miércoles, 9 de octubre de 2013

Memento mori de César Pérez Gellida

 SINOPSIS
Septiembre de 2010. Aquella mañana de domingo nada le hacía presagiar al inspector de homicidios de Valladolid Ramiro Sancho que acababa de dar comienzo una pesadilla que lo dejaría marcado para el resto de sus días. 

La investigación del asesinato de una joven ecuatoriana a la que le han mutilado los párpados y cuyo cuerpo han encontrado unos versos amenazantes, ocupa las primeras páginas de esta novela negra narrada con un dinámico y atrevido lenguaje cinematográfico. Sin embargo, el autor nos arrastra por un camino inesprado al describir los hechos desde la perspectiva del propio asesino: un sociópata narcisista influenciado por la música más actual y por las grandes obras de la literatura universal. 

La evolución frenética de los acontecimientos desemboca en la intervención de uno de los especialistas más reconocidos en el comportamiento de los asesinos en serie. Este complejo triángulo emocional, unido a la intriga que envuelve al siniestro cómplice del asesino, hace que Memento mori se convierta en un profundo thriller de acción con banda sonora que atrapará.




Memento mori de César Pérez Gellida es una novela policial que aporta algunos toques nuevos al genero, pero que de igual forma que los aporta, en cierta manera peca al abusar de ellos.
Considero que una novela del calado de Memento mori es un salto mortal para una opera prima, una novela arriesgada, de la que César sale victorioso con peros incluídos, pues creo que puede llegar a mucho público y de eso se trata (en términos generales). César tiene madera de escritor, de escritor de novela negra, de thriller, e incluso diría más, de novelas donde los sentimientos sean la parte fundamental del texto. En muchos momentos de Memento mori, César demuestra que se mueve como pez en el agua al escribir sobre sentimientos y que sabe manejar los tempos psicológicos, pero ojo, que nos sentimos bien, nos gustamos y luego, en mi opinión, pecamos. Control.

Debo decir que me impactó el primer capítulo por su violencia, por su desnudez humana, por su terror psicológico. Recuerdo que me froté las manos pensando que me lo iba a pasar en grande, y más sabiendo que el final era de órdago a la grande. Lo que no sabía es que por el medio la fuerza del texto se iba a perder.
Demasiada leña en ese primer capítulo y luego es difícil mantener el ritmo, el pulso, y eso que la investigación comienza muy bien, hasta que llegamos a las primeras canciones.

La novela tiene una banda sonora propia, que me ha encantado como música, pero no como literatura y eso que los primeros compases son de Bunbury y Love of Lesbian (Me amo, canción que tengo de tono del móvil, para que contaros más, ¿no?).
César utiliza el recurso de las letras de las canciones para explicarnos acciones, pero sobre todo para explicarnos estados de ánimos. A ver, que la idea es muy bonita, diría que romántica, pero cuando llevas tres, cuatro, cinco letras y el ritmo de la trama se va cortando (quizás es que soy un lector con poca paciencia), pues eso, que necesitaba que la argumentación se acelerara.
Me ha parecido de diez los títulos de los capítulos (y no sé si contarlo, pues el autor lo confirma al final del libro). Yo iba notando que me sonaban de algo, que los había leído antes,…,pero no voy a contar más.

Y llega el psicólogo al estilo Mentes criminales (yo considero que todavía es novedad encontrarlo en las novelas, pero al ritmo que va la cosa lo dejará de ser pronto). Creí que le iba a dar un punto mejor a la novela, pero no fue así, sobre todo por la larga clase magistral que no hace sobre psicología criminal, y que no está mal, pero se alarga demasiado para aportar poco (hombre, cultura psicológica sí, pero trama…). Es lo que decía de las buenas intenciones del escritor: música y psicología, pero controlada.
Por eso creo que puedo decir que veo una novela un tanto descompensada en ritmo; sobrepasada en páginas y machacona con algunos tics del autor (música y psicología). No sé si el editor pudo meter la tijera, pero hubiera sido de agradecer para el ritmo general algunas páginas menos (con las mismas intenciones).

No me quiero olvidar de comentar la descentralización de la novela, situada en Valladolid que le da un punto de descubrimiento a un lector como yo que le gusta viajar y que no ha estado nunca en dicha ciudad.

En definitiva, una novela que me ha entretenido bastante, con algunos claros oscuros en su ritmo, con una autor que se le ve con ganas de seguir dando guerra y de hacernos disfrutar con el género y del que muy pronto tendremos noticias al publicarme la continuación de Memento mori (dentro de la trilogía, benditas ellas), que lleva por título:  Dies rae y que supongo que leeré si tengo oportunidad.
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