lunes, 19 de agosto de 2013

Suicidio a crédito de Ricardo Bosque

Tana Marqués, regente de una floristería en cuya trastienda lleva a cabo otro negocio algo más lucrativo y peligroso: «suicidar» gente (personaje con cuyo peculiar humor ya disfrutamos en la primera entrega de la serie: Manda flores a mi entierro), recibe un encargo en apariencia sencillo pero que, sin embargo, la llevará a inmiscuirse en un territorio salvaje: El mundo de la prensa rosa.
Irónica y desenfadada, incisiva y tierna, Suicidio a crédito combina una mirada cáustica sobre la realidad actual, centrada en este caso en el llamado «mundo del corazón», con un retrato exacto y cómplice de algunos personajes actuales de ese mundillo. Todo ello apoyado en una prosa ágil, agradable de leer y salpicada de efectos cómicos.





Después del buen sabor de boca que me dejó Manda flores a mi entierro decidí que no debía dejar pasar mucho tiempo para afrontar la segunda entrega que Ricardo Bosque le dedicaba a esa encantadora florista,Tana Márquez, y que lleva por título Suicidio a crédito, publicada por primera vez en 2009 por Mira Editores y reeditada en formato electrónico por LcLibros.com en 2013.

Ya me había avisado alguno de mis seguidores de twitter que encontraría a faltar a algunos de los personajes que tan buenos ratos me habían hecho pasar en la primera parte, pero no pensé que sería para tanto. Y es que el inspector Sanromán y el abuelo Sanromán tuvieron mucho peso en la anterior historia y ahora sus substitutos, a mi modo de ver, no llenan tanto como ellos dos. Ni Lorenzo, ayudante de Tana en la floristería y que conocimos en el primer capítulo de Manda flores a mi entierro de forma testimonial, ni la abuela de este, una especie de Florinda Chico al cuadrado, han tenido la misma fuerza que los anteriores, y eso que la abuela nos hace reír un rato, así como sacarnos de nuestras casillas.

Nos encontramos ante un buen planteamiento inicial y con una buena sintonía hasta que Tana tiene que viajar a Madrid para averiguar algunas cosas más sobre el caso que tiene entre manos. Es allí, en ese medio tiempo, donde la novela pierde un poco la tensión y se diluye en la constante crítica hacía los programas de telebasura aprovechando cualquier momento para robarnos una sonrisa. Y no estaría mal del todo sino fuera por eso, porque creo que se abusa de esos momentos irónicos que hacen que los personajes vayan de un lado para otro sin ton ni son y sin aportar mucho a la trama.
Después de ese medio tiempo, la novela remonta para tener un buen final y salvador de la media, con sorpresa incluida.

Todo ello no desmerece la creación de dichos personajes, pues nuevamente son de carne y hueso, naturales como la vida misma, creíbles, y Tana sigue manteniendo el tipo, pero no sus acompañantes de viaje, sobre todo la abuela que es para que la encierren, si se deja encerrar y la que provoca que esta novela tenga un nivel de humor mucho superior a su antecesora.

He leído que el propio autor definió la novela como rosa y criminal, cosa que le sienta como anillo al dedo. Para muestra del humor que destila la novela los nombres que Ricardo ha inventado para sus reporteros del corazón (seguro que os sonarán): Marta Platillo, Rosa Santana, Maite Zanzíbar,…
Creo que lo mejor que hace Ricardo es la novela es esa crítica descarada, descarnada, sin caretas del famoseo que colonizó hace años nuestras pantallas y que por decir cuatro chorradas, por vender las miserias ajenas, o sin ningún tipo de vergüenza, vender las propias, se lo van llevando caliente sin pegar un palo al agua.

Quizás esperaba encontrarme un poco más de Tana, quizás esperé algo más criminal y menos rosa, pero con todo, Suicidio a crédito sigue siendo una novela negra diferente,  y Ricardo un escritor que construye novela criminales con un sabor único. Por todo ello os quiero recomendar la lectura de sus novelas para que podáis compararlas con otras, para que podáis descubrir ese sabor único.
Yo seguiré leyendo las que me quedan y os seguiré informando al respecto.
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