miércoles, 26 de junio de 2013

Legados de Javier Pellicer


Debo reconocerlo: he jugado bastante a rol, aunque no en el mundo de Aventuras en la Marca del Este y disfruté mucho de esas partidas que comienzas una tarde y se alargan hasta bien entrada la noche. Y apunto esto para que no peséis que soy una persona ajena a lo que se cuenta en Legados, la nueva novela de Javier Pellicer, y publicada por Ediciones Holocubierta.
De ahí que cuando recibí el encargo de Darío Vilas, alma de la web Cultura Hache, para leerla y reseñarla se me hiciera la boca agua por dos razones; la primera y más importante, seguir los pasos de un escritor que admiro; la segunda, ver como se puede plasmar una de esas partidas de tarde de mis años mozos sobre el papel.

Me emocioné cuando llegó a casa y dejé todo lo que tenía pendiente por leer para iniciarla cuanto antes mejor.
Me costó poco meterme en harina, ya conozco el ritmo de Javier, y eso que no conocía a los personajes (una ventaja que tendrán otros lectores), que fueron protagonistas de dos relatos que el autor publicó con anterioridad en la complicación Crónicas de la Marca del Este y que fueron germen de la historia.

Y cuando mejor me lo estaba pasando llegó el bajón. Habían pasado 138 páginas y empezaba a conectar con Bainis, uno de los protagonistas, incluso mis recuerdos de La Comunidad del Anillo me servían para seguir leyendo con ánimo, pero ver que en la 141 la historia volvía a comenzaba de cero, que el viaje se volvía a gestar de nuevo, pero con otros personajes, me rompió el ritmo por completo.
Es allí cuando empecé a preguntarme si yo era un lector para una novela como Legados. Mis alarmas comenzaron a sonar y mi miedo a no encontrar en el texto lo que Javier quería que encontrara me agobió un tanto. He de reconocerlo de nuevo: soy bastante responsable y un tanto exigente con mis lecturas y notaba que algo no iba bien.
A partir de entonces mi satisfacción y mi ánimo decayó muchos enteros, pero estoy convencido que no era culpa del texto, sino del lector que no era el adecuado, aunque quizás con otra estructura de alternancia de capítulos para ir conociendo a la par a los personajes de los dos grupos que iniciaban sendos viajes me hubiera entrado mejor.

Las aventuras se fueron sucediendo, los personajes se iban conociendo y trabando amistad; se van conociendo pequeños secretos, pequeños rincones con su propia historia. Javier nos sigue llevando de la mano por la Marca y nos va fotografiando lo más representativo de ella, y no lo hace mal, pero quizás en algunas ocasiones ha primado la imagen, la descripción por encima de las emociones y he ido conectando y desconectado sin remedio hasta llegar al final, con una buena resolución, pero con un mejor epílogo de esos que gustan, de esos que le dan la vuelta a la historia en una sola página.

Legados es una vuelta a los clásico, a los sencillo con dice Javier, a las historias de aventuras fantásticas épicas; un claro tributo a Tolkien; un tributo al mundo del rol, donde un grupo de aventureros tienen una misión y pasaran mil y una para intentar lograr su objetivo. Pero quién lo explica mejor es Javier en la nota del autor que cierra el libro. Creo que esa nota hizo que viera el conjunto de forma diferente una vez finalizada la lectura. Incluso pensé que si la hubiera leído antes mi satisfacción sería diferente. Tengo que aplaudir a Javier por si sinceridad al explicar como se gesto la novela y sobre todo por decir: «Debo reconocerlo: jamás he jugado una partida de rol.»
Javier afrontó la escritura de Legados como si de una novela histórica se tratara, documentándose, estudiando, informándose en las fuentes, y después de todo eso hizo la argumentación. Creo que hizo un gran trabajo al ser Legados una magnífica historia del rol, pero algo más que una historia de rol; al ser un gran viaje por las Tierras del Este y sus comarcas adyacentes. De ahí que no deje de recomendarla a los fans del juego, a los amantes del rol, a los lectores de fantasía épica, y como no, a los seguidores de Javier para no perderle la estela.

Quizás el subidón que me dio al leer su primera novela histórica, El espíritu del lince (Pàmies, 2012), no se ha producido aquí (ya ha quedado explicado), pero yo seguiré apostando y leyendo a Javier Pellicer.


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