viernes, 26 de abril de 2013

El niño, el viento y el miedo de Antón Castro



Ediciones Nalvay, una pequeña editorial aragonesa, sigue apostando por las novedades infantiles y juveniles para acercar a los más jóvenes interesantes lecturas, de esas que yo remarco que son para compartir en familia al lado de un fuego.

Hoy os quiero hablar de su última publicación: El niño, el viento y el miedo de Antón Castro y con unas magníficas ilustraciones a cargo de Javi Hernández. Y es que para Nalvay es tan importante el texto como la ilustración que la acompaña y que yo creo, es el valor añadido, aquello que se puede explicar a partir de la lectura e ir un poco más lejos en la trama.

Se podría decir que El niño, el viento y el miedo son un conjunto de narraciones que se podrían tratar como antología de relatos, ya que pueden funcionar independientemente, o como un todo, ya que todas tienen en común su localización, Baladouro, y su protagonista, Antón.

«Estas son las historias de un niño, Antón, de un pueblo, Baladouro, que quiere decir «valle de oro», y de sus vecinos. Y es la historia del miedo y el viento. Hablo de un tiempo no tan lejano, pero que puede parecer remoto. El misterio iba y venía por todas partes.»

Baladouro, aunque inventado, sabemos que se encuentra en Galicia, un enclave perfecto para desarrollar las mil y una historias ligadas con el miedo, y sobre todo, con su siniestro acompañante, el viento.
Todo pequeño pueblo guarda sus secretos, sus leyendas, sus historias, unas más creíbles que otras, pero que pueden activar la imaginación de los más jóvenes, como en el caso del protagonista Antón, que mediante esas historias va conociendo su pasado y va formando su presente.

El niño, el viento y el miedo es una lectura recomendada para mayores de doce años. Yo estoy de acuerdo con esa recomendación, pues puede ser difícil de seguir para los más peques por su trabajado lenguaje, con algunas expresiones que no es fácil que conozcan, aunque también puede ser una aventura para padres e hijos, y como no, un aprendizaje para los dos en ese acompañamiento que siempre animo a hacer.
Pero también puede ser una interesante lectura para preadolescentes y adolescentes que se enfrenten por primera vez a un texto donde el miedo está presente. Recomiendo una luz tenue (que permita leer, claro está) y si puede ser, en un día de viento. Creo que puede conmocionar a más de uno de nuestros jóvenes lectores.

Los miedos son, como el amor y el dolor, necesarios en el proceso de aprendizaje y justamente, como tal, son experiencias a las que estamos predestinados a vivir.
El miedo es bueno y se tiene que aprender a vivir. El miedo, el viento y el niño podría ser un pequeño ejercicio en ese sentido.

Tengo claro que Antón Castro quiere defender con su libro una tradición oral que se está perdiendo y que intenta salvaguardar mediante su escrito. Pienso que los cuentos que nos presentan son perfectos para contarlos en voz alta.

Y recordad: que muchos utilizan el miedo como arma para captar voluntades. Vivir el miedo nos puede hacer más fuertes y podremos tener más éxito para derrotarlos.

Publicar un comentario