jueves, 19 de diciembre de 2013

Esta noche arderá el cielo de Emilio Bueso

 SINOPSIS
La Trans-taiga es la carretera más larga y solitaria que puede recorrerse en el vasto norte canadiense: más de seiscientos kilómetros a través de un desierto boreal que mueren de pronto junto a un embalse abandonado. Un sitio que cruzar en moto, donde perderse con una mujer casada, acampar bajo la fosforescencia de la aurora y la lluvia de estrellas. Ése era en un principio el plan de Mac. Mac es un tipo que a veces necesita medicación y cuyos planes, a menudo, salen mal. Mac entiende de carburadores, de ataques de pánico y de y de rock and roll. De lo que no entiende Mac es de avionetas de contrabandistas en vuelo rasante, de armas biológicas y ancestrales secretos de los indios cree. Y va a tener que aprenderlo todo en una noche.




Siempre me han encantado las historias que van sobre islas abandonadas, supongo que me marcó mucho leer a Jules Verne y su Escuela de Robinsones cuando era joven, y tiendo a imaginarme en esas situaciones pensando que haría yo en ellas.
Y eso me pasó cuando leí la sinopsis de Esta noche arderá el cielo de Emilio Bueso y ese viaje por la Trans-taiga, una carretera de más de seiscientos kilómetros al norte de Canadá, semidesierta, como las islas, que nunca están desiertas del todo, y nos encontramos con sorpresas de por medio.

«Lo mío son las motos, no las personas. Si supiera cómo comportarme con la gente tendría una familia, pero yo sólo tengo un taller mecánico.»

Redención, expiación, perdón, vuelta a empezar. Quizás sea eso lo que llevó a Mac, el protagonista, junto a su, siempre amada Perla a realizar ese viaje que llevaban tiempo soñando. Un viaje hacía el nunca jamás, hacía el olvido, hacía las limpieza del alma, y porqué no decirlo, un viaje donde follar a gusto, y todo ello en medio de una de las mayores lluvias de estrellas que se ha conocido. ¿Os lo imagináis? Sin ningún tipo de contaminación lumínica, en el centro de la nada, con la persona amada, tumbados cogidos de la mano y viendo una grandiosa lluvia de estrellas.
Emilio sabe jugar con esos momentos y en la primera parte de la novela, la que a mí más me ha interesado, nos describe esos sentimientos encontrados de los personajes, esas imágenes boreales, esa soledad buscada que a mí tanto me chifla. Y se permite incluso momentos para el humor (Emilio tiene un gran sentido del humor al escribir) y nos va dejando regalitos por toda la novela que romperán un poco con lo que vendrá.
 
«Que alrededor de la Trans-taiga no hay civilización. En este sitio la oscuridad te ilumina.»

Y esa luz lo romperá todo y lo que era ya no será. Las reglas del juego cambiarán y la lucha contrarreloj por salvar la vida se iniciará de forma abrupta.

«Van a matarte precisamente cuando estaba a punto de follar, tras diez años de no comerse un rosco ni en sueños.»

Y es entonces cuando los saboreadores de las historias rompedoras se frotan las manos y comenzarán a disfrutar y recoger lo sembrado. Quizás a mí no me vaya tanto la marcha, pero reconozco que Emilio sabe escribirlo y nos lo hace vivir intensamente, tanto que puede llegar a perturbarte.

Y vaya sorpresa os llevaréis. Poco se puede contar. Me agarro a la sinopsis para decir que tiene que ver con armas biológicas, pero que no os podéis ni imaginar con que terribles máquinas de matar os toparéis.
Miedo.
Sudor.
Miedo.
Eso es lo que yo pensaba cuando leía. Eso es lo que me imaginaba que viviría yo en mi isla de la Trans-taiga.

«Este western boreal se ha terminado.

El mundo en un puño y, en el puño, el acelerador.»


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