ellos actuará como bomba de satisfacción final por ser inesperado, aunque mientras leía yo me iba preguntando: ¿dónde habré sentido/leído yo lo de “Pequeño propietario”? Javier nos tendrá en vilo hasta la última página y jugará con ese misterio durante gran parte de ella creando un perfecto catalizado emocional lector.

Del que si podemos hablar es de Gregor Mendel y su puñado de guisantes. Me ha parecido muy graciosa e ingeniosa la razón argumental de su aparición. Incluso ha provocado que me ponga a buscar en la red la certeza histórica de los hechos. Santa paciencia. Javier nos lo explica en el epílogo final, pero soy así: inquieto. Lo que tenía claro es que no tenía que buscar nada referente al “Pequeño propietario” para no desbaratar la sorpresa final. Os lo recomiendo así.



De los demonios de la mente es una narración dura, diría que muy dura en algunos momentos, y podría atragantársele a algún lector.

En ella podréis encontrar escenas de perturbador contenido donde se retrata la Europa de finales de S.XIX en la que las mujeres no eran ni un simple cero a la izquierda.

Mientras leía me preguntaba si era necesario leer esas escenas, que valor podrían tener dentro de la novela y si existía otra forma de contarlas. Me hacían daño y casi me obligaban a cerrar los ojos. Pero al acabar la lectura he entendido que eran necesarias para que el círculo argumental casara bien. El horror estaba por llegar.

Y por dar algún dato más, he llegado a pensar en el Marques de Sade y sus abominables escenas de sexo consideradas alta literatura en estos momentos.

Pero no podemos cerrar los ojos a la historia. No podemos correr un tupido velo y decir que no pasó nada. Creo que Javier escogió el momento histórico por varias razones, pero tengo claro que uno de ellas es la de denunciar lo que se hizo para que no vuelva a suceder.



Quizás el párrafo anterior os haga desistir de su lectura. Creo que sería un error. Javier consigue provocar sensaciones, sentimientos, generar conflictos morales. ¿No es eso algunas de las premisas que le pedimos a una novela?

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