martes, 27 de mayo de 2014

Cuatro esquinitas tiene mi cama de Fernando Méndez

 SINOPSIS
¿Tú qué harías si de pronto un día se te aparece un tío muy atractivo diciendo que es un ángel y que quiere ayudarte a solucionar el mayor problema de tu vida? 

Lo que parece ser una día normal de trabajo en el cementerio se convierte para Lourdes —florista, separada y con una hija adolescente— en el comienzo de su nueva vida. Mientras se afana en colocar una corona de flores en una de las lápidas recibe la visita de Armand, un hombre que aparte de estar como un tren dice ser un ángel. Su misión: ofrecer a Lourdes la posibilidad de resarcirse de la mala gestión de sus vidas anteriores —principalmente de aquella en la que fue Cleopatra— y recuperar las cuatro esquinitas de su existencia, en especial, el amor de su hija. Comienza así un viaje astral de dos mil años que los llevará a Nueva York, al siglo I a.C., a Colonia, a la Ruta de la Seda, a Pompeya y a Egipto. Solo disponen de cuarenta y ocho horas para conseguirlo.


No es la primera vez que os comento que de vez en cuando me gusta leer novelas que en un principio parecen más relajadas, menos absorbentes como es el caso de Cuatro esquinitas tiene mi cama de Fernando Méndez.

Y sí, antes de que digáis nada, estoy de acuerdo que el título parece un tanto infantil y seguro que ha tirado a más de uno para atrás a la hora por decidirse a leer la novela, pero os he de decir que tiene una bonita explicación, y no, no me he puesto a pensar en un título alternativo.

Fue el año pasado cuando leí a David Safier y su Maldito Karma (prometo leer la siguiente en cuanto tenga un hueco) y recuerdo que me lo pasé pipa con la novela. Mientras leía la novela de Fernando he pensado en aquella lectura muchas veces. Para situaros os diría que sí, que algo se parecen, pero creo que Fernando no es tan mordaz, tan contundente en su humor. Tiene momentos buenos, pero se van descafeinando con la trama pseudohistórica (que oye, para lo que nos gustan los viajes en el tiempo tiene su gracia), pero como digo, no consigue, a mi entender, el mismo efecto que el alemán. No sé, he visto mucho más forzadas las situaciones en Cuatro esquinitas que en Maldito Karma y al final se me han hecho un tanto repetitivas, sin sorpresa.

La novela contiene bastantes momentos tipo moraleja, pero creo que el que más destaca es el de la reflexión sobre nuestros actos y las consecuencias que estos pueden acarrear ya no solo en el presente, sino en el futuro.

¿Por qué creo que merece la pena leer Cuatro esquinitas tiene mi cama después de los peros que le he puesto? Por su mensaje positivista (que tanta falta nos hace); por las risas que intenta provocarnos; por esos viajes en el tiempo; por su prosa ágil; por su letra grande (aunque podría ser más pequeña y el libro menos pesado (risas enlatadas)); por su promesa: «Lee este libro y sé feliz.»
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