miércoles, 5 de junio de 2013

El asesino dentro de mí de Jim Thompson



Las novedades nos tienen el tiempo comido y creo que, de vez en cuando, es bueno parar, mirar atrás y leer un clásico para saber de dónde venimos para saber dónde vamos.

La semana pasada leía en el twitter del escritor de la magnífica Respirar por la herida, Víctor del Árbol, que decía: «A punto de empezar El Asesino dentro de mí de Jim Thompson. Alguien me dijo que tenía que leer a Thompson y que entendería porqué se dice que soy escritor de novela negra. En ello estoy…» Y como no, la busqué y me apunté a leerla virtualmente de forma conjunta.
Que grande son las nuevas tecnologías que permiten hacer lecturas conjuntas con nuestros escritores favoritos. Es para volverse loco.

Los que me seguís sabéis que he explicado que a Víctor no le gustan las etiquetas y de gustarle, él siempre defiende que no escribe novela negra, que la etiqueta se le queda corta o no se le ajusta. Y la mayoría de sus lectores le dicen que sí, que escribe novela negra y algo más.
Después de leer a Thompson, y según parece, no su mejor novela, tengo que decir que entiendo un poco más a Víctor, y que el también creo que nos entiende un poco más a sus lectores cuando dijo al final de la lectura: «Terminada. Muy bueno, mucho mejor que una negra. Hay similitudes y otras no tanto.»
Jim Thompson ha sido un gran descubrimiento. Un autor que sabía que estaba ahí, pero al que no me había acercado nunca. Ahora no hay marcha atrás: deberé leerlo más.

«Hay muchas formas de morir pero solo una de estar muerto.»

El Asesino dentro de mí, escrita en 1952, inicia la colaboración de Jim Thompson con la editorial de bolsillo Lion Books para la que escribirá doce novelas más en dieciocho meses. Como podéis observar, son novelas cortas, directas, sin adornos, y donde casi siempre aparecen personajes perturbados por su pasado, con apuntes autobiográficos, como los recuerdos a la difícil relación con su padre o un sheriff adjunto que conoció cuando fue recorriendo Texas en su adolescencia de campo de vagabundos en campo de vagabundos.
Supongo que ese duro pasado marca su dura forma de escribir, sus diálogos a flor de piel, la violencia descrita o los múltiples asesinatos. El asesino dentro de mí no es ajeno a todo ello.

«Cuando ya me molestan demasiado, me limito a dar una vuelta y matar a algunas personas. […] Una vez hecho, ya me siento un poco mejor.»

El asesino dentro de mí está narrada en primera persona por Lou Ford un adjunto de sheriff que muchos creen un tonto del pueblo, pero del que casi todos desconocen que tiene cuentas que saldar con su pasado y que lleva años pensando en cómo cobrarlas.
El lector será un espectador de lujo al poder seguir toda la trama como si estuviera en la cabeza de Ford, como si fuera él. Eso hace que en algunos momentos nos sintamos incómodos, una de las grandezas de la novela, que remueve por dentro. En otros momentos nos sentiremos turbados ante las milimetradas escenas de sexo que tienen su importancia dentro de la trama.

El asesino dentro de mí es una novela intensa de principio a fin, de esas que no dejan respiro, de esas que tienes ganas de saber cómo acabara, pues Thompson no va llevando de la mano por una carretera cubierta de cadáveres y llena de curvas que sortear por Lou Ford, pues a cada paso que da la cosa se va complicado más y nosotros pensamos: «¿Cómo es posible que no lo atrapen?» Y es que Lou no es un tonto cualquiera; sabe lo que se hace.

Lou Ford es un personaje casi redondo. Podríamos decir que una especie de Jeckyll y Hyde. Son muy auténticas las reflexiones que nos regala en los entretiempos de la novela, así como el párrafo que nos habla de cómo se debe contar una historia.
Quizás los demás personajes no están tan bien dibujados. Quizás nos hubiera gustado saber alguna cosa más de ellos, pero también pienso que el formato no daba para mucho más.
Creo que me quedo con lo que he leído, así, rápido, directo, a la yugular.

Si le tuviera que poner una pega se lo podría al final. Creo que el final es correcto y que es el que es con todo su dramatismo, pero quizás lo he encontrado un tanto precipitado en sus últimas páginas. Me hubiera gustado disfrutarlo un poco más. Creo que no está a la altura de todos los buenos momentos que nos estaba dejando la novela y que sin ampliar el número de páginas, para no entrar en contradicción con el formato, se podría haber contado lo mismo, pero de otra forma.

Tendré que seguir indagando en la literatura de Jim Thompson. Creo que puedo aprender muchas cosas de él, a la vez que disfrutar con una buena lectura negra.


“Nunca puede uno estar seguro de nada. Vivimos en un mundo loco, muchacho, en una civilización muy peculiar. Los policías juegan a ladrones y los ladrones juegan a policías. Los políticos son predicadores y los predicadores son políticos. Los recaudadores de impuestos recaudan para su bolsillo. Los Malos quieren que tengamos más dinero y los Buenos luchan por impedírnoslo. No nos conviene, ¿comprendes? Si pudiéramos comer todo lo que quisiéramos, cagaríamos demasiado. Habría inflación en la industria de papel higiénico. Así es como yo lo veo…”




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