lunes, 22 de septiembre de 2014

La útima noche en Tremore Beach de Mikel Santiago

 SINOPSIS
Un compositor que ha perdido la inspiración.

Una casa aislada en una playa irlandesa. 

Una noche de tormenta que puede cambiarlo todo. 

Peter Harper es un prestigioso compositor de bandas sonoras que, tras un traumático divorcio, se refugia en un rincón perdido de la costa de Irlanda para recuperar la inspiración. La casa de Tremore Beach, aislada en una enorme y solitaria playa, parece el lugar indicado para lograrlo. Todo parece perfecto… hasta que llega la noche de la gran tormenta. 


 


Muchas veces huyo de las novelas llamadas mediáticas o las que creo se convertirán en best-sellers o que lo son desde su concepción y estaba convencido que La última noche en Tremore Beach, la primera novela de Mikel Santiago, lo iba a ser básicamente porqué no se dejaba de hablar de ella en las redes sociales. Mi confirmación llegó con las primeras reseñas que la dejaban a la altura de las mejores novelas jamás escritas. Uff, distancia, una novela así me merece distancia.
Y lo intenté.
Intenté no leerla para no verme inmerso en esa bonanza mediática, pero no pude resistirme cuando escuché una entrevista que le hicieron al autor en RAC1. La entrevista fue de tal calidad que casi paro el coche en la primera librería que me viniera de paso para pedir mi dosis de la novela; como un yonki.

Ya había leído a Mikel Santiago, como la mayoría, en pequeño formato: Historia de un crimen perfecto, novela corta (relato largo) que rompió moldes en Amazon y que lo vio nacer para la gran masa; Noche de almas, de nuevo publicada en Amazon, de nuevo novela corta (relato largo) y que podríamos decir que se parece más al estilo de Tremore Beach. En los dos casos mi satisfacción fue excelente y es por ello que estaba muy atento a todo lo que se contaba sobre su primera novela en formato largo, pero como digo, la multitud me agobió en un inicio y preferí esperar.

Sigo diciendo que no es bueno, me tiro piedras sobre mi tejado, leer demasiadas reseñas sobre una novela, ya que de forma no consciente se van subiendo las expectativas sobre la lectura. Y además, si ya has leído al autor y te ha gustado, mucho peor.
Y mis expectativas hacia La última noche en Tremore Beach eran muy altas y de tan altas no se han cumplido.
No tengo ganas de polemizar. Siempre digo que os cuento lo que vivo en las lecturas y os debo de decir que, porque iba avisado que lo bueno eran las últimas cien páginas que si no, bueno, quizás es exagerar, pero si hubiera sido otro autor, si no lo hubiera escuchado en la entrevista, no sé, me faltó algo más durante esas doscientas-trescientas páginas (luego os lo explico).

La última noche en Tremore Beach tiene una construcción lenta, como no podía ser de otra forma si tenemos en cuenta el país dónde se desarrolla, Irlanda, y que la localización, una casita en una playa aislada casi del mundo y con una única pareja de vecinos al otro lado de la playa.
Mikel Santiago nos va dando pequeños sorbitos de argumentación, va construyendo lo que será un esperado final, sin prisa, sin sobresaltos, aunque quizás las escenas protagonizadas por el protagonista, Peter Harper, puedan ser las más movidas, pero después de la primera ya te sabes el truco y no impacta tanto.
No quiero que se mal interprete diciendo que la novela no es buena por su ritmo. Lo que os quiero decir es que a mí no me ha parecido que tenga un ritmo endiablado hasta llegar al final y que la novela debía tener dicho ritmo, ya que si no sería contraproducente con la localización.

Lo mejor de la novela: su localización. Todos, o casi todos, soñamos con vivir en una casita aislada del mundanal ruido en una playa idílica a la que acceder bajando cuatro escalones desde tu casa. Eso tira mucho, y más en Irlanda y rodeado por unos preciosos acantilados. Y si además a pocos kilómetros hay pequeño pueblo con un pub donde tomar unas pintas, escuchar buena música o charlar, que mejor. Eso es lo que ofrece La última noche en Tremore Beach y eso es lo que nos hace soñar y estar metidos en la novela, como hipnotizados.
Creo que toda la trama situada en otro lugar no llegaría a satisfacernos de la misma forma, estoy casi convencido.

El otro punto fuerte: el personaje central. Creo que no se estila mucho que el protagonista de un thriller sea un compositor de música. Al igual que pasa con los escritores, el juego de sentimientos y sensaciones es muy rico y Mikel Santiago lo sabe explotar. Nos gusta vivir las aventuras de un héroe de carne y hueso, una persona normal que lucha por su vida, por la de los suyos, por el amor; nos sentimos cómplices y esos nos mete en la novela.

Un toque de terror. No lo podemos negar, nos gusta que las novelas tengan ese ingrediente, pero sin pasarse en exceso. Y como ya pasaba en Noche de almas, Mikel Santiago sabe poner la sal y la pimienta justa a la novela para no asustar a los lectores, pero ponerlo en tensión.

¿Qué le retraigo a la novela? ¿Qué es aquello que menos me ha gustado?
Quizás lo poquito que íbamos sabiendo sobre la historia en sí, sobre el motivo de la novela.
Sí, estamos enganchados a Irlanda, a la playa, a la casita, al personaje, pero, ¿y el conflicto? Creo que se podría haber dado algo más de pescadito al lector y no dejarlo todo para una carta al final de la novela. Creo que se podría haber jugado más con el tema y hacer que el lector participara más con ese conflicto. No sé, a mí me hubiera gustado estar mucho más atento a eso.
También veo que el sonambulismo del protagonista es una buena excusa para armar la novela, pero es eso, la excusa, y durante muchas páginas pasa a ser el motivo.

Con todo, entiendo que la novela se esté vendiendo como lo está haciendo por esa combinación de elementos que antes os explicaba y que si compartís seguro que la lectura os satisfará.


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