jueves, 13 de marzo de 2014

Los signos del ocho de Enrique Ballesteros Fernández

 SINOPSIS
«—¿Y si sólo pudieses recordar los momentos de pasión? —¿Acaso merece la pena recordar otros?». Imagina que despiertas una mañana, sin saber cómo llegaste allí, en una playa hecha de silencios, que comienzan a invadir tu mente momentos que no sitúas en tu pasado, recuerdos eróticos. Piensa por un momento que estás envuelto en una trama de corrupción que hace peligrar tu propia vida. Los signos del ocho es una novela sobre la identidad, la libertad y el poder, un relato descarnado e irónico sobre personajes que devoran las tardes de una sociedad en crisis en rompeolas que se desvanecen. Personajes que encuentran en la naturaleza, el humor, la amistad o el sexo antídotos necesarios ante un mundo con dientes de piqueta y alma de convenio urbanístico, signos que les susurran que, como el ocho, son únicos, auténticos, irrepetibles, sorprendentes… Igual que un infinito que como tal se desconoce.



Tengo que reconocer que me ha costado mucho entrar en la novela y eso que las primeras páginas están escritas para enganchar al lector, pero después comienzan a sucederse situaciones un tanto extraña que no acababa de situar en un puzle que se hacía pedazos mientras leía. Llegados a la página 60 decidí dejar en pausa mi lectura para ver si reposándola un par de días la encaraba con otra perspectiva. Y fueron en esos días cuando leí una entrevista al autor de Los signos del ocho, Enrique Ballesteros Fernández, y comprobé que lo bueno estaba por llegar, que tenía que tener un poco de paciencia para que la trama explotara; una trama de intriga medioambiental con toques de fantásticos y regado de momentos oníricos.
Visto en perspectiva, casi se podría decir que el autor ha causado la sensación necesario en el lector, ya que la novela parte de la premisa de que tan solo recordamos los momentos de pasión y que tenemos una especie de amnesia tipo queso de gruyere, y de ahí que el lector sufra esos desvanecimientos argumentales sobre todo en esa primera parte.

Creo que la apuesta de Enrique es arriesgada, pero que consigue plasmar sus intenciones: denunciar la corrupción política, los chanchullos urbanísticos, la defensa medioambiental en general, pero la de la costa de Málaga en particular, y es ahí donde entra el título de la novela, la metáfora, que el autor explica con la siguiente frase:  Y esos signos son los que nos susurran que, igual que el ocho, todos somos únicos, irrepetibles, sorprendentes.

No sé si Enrique ha escrito poesía, tengo que suponer que sí, pues si prosa es poética, exquisita en algunos momentos, demasiado descriptiva para mí en otros, y todo ello conlleva ralentización en la trama y quizás esa falta de alegría que os explicaba al inicio. También creo que intenta que los diálogos sean demasiado reales, demasiado a salpicones en algunos casos o quizás tan solo sea ese puzle desmenuzado que nos intentaba mostrar para crear la ambientación.

Los signos del ocho es una novela para reflexionar sobre lo auténtico, sobre lo diversos, sobre la amistad, el amor, la libertad. ¿Por qué esa manía de homogeneizarlo todo? En los diverso está la riqueza, la grandeza. Y de nuevo unas palabras del autor que te golpean con fuerza: Decía Eric From en El miedo a la libertad que la gente hace lo que otros esperan y renuncian a ser lo que son y eso nos hace infelices. Nos da miedo a salirnos del rebaño pero merece la pena.

Os invito a pasear por la playa de los baños del Carmen de Málaga y ver atardecer en su rompeolas. Para ello, aquí tenéis sus PRIMERAS PÁGINAS
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