martes, 7 de mayo de 2013

Las alas de la Esfinge de Andrea Camilleri


Corría el año 2005 cuando descubrí a Andrea Camilleri en un programa de televisión comarcal. Me quedé fascinado con la vitalidad de aquel hombre de 80 años, por aquel entonces, y prendado por su productividad y maravillado con su lúcida mente.

Fue entonces cuando me compré la primera novela de la serie Montalbano, La forma del agua; recuerdo perfectamente que era enero de 2005. Aquel mes, y de un tirón, me leí las diez primeras novelas de la serie en poco más de dos semanas. Consecuencia: brazo de atleta.



Hoy Andrea Camilleri sigue un poco menos lúcido a sus 87 años, pues según he podido leer, los primeros síntomas del Alzheimer le están atacando. Él es conciente de ello y de ahí que no quiera peder tiempo y sigue escribiendo nuevas aventuras de nuestro idolatrado Montalbano. Incluso ha comentado que tiene una última aventura guardada bajo llave y que tan solo se podrá publicar cuando él muera a modo de homenaje. A mí me parece sublime que un escritor nos quiera regalar la última aventura de su protagonista después de muerto. ¿Nos os lo parece a vosotros?



Me reencuentro con Andrea Camilleri con Las alas de la Esfinge, entrega #16 de la serie del comisario siciliano, después de un paréntesis y con la intención de seguir leyendo las otras entregas.

Supongo que se debe decir que se puede leer de forma independiente al resto, pero que es aconsejable comenzar por el principio ya que la mayoría de los personajes van saliendo en las otras entregas y se podría perder el hilo, sobre todo de los puntos cómicos de la novela.

Y es que la serie Montalbano es, además de una novela policiaca, una comedia en mayúscula. Estoy convencido que eso fue lo que me cautivó en su inicio. Los casos son más o menos complicados, pero la interactuación de los personajes es lo que le da vitalidad a la trama.



En esta entrega, más que nunca, nos damos cuenta que el comisario Salvo Montalbano está envejeciendo (al igual que su creador) y lo lleva muy mal. Las dudas existenciales le corroen por dentro: ¿Qué está haciendo con su vida? ¿Qué espera de su relación con Livia (su eterna novia)? El tiempo pasa, el se hace viejo y las cosas siguen igual o peor. Y cuando lo intenta solucionar, la cosa se puede liar más y hacernos, como no, sonreír.



Andrea Camilleri nos vuelve a hablar de la inmigración ilegal y la explotación que algunos desalmados hacen de ella. También nos hace partícipes de la gran mentira que existe en tono a dicha inmigración al mirar muchos a su derecha para no ver lo que tiene a su izquierda y más si con ello se gana unos euros.

Por suerte, Salvo Montalbano no se deja amilanar ni por mafiosos, ni por sus mediocres e incompetentes jefes, ni por sectas religiosas. El con su «depósito» lleno de espaguetis con almejas, un puñado de salmonetes y un buen vino, les hará frente con su acostumbrada astucia.



Si no conocéis al autor os lo recomiendo. De verdad, no os defraudará, y como veis, tenéis lectura para rato con el divertido comisario Montalbano.
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