jueves, 1 de agosto de 2013

Manda flores a mi entierro de Ricardo Bosque


«Todo parece indicar que Mercedes Samper, una acaudalada mujer, se ha suicidado para no tener que sufrir los últimos rigores de una enfermedad terminal. Así lo piensan todos sus familiares y la policía es de la misma opinión. Sin embargo, un inspector que en sus ratos libres se dedica a redondear su sueldo con investigaciones privadas, pronto descubre que hay un pequeño, mínimo detalle que rompe la armonía del conjunto…
Manda flores a mi entierro, una novela ambientada en la Zaragoza actual y en unos ambientes cotidianos, desprende el aroma propio de los clásicos policiacos: un individuo, contra todo lo establecido e incluso contra todo lo conveniente, se va introduciendo poco a poco en una historia que, levantadas las primeras capas que le dan un tono respetable y humano, acaba mostrando una realidad distinta y, al fondo de todo, un pasado cenagoso.»

Hacía tiempo que quería leer al zaragozano Ricardo Bosque básicamente por una razón: Ricardo es un hombre comprometido con el género negro y policial. Esta afirmación se apoya al visitar su blog La Balacera donde nos pone al día de todo lo relacionado con el género; su participación como editor de la revista digital Calibre 38 dedicada al género y por supuesto, sus twitters siempre interesantes (@ricardo_bosque) y la mayoría relacionados con el género, aunque también encontrados su compromiso con la denuncia.
Además, Ricardo, por lo que he seguido de él, tiene un humor negro de esos que hacen sonreír por debajo del bigote, cosa que he podido comprobar en su novela Manda flores a mi entierro, publicado en papel por primera vez en 2007 por Mira Editores y ahora reeditada en 2012, en versión digital y muy asequible, por LcLibros para suerte del género negro

«¿Es capaz una persona de matarse con la única finalidad de arruinar la vida de otra?»

Me encantan las novelas con inicio sorprendente, no presentadas como mesas de navidad, pero sí con un bonito mantel y una cubertería que se pueda romper; me gustan las novelas sencillas, sin estridencias, sin ganas de ser no se qué, pero que poco a poco, y sin saber muy bien como, te van enredando; no me gusta tener muchos invitados a la mesa, prefiero pocos, bien definidos, con ganas de hablar y sobre todo de escuchar; me gustan las cenas que van creciendo plato a plato, y que al contrario de lo que sucede en las saturadas en grasas, a medida que vas comiendo más, más ganas tienes de comer; me gustan los pequeños platos con ingredientes sencillos que van dejando marca en el paladar como la prosa sencilla, dinámica, sin subterfugios; no me gustan las cenas largas, esas que se van eternizando y donde sale la típica frase de «explícales cuando comimos caracoles con los dedos en…», y yo pienso: «a mí que cojones me importa donde comieron caracoles y con que los comieron.»; me gustan los maestros de ceremonias que saben escoger el vino adecuado para cada momento y que te lo redondean con un licor con corazón, con sabor, que deja huella en el subconsciente. Creo que después de esto a nadie se le escapa que, Manda flores a mi entierro, me ha gustado y que recomiendo su lectura a todos lo que gustan de una buena historia, no solo a los amantes del negro, sino a todos.

Antes he comentado que me gustan las novelas con pocos personajes, pero potentes. Creo que Ricardo lo ha sabido llevar a la practica y que lo ha bordado, pues con muy poquitos personajes ha tejido una historia muy potente, y lo que es mejor, ha creado un mundo en el que poder moverse en el futuro con nuevas historias; unos personajes cotidianos que bien podrían ser nuestros vecinos que consiguen que el lector se sienta cómodo y que hacen la novela más creíble si cabe.
No soy muy dado a explicar los personajes, y seguiré fiel a mis principios, pero si quiero remarcar el extraordinario papel de los secundarios en Manda flores a mi entierro. Y es que muchas veces nos fijamos en los principales y nos olvidamos del juego que dan esos secundarios que de otra forma dejarían la salsa sin ligar. Entre ellos quiero destacar al abuelo Sanromán. Fliparéis si os digo que me hacía pensar en Andrea Camilleri, o como mínimo en el Camilleri que mi subconsciente ha creado. Digamos que representa la parte de crítica social más palpable de la novela, y lo mejor, tiene gracia haciéndolo. Genial en la escena que tiene que ayudar a su hijo.

También me han gustado mucho las pequeñas pistas que va dejando el autor para que el lector vaya haciéndose su investigación paralela sin que tengamos que perder el culo con largos alegatos y autopsias insufribles. Son sencillas, como toda la novela, y sobre todo, son útiles para con la trama de la novela.
Y como no, las localizaciones, principalmente Zaragoza, y en esta novela Tarragona, lo que provoca una dulce descentralización de lo negro y criminal, una tendencia que creo está en crecimiento en los últimos años.

Manda flores a mi entierro es un pequeña novela negra y policial que se hace grande en la cabeza del lector y que ha conseguido que un servidor sea aún más fan de su autor.
Publicar un comentario