jueves, 7 de febrero de 2013

El verano del comisario Ricciardi de Maurizio de Giovanni

Ha pasado casi un año desde que leí por primera vez a Maurizio de Giovanni y su, fuera de lo común, comisario Ricciardi. Era la segunda entrega de la saga, La primavera del Comisario Ricciardi, y recuerdo que por aquel entonces os dije que me había enganchado a su trama tranquila; a ese perfume que destilaba al maestro Andrea Camilleri a la hora de utilizar el humor negro; a los guiños a nuestro desaparecido Vázquez Montalbán al describir magníficos platos típicos de la región napolitana.
Casi nada a cambiado en esta tercera entrega titulada, El verano del comisario Ricciardi  (Lumen, 2013) (en Italia van por la sexta) y es por tanto un valor seguro para los que disfrutaron con las otras entregas.

Ricciardi es el hombre más solo que nunca puede estar solo. Sale a pasear para intentar calmar su estrés o sus impulsos amorosos (luego hablamos del tema), pero no puede hacerlo en silencio, en paz y tranquilidad al estar siempre rodeado de los cadáveres de los que han sido asesinados en las calles. Además, los oye murmurar sus últimas palabras antes de morir repitiéndose hasta el infinito.
Es una carga que cada vez se le hace más pesada y más cuando se le cruza el amor de por medio. La dudas y el miedo lo alejarán de aquello que desea, de aquello que ama y seguirá vagando en “solitario” por las calles napolitanas.

El verano del comisario Ricciardi se encuentra a caballo entre la novela negra y la policiaca a la que, y esta vez con más fuerza, se le unen diversos círculos amorosos, diferentes entre sí, dándonos una visión caleidoscópica de las relaciones amorosas. Quizás las más interesantes sean la del propio Ricciardi o la de su inseparable Maione.
El comisario se verá entre dos fuegos cruzados, uno despechado y el otro querido desde el anonimato. En el primero interviene Livia (os recuerda el nombre a Camilleri) que no puede soportar ser rechazada por un hombre e intentará por todos los medios hacerse con Ricciardi. En el segundo Enrica, a la que Ricciardi ama en secreto (la espía todas las noches por la ventana mientras cose). El problema es que Enrica también lo quiere a él, sin que ninguno de los dos lo sepa. Además, los padres de ella la quieren casar con otro sin que exista amor de por medio.
Y de Maione contaremos que se ha puesto a dieta, una dura y exigente dieta en medio del sofocante calor del verano (cuestión que se repetirá durante todo el relato. Por lo que parece el autor tenía miedo de que no nos enteráramos que aquel verano del 31 fue muy caluroso). Se sucederán escenas divertidas (al estilo Camilleri) que os podrán robar alguna que otra risa.

Otros aspectos a destacar, son los ecos que podréis leer perdidos por entre los capítulos. Es como si alguien hablara en sueños, o alguien que estuviera hablándole a las flores mientras las regar. He llegado a la conclusión que son pistas para resolver el caso antes de tiempo.

Y de nuevo, creo que me estoy volviendo un poco exigente con el tema de las páginas sin sentido, he vuelto a tener la sensación de que se me hacía larga. Por poner un ejemplo, recuerdo un momento que se pasa tres páginas hablando del viernes para nada, y junto en ese momento álgido en el que necesitas saber quién es el asesino, cortando el ritmo de forma exagerada. Creo que son aspectos que se deberían cuidar y no ponerlos de cara a la galería.

Y sobre el caso no os he contado nada. Esta vez tenéis varios sospechosos que seguir, algunos con más pinta de malos que otros, que pueden hacer las delicias de los lectores investigadores. Os encontraréis algunas sorpresas de por medio y un buen final.

Publicar un comentario