miércoles, 25 de junio de 2014

14 de Jean Echenoz

 SINOPSIS
¿Cómo escribir sobre la Gran Guerra, la primera guerra «tecnológica» del siglo XX, y la puerta, también, a medio siglo de barbarie sin precedentes? Echenoz se enfrenta a un nuevo reto literario que supera con maestría. La certera pluma del escritor avanza junto a los soldados en sus largas jornadas de marcha por los países en guerra y acompaña a cuatro jóvenes de la Vendée, Anthime y sus amigos, en medio de una masa indiscernible de carne y metal, de proyectiles y muertos. Pero también nos cuenta la vida que continúa, lejos de las trincheras, a través de personajes como Blanche y su familia. Y todo ello sin renunciar a esa sutil ironía que caracteriza su escritura, condimento imprescindible de un relato apasionante. 



En agosto se cumplirán cien años del inicio de la que se denomina: la peor de las Guerras: La Primera Guerra Mundial, al estar a caballo entre la tecnología (primeros aviones) y lo antiguo (bayonetas, trincheras,...). Es por todo esto, y un poco por los cien años, que me animé a leer 14 de Jean Echenoz, pero un poco también llevado por la curiosidad de leer como en tan pocas páginas se podía enfocar toda una Guerra Mundial.

Me ha parecido ante todo un novela emocionante, y no por su ritmo, si no por lo que nos transmite y como lo transmite a partir de las historias de esos cinco amigos que podrían ser un magnífico ejemplo de lo que les sucedió a miles de personas que se vieron abocados, sin ellos pedirlo, en una estúpida, como lo son todas, guerra sin cuartel.
Pero también me ha parecido elegante al no hacer más leña de la que se debe para explicar el horror de la Guerra y haciendo partícipe al lector del frío de las trincheras, de los olores fétidos de las mismas, de la añoranza del hogar, del casi olvido del amor.
Pero Echenoz no se ha quedado en esas trincheras que tanto pueden dar de sí y ha jugado con imágenes de la cotidianidad, si podía existir, de la vida en los pueblos mostrándonos como unos y otros intentaban olvidar los disparos e intentaban labrarse un futuro lleno de esperanza.

Quizás otro punto a destacar es que Echenoz no le da la oportunidad a sus personajes de quejarse, de reflexionar, simplemente les da la opción de avanzar, de ver como sus ropas se van rompiendo al no ser de calidad (siempre existen mangantes en todos lados), de notar como sus mochilas cada vez pesan más ante la continua lluvia, como el frío se les cuelas por unas botas casi sin suela. El autor nos explica todo esto sin irse al sentimentalismo barato, sin estridencias, desde una efectiva sobriedad.

Fueron muchos los que me recomendaron la lectura de 14, la mayoría de ellos escritores que quedaron cautivados ante la prosa del francés. A todos ellos darles las gracias por haberme abiertos los ojos ante esta experiencia lectora.
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