jueves, 30 de enero de 2014

Muerte sin resurrección de Roberto Martínez Guzmán


 SINOPSIS
Una serie de asesinatos amenazan la tranquila ciudad de Ourense, sin aparentemente relación alguna entre ellos. Pero una señal de identidad de la asesina deja claro que se trata de la misma persona, Emma, una chica sumamente inteligente con un plan elaborado y un motivo que la lleva a actuar de esa forma. Eva, comisario de policía, es la encargada del caso. Así comienza una carrera contrarreloj para evitar más muertes.









Mucho se ha escrito sobre esta novela y es que ha sido y es, todo un fenómeno literario en el mundo de la autoedición.
Para celebrar las 20000 copias vendidas, que se dice pronto, aunque supongo que aquí se suman las gratuitas y las pagadas, pero siguen siendo muchas, Roberto colgó de forma gratuita Muerte sin resurrección y esta vez no dejé escapar la ocasión de bajármela y leerla del tirón, sin esperar a su turno. Quería quitarme el gusanillo y formarme mi propia opinión, ya que había leído múltiples reseñas, tantas buenas como malas y, como digo, tenía ganas de saber que la había llevado al éxito.

Y ahora tengo una opinión formada y creo que puedo decir que su éxito radica en la rapidez de la trama, en el abcd sin complicaciones, en no pedirle peras al olmo, en su longitud, corta, de las que gustan leer de una sentada, los enganches entre capítulos para captar la atención,...

No tengo tan claro que sea una novela genial como se ha dicho por activa y por pasiva (y oye, que la mía es una más). Creo que la novela está sobrevalorada al perdonarse algunas cuestiones, bastante importantes para mí, que hacen que la novela no sea redonda, y que por ser una autoedición han pasado a un segundo plano. Me gustaría leer reseñas de la misma novela si la hubiera publicado una de las grandes.
Y con ello no digo que no sea recomendable leerla, pues creo que sí merece la pena conocer a su autor y vigilarlo, pues sé lo complicado que es escribir una primera novela y más, ponerse delante del público a recibir su crítica.
Pero creo que no sería honesto no explicar, aunque sea por encima, algunas de esas cuestiones que me han hecho tambalear mi calificación.

La intencionalidad la tiene, y eso es importante, pero creo que adolece del meterse más en profundidad en el personaje de la asesina. A mí personalmente me hubiera gustado sentir alguna cosa más que la fría sensación de la muerte, una tras otra, con una facilidad inaudita, ante los ojos de unos policías un tanto torpes, por no decir de unos incompetentes, como en la escena de la vigilancia en la casa. Demasiado fácil parece matar a una persona.
Tampoco me ha quedado nada claro el cómo la asesina sabe con tanta seguridad quienes son ellos (y lo digo así para no generar spoiler). Me parece muy complicado conseguirlo cuando la Guardia Civil en su día no lo pudo hacer.
No me he creído lo que le sucede a la madre; creo que existen otros caminos más lógicos y menos desesperados.
Demasiados asesinatos quasi simétricos. Como digo al principio, me hubiera gustado mucho más escuchar el pensamiento de la asesina que la repetición de asesinatos que dejan, en muchos casos, a los hombres como tontos, y donde tiran dos tetas más que dos carretas. No sé, creo que la sociedad actual ha cambiado un poco, o me gustaría creerlo.
Y finalmente, le falta esa cocción a fuego lento, esas palabras bien seleccionadas que le dan el calor suficiente a la prosa y que la diferencian de otras novelas.

Con todo, sigo pensando que ha merecido la pena el viaje hasta tierras gallegas y que me quedo con el nombre de Roberto Martínez Guzmán por si en el futuro decide escribir otra novela negra. Estoy convencido que nos sorprenderá después del aluvión de reseñas que ha recibido, no lo olvidemos, su triunfadora Muerte sin resurrección.


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