lunes, 29 de septiembre de 2014

La verdad sobre el caso Harry Quebert de Joël Dicker

 SINOPSIS
Quién mató a Nola Kellergan es la gran incógnita a desvelar en este thriller incomparable cuya experiencia de lectura escapa a cualquier tentativa de descripción. Intentémoslo: una gran novela policiaca y romántica a tres tiempos −1975, 1998 y 2008− acerca del asesinato de una joven de quince años en la pequeña ciudad de Aurora, en New Hampshire. En 2008, Marcus Goldman, un joven escritor, visita a su mentor −Harry Quebert, autor de una aclamada novela−, y descubre que éste tuvo una relación secreta con Nola Kellergan. Poco después, Harry es arrestado, acusado de asesinato, al encontrarse el cadáver de Nola enterrado en su jardín. Marcus comienza a investigar y a escribir un libro sobre el caso. Mientras intenta demostrar la inocencia de Harry, una trama de secretos sale a la luz. La verdad sólo llega al final de un largo, intrincado y apasionante recorrido.


Este verano me he dedicado, como casi todos los veranos, a sacarle el polvo a novelas que tenía aparcadas en la estantería. El año pasado lo hice de forma más oficial al organizar El mes de las no-novedades, pero este año lo he hecho en silencio, tanto, que estamos en octubre y todavía estoy escribiendo algunas de las reseñas de esas lecturas como la de hoy.

«El paraíso de los escritores: es cuando el poder de escribir se vuelve contra uno. Ya no sabes si tus personajes existen sólo en tu cabeza o viven de verdad.»

La verdad sobre el caso Harry Quebert de Joël Dicker fue la triunfadora, en ventas, del verano pasado tras una gran campaña de marketing; no había lugar en España dónde se vendieran libros que no tuviera la novela en el aparador, incluso en sitios dónde no se vendían la tenían al lado de un pote de suavizante: «cómprela señora y verá que buen rato pasa lavando la ropa», parecía decir el vendedor. Su visualización fue brutal y su posicionamiento en internet más. No había publicación digital que no hablara de ella; al principio todos bien, dejándola por las nubes (nadie la había leído y se basaban en la nota editorial) y luego, poco a poco, comenzó la guerra.

«La responsabilidad del escritor es decir la verdad. Incluso si es difícil.»

Yo intenté quedarme al margen de ese fuego cruzado. Ya os he explicado muchas veces que cuando un libro tiene tanto detrás me gusta dejarle tiempo para leerlo sin la tormenta encima y así poder sentirlo más.
Y digo intenté porqué no resistí la tentación de leer muchas, muchísimas reseñas de la novela, tantas positivas como negativas. Hoy ya casi no recuerdo la argumentación de unos y de otros; de eso se trataba al dejar margen. Pero fue comenzar a leerla, dejar caer una de esas frases que me gustan en la red e iniciarse las hostilidades.
Entiendo que en el mundo editorial o mejor dicho entre los escritores y muchos lectores exista el rechazo o la oposición contra novelas como la de Dicker por el simple hecho de pensar que sin la cortina de humo del marketing ellas solas poco hubieran hecho. Y seguro que tienen razón. Son muy pocas las novelas que sin un aparato mediático detrás llegan a vender una burrada de libros (cada vez hablamos más de miles y no de millones como antaño). Pero también es cierto que son esas pequeñas, por su bajo apoyo mediático, genialidades la que más alegrías nos dan a los lectores, y por ellas nos convertimos en buscadores de tesoros, pero con ello, no deberíamos apartar novelas como La verdad del caso Harry Quebert, ya que ellas no tienen la culpa de venderse como se venden, o como mínimo deberíamos no hablar, sobre todo mal de ellas sin antes leerlas.

«La vida es como una carrera a pie. Siempre habrá gente más rápida o más lenta que usted. Todo lo que cuenta al final es la voluntad que ha puesto en recorrer el camino.»

Se puede criticar a la novela desde muchos puntos de vista como por ejemplo los continuos engaños que el escritor le va colando al lector rompiendo con la regla sagrada que el narrador debe saber lo mismo que el lector y por ello la etiqueten de novela mentirosa; quizás sí. También se podría decir que Harry Quebert es un personaje un tanto ñoño y que la novela está cuajada de ñoñería y miel; quizás sí. Y que la relación entre el escritor y la adolescente no es creíble; quizás sí. Y sobre todo que le sobran muchas páginas, que con la mitad la cosa se podría resolver de la misma forma y que cuando lees tienes la sensación de comenzar de nuevo (los engaños de los que hablaba antes); pues, quizás sí.
Y podría seguir con la lista.

«Escribir un libro es como amar a alguien: puede ser muy doloroso»

Entonces, ¿en qué quedamos?
Quedamos en que con todo, entiendo el porqué de las ventas, como entiendo que fuera número uno durante tanto tiempo y como lo son muchas novelas.
Tengo que reconocer que a mí me enganchó rápido. Supongo que provocado por esa fijación que tengo con las historias sobre escritores y más si sufren el síndrome de la página en blanco (creo que conozco a alguien que lo sufre). No sé, me gusta leer sobre el tema y de eso hay mucho en la novela de Dicker. También me gusta que me hagan reflexionar y en la novela existe varios momentos, pero en concreto un capítulo que habla de: «La importancia de saber caer» .
Ese capítulo nos regala una bonita reflexión sobre el valor de aceptar las críticas, sobre el valor de ser golpeado por lo seres queridos que tan solo buscan los mejor de uno; y es en ese caer, en ese aceptar donde se obra el milagro de la mejorar.
No todos sabemos caer; no todos caemos de la misma forma, incluso algunos buscan la forma de no caer.

«No se escribe un libro por escribir. Se escribe un libro para darle sentido a la vida»

Reconozco que si no me hubieran regalado el libro casi seguro que no lo hubiera leído por todo lo expuesto al principio, pero que una vez leído no considero que mi tiempo se haya perdido y que con bastante probabilidad volvería a leer otra novela de Joël Dicker.
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