lunes, 22 de diciembre de 2014

Perdimos la luz de los viejos días de Isaac Belmar

 SINOPSIS
Ella se marchó, así empiezan las historias que merecen contarse. Se marchó de la mano de la enfermedad dejando solo a un hombre pequeño, al que no le queda nada excepto vengarse de la vida que se la arrebató. O al menos, de los que la hicieron sufrir a ella. Pero ese hombre pequeño nunca se vengó de nadie, ni levantó la voz, ni robó nada cuando era crío. Así que busca a quienes sí son capaces de hacerlo, a un extraño Papa que reina en un agujero de la ciudad llamado las Cien Puertas, con sus secuaces tatuados y llenos de pendientes de oro. También encontrará en ese camino a un extraño asesor, que le guía en todos los pasos de su contrato de venganza. 

Y como siempre en su vida, las cosas no salen bien. Ella empieza a aparecerse en sueños y él va perdiendo la cordura. Además, algo raro le ha sucedido al mundo, ha perdido la luz que tenía. Así que ese hombre pequeño tendrá que averiguar qué pasa en realidad, mientras intenta escapar de sus tratos con el diablo.

Hace unos meses os hablaba de la finalista del III Premio Oscar Wilde de novela breve 2014, August. Pecado mortal de David J. Skinner y os comenté que me había dejado un buen gusto de boca.
Hoy os hablaré de Perdimos la luz de los viejos días de Isaac Belmar una de las novela que quedaron accesit de dicho premio, que sea dicho de paso, me encanta por eso de premiar novela en formato breve de las que sabéis soy fan. Lo dejo caer: muchos más premios se tendrían que convocar en este formato, muchas más editoriales con Ediciones Irreverentes se tendrían que poner detrás de dichos premios para potenciarlos y de paso provocar la confianza necesaria para que los escritores pudieran ver en el formato literario una salida para su trabajo, dedicarle esfuerzo y con ello hacer que el abanico literario siga creciendo.  



La frase anterior podría ser un perfecto resumen de lo que os encontraréis en esta magnífica lectura. Una novela que habla desde las entrañas del vacío que suponen una gran pérdida y de la locura que ello puede provocar.
Me ha gustado mucho como el autor no involucra en la historia, como nos hace partícipes de ese dolor, y una vez iniciado el camino de la venganza queramos aconsejar al pobre desesperado, desquiciado, depresivo, protagonista principal.

«Crecer es darse cuenta de cómo funciona la vida.»

Pero será la propia desaparecida la que ejercerá esa función e Isaac Belmar lo hace con elegancia. Digo esto porque no soy muy amigo de lo onírico, pero en esta novela no se podría hacer de otra forma al ser la locura, el desgarro interior, uno más de los personajes de la novela.

«Los sueños son parientes de la vida, unos cabrones a los que tampoco importas.»

Si antes una frase podría ser un perfecto resumen de la novela, ahora lo es una imagen. Cuanto tenemos que agradecerles a los ilustradores. Y en este caso por ese hombre pequeño que se adentrar en un laberinto, el de la locura tras la pérdida, el de la venganza en mayúsculas, pues no se vengará de algo en concreto o contra alguien concreto, lo hará con la vida misma.
Y si a una imagen la acompañamos de un título genial: se cierra el círculo. Que musicalidad, que magia tiene escondido dentro de él.

Isaac Belmar no ha escrito una novela fácil, ni de argumentación, ni de trama, ni de lectura. Con ello no quiero decir que sea difícil leerla. Lo que quiero decir es que los pilares de dicha novela son de aquellos que cuestan tocar, que muchos quisiéramos bordear, dejar de lado; son de esos que te hacen levantarte de la cama por las noches y deambular por la casa. Se tiene que agradecer que un autor lo haga por nosotros y que lo podamos disfrutar.

«Ya nadie quiere escuchar y supongo que por eso ya nadie quiere leer.»

Pero la novela tiene mucho más.
Se nota que Isaac Belmar es un hombre de nuestro tiempo preocupado por lo que ve a su alrededor y aprovecha la novela para hablamos por ejemplo de la desaparición de los libros. ¿Será real, será simplemente una hipótesis absurda?
Otro ejemplo podría ser la crítica abierta a los libros de autoayuda. Se percibe de forma clara que al valenciano no le hacen mucha gracia ni su contenido, ni su utilización.
Y otro punto que siempre me gusta es cuando nos hablan del fin del mundo, de ese apocalipsis que parece tan lejano y que muchas veces viendo las noticias parecemos bordear.

«Me convertí en uno de esos estafados a los que dijeron que perseguir sus sueños bastaba.»

Me ha encantado que el protagonista principal no tenga nombre, pues hace mucho más fácil identificarse con él, como antes comentaba, pero también me ha gustado porque me ha recordado al personaje principal de mi única novela escrita hasta el momento, Bajo el eucalipto (2007) donde, al igual que Isaac Belmar, decidí no ponerle nombre un poco como él para que la tristeza, la amargura, la desesperación fuera más influyente.

Creo que ha quedado claro mi satisfacción al respecto de la novela y mi invitación a que os adentréis en ese laberinto para, quizás, ayudar a ese hombre pequeño.

Si os ha gustado o interesado


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