domingo, 7 de abril de 2013

Después del terremoto de Haruki Murakami


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No os contaré nada nuevo su os digo que soy un fan declarado de Haruki Murakami y que me ha gustado casi todo lo que se ha publicado hasta el momento es España. Tan solo le pondría una sombra: su anterior antología de relatos Sauce ciego, mujer dormida. Me costó entrar y eso que el propio autor avisaba que no era lo que mejor se le daba y que tenía un problema: no saber acabar los relatos. De ahí mis primeras reticencias a afrontar Después del terremoto (2013, Tusquets), pero he de deciros que me ha convencido y mucho.



Nos encontramos ante una antología de relatos muy especial, ya que es la reacción casi visceral del autor ante la magnitud de la tragedia del terremoto que asoló la ciudad japonesa de Kobe el 17 de enero de 1995. Duró apenas 20 segundos que fueron suficientes para que más de 6000 personas perdieran la vida en un país tan preparado contra los terremotos con lo es el japonés. Podríamos decir que Haruki Murakami vio claro que eso 20 segundos cambiaron la vida a muchas personas, y no solo las que murieron, sino las que lo sufrieron de forma directa o indirecta, como les sucede a muchos de los personajes de los seis relatos que componen la antología. Pues ese es el hilo conductor de todas y cada una de las historias: el terremoto; es el personaje protagonista, omnisciente. No os penséis que se tratan de relatos que dramatizan el horror de lo vivido, al contrario, son relatos donde el terremoto afecta de una forma más o menos directa a alguno de los personajes de las historias.

Terremoto de Kobe (17 enero 1995)

El autor nipón quiso hacer su pequeño homenaje a las victimas del seísmo y lo hizo de la mejor forma que sabía: contando historias que te hacen reflexionar sobre nuestro paso por la vida, sobre el amor, sobre la preparación para afrontar la muerte, sobre la huida, sobre el perdón.

Al contrario que en Sauce ciego, mujer dormida, la mayoría de relatos están bien acabados, con estructura clara y sin muchos fuegos artificiales que puedan enturbiar la visión del lector. Son historias cotidianas, bueno, todas no (está claro que Haruki no podía escribir una antología sin meter alguno de sus estrambóticos personajes cuasi oníricos).

La lectura se convierte en un suspiro. Una lectura de esas de tarde con lluvia tumbado en el sofá y con mantita por encima. Empiezas y no puedes dejar de leer hasta el final. Te deja con ganas de más.

Los relatos están a un nivel muy parecido. Todos pasan del notable. Me gustaría destacar dos de ellos, que creo están por encima de los demás:

Tailandia
Nos habla de la preparación para afrontar la muerte a ritmo de jazz, mezclado con rencor y odio. Una búsqueda del sentido de la vida que me ha cautivado. «Vivir y saber morir, tiene en cierto sentido un valor equivalente.»

La torta de miel
Un triangulo amoroso a los que Murakami nos tiene acostumbrados con una preciosa fábula de por medio. ¿Qué efectos puede causar el miedo en la gente? También un canto al continuar adelante superando esos miedos.

El resto de relatos son:

Un ovni aterriza en Kushiro
Te puedes dar cuenta que tu vida necesita un cambio, pero, «por muy lejos que viajes nunca podrás escapar de ti mismo.»

Paisaje con plancha
La muerte es una forma de vida. Un homenaje a Jack London y su Encenderás el fuego.

Todos los hijos de Dios bailan
El fuego como elemento purificador. Una curiosa versión de la concepción de Jesús. La búsqueda de los orígenes. Una crítica al fanatismo religioso.

Rana salva a Tokio
El relato excéntrico de la antología donde os encontraréis con una rana de 2 metros que salvará a Tokio de un terremoto.
Una metáfora de la defensa de la Tierra contra el odio que se acumula en ella provocado por el hombre. De nuevo el concepto de redención. «El auténtico terror es el que se siente hacia la propia imaginación. (Joseph Conrad)»

Creo que en el fondo de todos los relatos existe el espíritu del cambio. Se dice que ser murakaniano es tener la virtud de ver en una caída los motivos suficientes para volverse a levantar. Quizás sea bueno que en nuestras vidas acontezca un terremoto que nos haga frenar, reflexionar, y quién sabe si cambiar alguna de las cosas que vemos como cotidianas y que en realidad nos sesgan, sin que nos demos cuenta, nuestra felicidad.

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