miércoles, 24 de abril de 2013

1222 de Anne Holt


Tengo sentimientos encontrados a la hora de afrontar esta reseña, pues no es una novela policial con el ritmo ni el enfoque a las que estoy acostumbrado a leer últimamente y no quisiera que eso me pesara en mi valoración final, aunque será difícil lograrlo.



Hasta el día de hoy no había leído nada de Anne Holt y por tanto no puedo opinar sobre si 1222 está dentro de su estilo o no lo está. A mí no me ha acabado de convencer. Le ha faltado algo de chispa durante gran parte de la novela. Pero, de qué me tengo que extraña si en la sinopsis indica que es un homenaje a Agatha Christie y sus Diez negritos.

Creo que ciertamente es un homenaje a las novelas policíacas de antaño, donde lo más importante era la resolución final con fuegos artificiales y en la que primaba la interacción de los personajes durante gran parte del libro sin que pudiéramos intuir una investigación en toda regla. 1222 tiene mucho de ello, además de estar enfocada como la mencionada Diez negritos: un grupo de personas encerradas en un hotel y sitiadas por una fuerte tormenta de nieve; comienzan las muertes; todos son sospechosos y las pistas son escasas. Pero se aleja de ella en su resolución y en la ejecución de las muertes, menos intensa que en la de la escritora inglesa.

Pienso que es una de esas novelas que encantarán a los románticos del género a los que les guste observar, a los que les guste seguir las pistas, hacer quinielas y cábalas para descubrir al asesino, como a la protagonista Hanne Wilhelmsen, retirada hace años del cuerpo policial al recibir un disparo que la ha dejado postrada en una silla de ruedas, y que desde si “privilegiado” sillón irá encajando las piezas de un difícil puzzle.



No he conseguido conectar con la protagonista. Creo que Anne la aleja bastante del lector al convertirla en una persona demasiado especial, con un carácter huraño, arisca, egoísta, siempre de mal humor, que no se deja tocar, y a la que le gusta muy poco intimar. Sí, quizás pueda ser la postura de alguien que se siente atrapado en una silla de ruedas y está enfadado con el mundo, pero también se le podría dar otro enfoque.



Tampoco he sabía conectar con los secundarios muy desdibujados en la trama y que van apareciendo como un recordatorio para que el lector esté atento y los pueda situar después, al estilo Agatha Christie, todos juntos en el salón para la resolución del caso. Tengo que decir que, el final es lo que más me ha interesado, saber el porqué y el quién, no me quedaba otra al no conectar con ninguno de los personajes.

Además, los personajes más intrigantes son los ocupantes del último vagón que estarán recluidos, por voluntad propia, en la planta superior del hotel y de los que sabréis muy poco. Se crea el suspense, el interrogante, pero…no se le saca todo el partido necesario.



Anne Holt parece un tanto indignado con la sociedad noruega, fue ministra de justicia noruega (1996-1997), al poder leerse retratos no muy halagüeños de los estratos sociales noruegos, aunque todo podría deberse a la percepción de su protagonista.

Tampoco deja escapar la oportunidad para criticar la política exterior antiterrorista de su país, al que la acusa de proteger a ciertos terroristas tras sus fronteras.

Y también no habla de los fanáticos religiosos y la manipulación que hacen estos de sus seguidores.



Llegados aquí os habréis dado cuenta que mi satisfacción no ha sido muy alta, pero no quiero dejar de recomendarla a los amantes y seguidores de Agatha Christie.


Si queréis saber más sobre la novela: AQUÍ


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